14 diciembre, 2019

Revista feminista y popular

Notas

7 octubre, 2019

Barrios Libres de Violencias

Por Natalia Massa

La Diplomatura Barrios Libres de Violencias es organizada desde el área de feminismo popular de la Universidad Popular Barrios de Pie, que se estructura en tres unidades:

Unidad 1: Conceptos básicos de los estudios de género

Unidad 2: El territorio como construcción social

Unidad 3: Investigación Acción Participativa

Nos propusimos abordar un tema de gran preocupación para el colectivo feminista: la inseguridad que afecta a las mujeres, diversidades y disidencias que habitan los barrios de la CABA y el Conurbano Bonaerense, como consecuencia de las violencias que sufren diariamente en el espacio público.

La Unidad 1 abarcó los conceptos de sistema sexo-género, estereotipos, tipos de violencias, patriarcado, ciclo de la violencia, diversidad sexogenérica. En la Unidad 2 se trabajó sobre aspectos referidos al análisis territorial y el Derecho a la Ciudad desde la perspectiva de la Geografía de género y el Urbanismo feminista.

Mediante la exposición dialogada y en una modalidad de aula-taller, reflexionamos con más de cincuenta compañerxs acerca de cómo vivimos la ciudad, qué sentimientos nos provoca transitarla, qué actividades realizamos en ella y de qué manera sus formas y sus símbolos reproducen las desigualdades sociales y territoriales, diferencias que, desde una mirada interseccional, se ven agudizadas al ser atravesadas por la edad, la situación económica, la situación de migrante, el color de piel, y por supuesto, el género.

De lo “normal” a lo “patriarcal”

Durante el transcurso de los encuentros hubo tres conceptos sobre los que fue necesario trabajar fuertemente y en reiteradas ocasiones:

✔ mito de la ciudad neutral

✔ división sexual del trabajo

✔ inseguridad desde la perspectiva de género

Pudimos observar que algunas ideas estaban muy arraigadas en el sentido común, hecho que nos llevó a modificar el plan de clases y a reflexionar con las estudiantes sobre los motivos por los que algunas “verdades” socialmente construidas son tan resistentes a ser problematizadas, y más aún, a resignificarse.

Los tres conceptos comparten un rasgo en común: su “naturalización”. La consideración de que un lugar, una actividad o un comportamiento es “normal” o “natural” nos aleja de la posibilidad de ponerlo en tensión y repensarlo como una construcción social, que es consecuencia de luchas de poder, y cuyo resultado beneficia a algunos actores sociales y perjudica a otros. En este sentido, conversamos acerca del rol de los medios de comunicación y la crianza de lxs hijxs como creadores de realidades.

En base a lo anterior, se empezó a cuestionar durante el taller aquello considerado “normal” para comprenderlo como “patriarcal”.

Nos referiremos brevemente a estos tres ejes que sustentan teóricamente la propuesta de la Diplomatura:

✔ El mito de la ciudad neutral

Cuando se piensa en los elementos de la ciudad en la que vivimos, sus edificios, sus señales de tránsito, el tamaño de las veredas, etc., predominan las imágenes de lo que observamos cotidianamente, y poco a poco, vamos naturalizando esas formas y pensándolas como “normales”, lo que nos conduce a concebir el espacio urbano como imparcial, es decir, como un conjunto de elementos materiales y simbólicos  que no favorece a ningún grupo en particular. Esa neutralidad supone que todxs tenemos las mismas posibilidades de ejercer nuestro Derecho a la Ciudad.

Sin embargo, basta con preguntarse si las mujeres, diversidades y disidencias viven la ciudad de la misma forma que los varones para comprender que la manera en que se utiliza, se disfruta y se participa en la construcción de la ciudad está condicionada por el género.

En este sentido, no podemos pensar que la ciudad contempla las necesidades de la diversidad de personas que la habitan, y esto es así, porque el Derecho a la Ciudad (de usarla, disfrutarla, y sobre todo, de planificarla) ha sido ejercido por una sola clase de habitante: masculino, adulto y de clase media-alta. A lo largo de la historia, la planificación urbana ha estado a cargo de los hombres, pero los resultados de su perspectiva se han tomado como universales. Como consecuencia de ello, el espacio urbano reproduce las desigualdades de género.

