21 enero, 2020

Revista feminista y popular

Notas

7 julio, 2017

No hay Justicia Social sin Igualdad de género

Por Gonzalo Josué Fernández

El presente artículo se centrará en poder vislumbrar las formas en que se hace visible (o no) la violencia de género en la sociedad y como componente negativamente complementario de la misma analizare la producción constante de desigualdad social, entendiendo que no hay justicia social sin igualdad de género.

Atribuyo a poder plasmar en situaciones/acciones concretas que dentro del plano de lo social, cultural, político y simbólico se generan desigualdades sociales mediante las diferenciaciones de género. Comprender los procesos por el cual en un sistema patriarcal se intensifican las formas de violencia y desigualdades es poder, a su vez, interpelar nuestras prácticas cotidianas.

Considero necesario el debate reflexivo sobre nuestras acciones que compone nuestra cotidianeidad para poder pensar nuevos horizontes en relación a reducir las brechas de desigualdad entre hombres y mujeres. Para analizar primeramente la interrelación que existe entre estos conceptos fuertemente teóricos-conceptuales comenzare dilucidando algunos de los mismos.

El primer concepto fuerte para analizar es el de Desigualdad Social, entendiendo que se produce por medio de personas, grupos, instituciones, hasta por el mismo Estado, donde se pierde la noción del otro como sujeto de derecho, se incrementa la perdida de lazos sociales, produciendo una desintegración de modalidades de vidas y fragmentación de los entramados sociales.

En relación a la violencia de género en términos de desigualdad, podemos considerar que, al generarse una situación de violencia contra una mujer, primeramente, se quebranta la idea de sujeto de derecho, esto significa que el hombre, fuertemente atravesado por un sistema patriarcal que avanza constantemente configura una noción propia de la mujer como objeto.

A su vez, cuando hablamos de violencia de género es indudable no pensar en la perdida de lazos sociales, expresado en los vínculos de la mujer que se plasma en el aislamiento hacia su familia, círculo de amigos, trabajo o estudio y que se llevan a cabo por medio de violencia recibida de diversas dimensiones: violencia física/psicológica, verbal, económica, etc.

La noción de perdida de lazos sociales apunta a la desarticulación de las tramas sociales y de la iniciación de un proceso de des-cohesión y desintegración de la mujer de los ámbitos y/o lugares que concurría. Estas situaciones, sin dudas, son formas de violencias expresadas de diversas índoles hacia la mujer y que generan un avance constante de las desigualdades sociales entre el hombre y la mujer.

Violencia discursiva y mundo laboral como desigualdad social

En cuanto a la relación que existe entre la violencia de género y el mundo laboral es mayormente creciente las desigualdades sociales y es, a su vez, un problema fuertemente invisibilizado. Las mujeres sufren constantemente violencia de género en ámbitos laborales, la noción de los discursos preestablecidos en la sociedad se reproduce con mayor fuerza en el mundo laboral. Las desigualdades sociales se pueden presentar de diversas formas, pero es importante poder reflexionar sobre una cuestión en particular que son los discursos que se forman, fortalecen y que son fuertemente machistas especialmente en el mundo laboral.

Me centro en los discursos porque considero que mediante la producción y reproducción de los mismos en la sociedad y en contra de las mujeres es una forma de generar desigualdad. Vale aclarar que son discursos machistas que están impregnados por generaciones no solamente en el mundo laboral, sino que también en una gran diversificación de entidades sociales, como lo son nuestros núcleos familiares, institucionales, etc. Algunos de los discursos que están preestablecidos en el mundo del trabajo son, por ejemplo: que la mujer “no está preparada” o “no está capacitada” para acceder a un puesto de gran responsabilidad.

La negación a la mujer a acceder a puestos laborales jerárquicos que solo pueden ser “otorgados” a hombres, es una forma de violencia de genero frecuente, y que aumentan las desigualdades sociales. Si analizamos los patrones por los cuáles dichos discursos se establecen y se reproducen, se obtiene una falsa hipótesis: “solos los hombres están preparados y capacitados para ocupar lugares jerárquicos en el mundo del trabajo”. Para el sistema y pensamiento patriarcal y machista, la mujer por su condición de ser mujer no posee accesibilidad a puestos de trabajo jerárquicos, es lo que se denomina Techo de Cristal, a las limitaciones que se les atribuyen a las mujeres al ascenso laboral.

Entendemos que solo una parte menor de las mujeres acceden a puestos de mayor relevancia, visualizamos a través de la historia mundial y nacional que tuvimos (y tenemos) mujeres que paulatinamente están ocupando puestos de gran importancia, no solo en el ámbito del trabajo privado y público, sino que, a su vez, en puestos políticos y sociales de gran jerarquización.

Otros de los discursos existentes es que “el hombre debe trabajar y las mujeres se ocupan del hogar”, en esta situación se vuelve a repetir la noción de que la mujer no posee una accesibilidad al mundo laboral y que por el hecho de ser mujer debe ocuparse del hogar/de la casa.

En relación a este análisis, es importante poder analizar la cuestión de inserción laboral que poseen las mujeres, en tal caso, las dificultades para acceder al mundo laboral es una forma de desigualdad social. En este último discurso se visualiza la violencia económica sufrida por las mujeres, donde se expresa la dominación del hombre mediante lo monetario y económico, donde  principalmente se genera una pérdida de autonomía de la mujer

Contribuciones conceptuales en la generación de Justicia Social e igualdad social

El interrogante que se presenta es ¿cómo generamos una intensificación de la justicia social y la igualdad social hacia las mujeres en relación al incremento de su autonomía en diversos ámbitos sociales, económicos, culturales, políticos y laborales? Dentro de las Ciencias Sociales atribuimos a diversos conceptos que mediante su análisis y relación pertinente podamos implementarlos para una mejor comprensión de nuestra realidad social.

Primeramente, posicionarnos desde la noción de sujetos de derechos, las mujeres poseen el derecho de poder participar activamente de todos los ámbitos anteriormente mencionados. Debemos generar una democratización del mundo laboral, esto conlleva a repensar la participación de las mujeres en el mundo del trabajo, que desde el accionar del Estado pueda tener la iniciativa de generar políticas que apunten a la igualdad social, desde el acceso a cupos laborales, la disminución de la brecha salarial, donde los trabajos no remunerados pueden serlo, generar políticas donde haya capacitaciones para las mujeres y romper con el techo de cristal existente.

Debemos romper con las construcciones morales que les otorgan a las mujeres y que se impregnan en los discursos tales como “la mujer es sagrada”,” la mujer debe ser madre”. Romper con los discursos preestablecidos es comenzar a interpelarnos nuestras prácticas cotidianas, sabiendo que no debemos reproducirlos ya que solo generaríamos una intensificación de las desigualdades sociales. Pensar la justicia social desde la igualdad social es un tema pendiente dentro de la agenda pública estatal, pero que mediante nuestras acciones cotidianas podemos generar una igualdad social hacia las mujeres.

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