14 octubre, 2019

Revista feminista y popular

Opinión

1 octubre, 2019

“¿Quí ti gistin mis, lis himbris i lis mijiris?”

Por Agustina Arrigorria

Ni histericxs ni confundidxs. La bisexualidad es una práctica a veces desdeñada o cuestionada desde el mismo colectivo LGTBIQ.

El lunes pasado, 23 de octubre, fue el día de la visibilidad bisexual y como todos los días en que la visibilidad se erige como una práctica política, no nos limitamos simplemente a mostrar o poner ante los ojos, sino a exponer para poder desarrollar la mirada empática y comprensiva que no siempre tiene el simple ver.

La bisexualidad puede definirse como la atracción sexual o romántica tanto hacia personas del mismo género como otros. Esta modesta pero concisa definición intenta esclarecer algunos aspectos:

1. Dicha orientación sexual, al igual que el resto, se define en términos románticos y/o sexuales, no necesariamente ambos. Es suficiente con sentir inclinación romántica o sexual de este tipo para hablar de bisexualidad, de no cumplir con ambos aspectos de la definición no hay ninguna incompletitud teórica o identitaria.

2. Dicha orientación sexual no es necesariamente binaria: “gustar del mismo o de otros géneros” incluye todas las identidades de género posibles, aunque no necesariamente. Es decir, es suficiente con gustar del propio género y otro más para considerarse bisexual. Y justamente es por la ausencia de necesidad que existen categorías diferentes para nombrar la bisexualidad y la pansexualidad, aunque la bisexualidad en sentido amplio puede ser sinónimo de pansexualidad y la pansexualidad puede ser una forma de bisexualidad.

El diccionario y las aclaraciones terminológicas no son más que una forma esclarecedora para iniciar un diálogo interminable, las etiquetas no siempre definen a las personas y menos aún cuando son asignadas externamente. La sexualidad de una persona puede ser expuesta y visibilizada por prácticas cotidianas o días conmemorativos como el de hoy, pero de ningún modo puede ser asignada forzadamente por una sociedad que cree encasillar los besos y el amor bajo rótulos en los que lxs protagonistas no se sienten representadxs.

Hablemos de bifobia: no solo la cisheteronorma invisibiliza, reduce y discrimina la bisexualidad. Muchas de estas agresiones provienen frecuentemente del ambiente LGBTIQ.

La idea de fase como reducción de la identidad a una transitoriedad, la idea de transición como momento pasajero o incompletitud que necesariamente debe ser superado en pos de un estado de completitud, o la idea de confusión como estado anímico y mental turbado que debe ser superado en pos de una definición estricta por fuera de la bisexualidad misma es discriminación. Lxs bisexuales no atravesamos una fase o un momento, no somos indecisxs por no limitarnos a gustar de un solo género. No nos sentimos incompletxs por no estar con todxs a la vez, no somos histéricxs. No somos menos bisexuales cuando estamos en pareja con una persona de determinada identidad y no de otra, y tampoco somos menos bisexuales cuando no solemos estar con todo el espectro genérico de personas que nos gustan. No somos personas necesariamente promiscuas o infieles y no queremos ser fetichizadxs por la cultura patriarcal por el peso de los prejuicios que caen sobre nosotrxs.

“¿Quí ti gistin mis, lis himbris i lis mijiris?” No existe una respuesta cerrada a esta pregunta ya que cada persona define (o no) qué género le gusta más, si es que alguno le gusta más que otro. La inclinación o preferencia por algún género en particular no la vuelve menos bisexual, en pos de ser más gay o más heterosexual. La bisexualidad no es el intermedio de dos posturas, es una elección real y tiene tanto peso ontológico como cualquier otra identidad.

Es lamentable que dentro de la misma comunidad gay se expresen posiciones bifóbicas, como las que tuve el desagrado de leer durante la semana pasada: lesbianas con cocarda de oro que consideran que las bisexuales son histéricas, machos que no tendrían una pareja bisexual porque para ellas sólo queda relegada la mirada fetichizada y la propuesta de trío, lxs pansexuales que creen que la bisexualidad es necesariamente binaria y no debería existir (como si de repente fuéramos el arbitrio de lo que debe existir o no), lxs nobinaries que entienden la misma bisexualidad como bifóbica por no expresarse universalmente en favor de la unificación del deseo. Es necesario trabajar en la visibilidad, el diálogo y la erradicación de la violencia y la segregación en nuestra propia comunidad, que ya bastantes golpes recibe del patriarcado, no reproduzcamos tal normatividad.

¿Qué es lo que tanto molesta de la bisexualidad? En un mundo de crecientes inseguridades donde todo debe ser nombrado y clasificado, es quizás esta amplitud semiótica y ontológica lo que molesta de la bisexualidad. La bisexualidad es esquiva, indefinible e imposible de encasillar bajo etiquetas polares. Es el ámbito del “entre” lo que asusta, como argumenta Derrida en su lógica del fantasma o la deconstrucción; son las fisuras a la totalidad y la indecibilidad a las oposiciones binarias lo que se constituye como un ejercicio de deconstrucción mismo, ya que el ámbito del “entre” es lo que nunca puede ser apropiado.
Inapropiables pero visibles. Bisexuales, en nuestro día, ¡unámonos!

Foto: Huffington Post

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