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29 marzo, 2017

¡ACÁ ME TIENEN!

Por Esthefanie Cosar Almonacid

Otra noche ha finalizado y las sábanas tienen ese gastado olor a sudor. No debería ser juzgada por la sociedad, en un mundo donde la desocupación crece, donde el hambre hace estragos y donde las drogas son tu mejor amigx. Alquilar tu cuerpo debería ser una normativa mas, pero por decisión personal.

No voy a negarlo, yo decidí este camino. A veces me pregunto si realmente fui quien lo decidió o si las pocas oportunidades y el abandono de aquella persona en la que confíe me llevaron a tomar una decisión como ésta. Del otro lado existe un nadie, como yo, como muchos. Olvidados por el estado, por la sociedad. Somos ese decorado horrible que está en tu casa y ahí seguimos. Nadie nos tiende una mano y los que lo hacen es para saborearte un rato.

 

¡Mil pesos la hora! ¡Mi hijo necesita comer! Ya he olvidado lo que se sienten las verdaderas caricias. Médicos profesores y hasta intendentes han pasado a tocar, algunos me han lastimado por dentro, otros se olvidan que soy una persona.

Cuando tenía nueve años las últimas palabras que oí de mi vieja fueron «la vida no es fácil, pero vos sos una niña tan fuerte que vas a lograr superar cada obstáculo que se te aparezca». A la semana comprendí todo, de instituto a instituto aprendí que el cuerpo no es algo valioso pero lo podes explotar y a veces no es tan así.

Te toman a la fuerza y sin aviso se apoderan de una, como si la vida no fuera tan dura te exigen que te guste. Nunca tuve un orgasmo, en realidad no se lo que es, me contaron mis compañeras de trabajo que es una sensación tan placentera que ¡pucha! es la única que vale la pena sentir en esa hora de infierno.

Otra vez se hizo de noche, hay compañeras que cambiamos de turno, las personas no buscan sexo solo de noche y se tuvo que optar por agregar otro turno laboral.

Cada vez menos ropa, tacos altos, mucho maquillaje para tapar los golpes de la vida, otras le llaman ojeras y cicatrices. Por último un saco que tape todo el disfraz. A veces me drogo. No espero que les agrade leer eso pero lo hago para ser Beatriz, ser Carla, ser Jessica, ser Ludmila. Me convierto en tantas personas que olvido quien soy o simplemente quiero olvidar quien soy.

Y ahí voy apoyada sobre la pared de una esquina, y ya no importa si es viejo, joven, casado o de menor edad. El mundo te exige que gaste y para eso primero hay que ganar todo lo que se pueda y en un campo tan competitivo y en donde los años pesan cada vez más, ya no elegís, aunque en realidad no elegiste. El hambre no te hace pensar, vas, buscando la manera de sobrevivir a un mundo que no te abre ninguna puerta, diría un mundo donde te cierran las puertas, aunque para eso primero tendrían que abrirte alguna, pero en mi experiencia jamás ocurrió.

Algunxs pensaran que es un camino fácil. Ocho clientes en un una jornada y ganas el doble que una ama de casa. Todxs se olvidan del proceso mecanizado y la tortura permanente de un cliente tras otro, y con suerte podes conseguir un cliente tras otro. Y ahí estamos nuevamente olvidadxs, somos extraños que no quieren ser vistos porque arruinamos el panorama y prefiero no mirar cuando ellxs, los que no quieren ver son parte de este infierno en vida.

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