23 enero, 2020

Revista feminista y popular

Notas

15 mayo, 2017

La menstruación como factor de desigualdad económica

Por Daniela Zarza

La menstruación, ese fenómeno fisiológico que está presente día a día para millones de mujeres, constituye aún hoy en pleno 2017 un tema tabú. Algo de lo que no se habla y por lo tanto, algo que se naturaliza y permanece como un asunto perteneciente al ámbito privado de la vida de las mujeres. Pero… ¿qué tan privado puede ser un tema que nos atraviesa a todas, en una sociedad con profundas desigualdades?

Todas menstruamos. Mujeres pobres, ricas, con o sin hijos, profesionales o desempleadas, en situación de calle, estudiantes, jefas de familia, adolescentes. Pero frente a este hecho tan frecuente y cotidiano, se esconden injusticias concretas, profundizadas por la desinformación que tiene consecuencias directas sobre el acceso a derechos de las mujeres. Sobre todo las mujeres de bajos recursos.

Existen diversas legislaciones tanto universales como nacionales, que establecen que las niñas, adolescentes y mujeres tenemos derecho al acceso a la salud, a la educación, a no ser discriminadas, a vivir en igualdad y a que se respete nuestra dignidad. Por mencionar solo algunas, la Convención para la Eliminación de todas las Formas de Discriminación contra la Mujer, la Convención Interamericana para Prevenir, Sancionar y Erradicar la Violencia contra la Mujer y  la Convención sobre los Derechos de los Niños. Aun así, vivimos en una sociedad en donde las mujeres percibimos un 27% menos de ingresos que los varones, tenemos mayores tasas de precarización laboral (más de un tercio de las trabajadoras ocupadas está en negro), tenemos mayores niveles de desempleo (incluso las mujeres jóvenes más que duplican el nivel de desempleo promedio de la población de 9%), tenemos doble jornada laboral contabilizando  las tareas de cuidado no remuneradas que recaen principalmente en las mujeres y niñas y somos más pobres.

En este marco se vuelve necesario que los Estados brinden alguna respuesta frente a un fenómeno que atravesamos únicamente mujeres y niñas y que innegablemente afecta nuestra economía. Según datos de marzo de 2017 para Buenos Aires, quienes menstrúan gastan hoy entre $700 y $1200 pesos al año en gestionar su período. Si le agregamos que las mujeres menstruamos aproximadamente 40 años de nuestra vida y que la situación se agrava seriamente para las mujeres más pobres (entre $ 700 y $ 1200 equivale casi al monto de una Asignación Universal por Hijo) se vuelve imprescindible para que dejemos de ser discriminadas, que los gastos en menstruación no constituyan un factor de desigualdad económica.

Hace unas semanas la diputada nacional Victoria Donda (Libres del Sur) presentó en el Congreso de la Nación dos proyectos de ley en los cuales se establece, por un lado, la provisión gratuita de elementos para la gestión menstrual y por otro, la exención del IVA para estos productos. Éstos se suman a otras cuatro propuestas parlamentarias que fueron impulsadas desde el lanzamiento de la campaña llamada #MenstruAcción el 8 de marzo de este año.

El primer proyecto exige la provisión gratuita de los productos de gestión menstrual (toallitas, tampones, paños absorbentes lavables, copa menstrual, etc.) en ámbitos educativos de gestión pública, de salud pública, de reclusión de personas y redes de alojamiento diurno y/o nocturno para gente en situación de calle. El segundo sostiene la eliminación del IVA de estos productos que según los cálculos que se expusieron durante la presentación de los proyectos representaría el 0,03% de la recaudación anual. Aunque en términos macroeconómicos es ínfimo, a nivel micro es muy significativo. El tercero, que se encuentra pendiente, demanda que se financie investigación, se produzcan datos estadísticos sobre el tema y que exista acceso a la información para que las que menstrúan puedan elegir métodos de gestión menstrual así como la formulación e implementación de políticas públicas.

Los movimientos de mujeres hemos logrado a costa de luchas incansables, instalar en la sociedad diversos temas como el derecho al aborto, la violencia de género, la brecha salarial o la desigualdad en cuanto al trabajo no remunerado. Es hora de que hablemos de menstruación, de que dejemos de pensar a la menstruación como un fenómeno privado y que pueda constituir una reivindicación más en contra de la desigualdad económica, educativa y sanitaria que padecemos.

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