✔ La división sexual del trabajo: espacio público y espacio privado

La división sexual del trabajo hace referencia a la asignación de tareas en función del género biológico. En base a lo anterior, se asignan diferentes roles: al género femenino se le asignan tareas reproductivas (cuidado de hijos, de personas mayores, de hermanos, tareas del hogar, etc.), mientras que el género masculino se ocupa de las tareas productivas (trabajo remunerado).

Esta división de tareas supone también un uso diferenciado del espacio basado en los lugares donde se llevan a cabo esas actividades, las tareas reproductivas se desarrollan principalmente en el espacio privado (la casa) y las tareas productivas en el espacio público (la calle).

Los roles de género, determinan en gran medida las actividades que realizamos en nuestra vida cotidiana, la manera en que vivimos y cómo nos desplazamos en la ciudad. Por eso, mientras que los hombres tienen, generalmente, desplazamientos lineales, individuales, en transporte privado, y un mayor uso del espacio público; la vida cotidiana de las mujeres posee características diferentes: por lo general se realizan desplazamientos de proximidad, con familiares a cargo, donde se realizan varias paradas; son las principales usuarias del transporte público, y por último, predomina una percepción de inseguridad en el espacio público que limita las actividades cotidianas, y la vida social fuera del espacio privado.

✔ El concepto de inseguridad desde la perspectiva de género

La percepción de inseguridad tiene referentes y significados distintos para hombres y mujeres, y determina, en gran medida, cómo las mujeres viven el territorio.

La mayoría de las medidas gubernamentales en relación a la prevención y el control de los hechos de inseguridad en la vía pública se enfocan en tipos de violencia asociadas al crimen o al delito, pero desde la perspectiva de género, la inseguridad se entiende de una manera más global. Además de aquellas violencias contempladas en el código penal, que en general se relacionan con el daño físico o material, y el robo de las pertenencias, la inseguridad desde la perspectiva de género considera otras violencias, como el acoso callejero, las agresiones verbales y la violencia simbólica o institucional. Estas últimas, no suelen ser denunciadas y por ello quedan invisibilizadas en las estadísticas oficiales, sin embargo, forman parte de nuestra vida cotidiana y limitan, en gran medida, nuestro Derecho a la Ciudad.

El proyecto de Investigación Acción Participativa

La Unidad 3 de la Diplomatura consiste en llevar a cabo un proyecto de Investigación Acción Participativa, que tiene como objetivo conocer las percepciones de inseguridad de las mujeres, diversidades y disidencias.

En esta etapa se enseñan las técnicas, herramientas e instrumentos de recolección que se utilizarán en el trabajo de campo, en territorio específicos definidos, y que posteriormente se complementará con el análisis de los datos obtenidos.

Queremos relevar la percepción de inseguridad en los barrios haciendo foco en aquellas violencias invisibilizadas en las estadísticas y las políticas públicas, como pueden ser el acoso callejero, el abuso, la persecución, el manoseo, los gestos obscenos, el acorralamiento, etc.; que día a día van perpetuando desigualdades en el uso, el disfrute y la construcción del espacio que habitamos.

Nos proponemos poner en valor el conocimiento que las mujeres, diversidades y disidencias poseen acerca de su territorio, generando propuestas concretas desde las experiencias situadas de sus propixs protagonistxs.

La perspectiva pedagógica

La dinámica de las clases se realiza desde la concepción del aula-taller, entendida como una actividad pedagógica que tiene como eje central la participación de todos los protagonistas del proceso de enseñanza y de aprendizaje. Esta actividad pedagógica encuadra la participación de la clase, organizándola como herramienta de aprendizaje para potencializar la creatividad de lxs estudiantes, disminuir los riesgos de la dispersión y, al mismo tiempo, conservar la espontaneidad de lxs estudiantes. El aula-taller se constituye en ámbito de una relación entre docente y estudiante, mutuamente modificante, abierta al cambio, que acepta el error e integra la teoría y la práctica.

Además, se realizó una evaluación al finalizar cada unidad, entendiendo que la evaluación forma parte de la acción educativa y es una instancia más del proceso de aprendizaje. En las consignas de evaluación se buscó que lxs estudiantes pongan en práctica los contenidos a través de ejemplos concretos y cotidianos.

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