17 agosto, 2019

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18 julio, 2019

El rol del hombre cishetero en el feminismo

Por Flor Cape

Para quienes nos sentimos incluídxs dentro de la corriente feminista, sabemos bien que el rol del hombre cishétero dentro de la misma es un tema controversial, con numerosas posturas tomadas. No es válido definir qué es lo que está bien o mal en este contexto, los criterios son muy diversos y algunas líneas muy delgadas.

Aun así, me animo a escribir este artículo porque un día, sin pensarlo mucho, siento que me cayó la ficha. Sinceramente, durante mucho tiempo no le dediqué reflexión a este tema específico, tenía algunas ideas y algunas posturas definidas, pero no llegaba nunca a una conclusión, que un día apareció en mi cabeza y se instaló, y de la cual pude formal finalmente una idea concreta.

En un principio, me alegré de los cambios o decostrucciones que se iban dando en los hombres cishétero que forman parte de mis vínculos afectivos; ver cómo cambiaban sus maneras de ver las cosas y de actuar al respecto, qué hábitos dejaban de lado con fuerte autocrítica. Pero no, no es ese su rol. Más adelante le sumaron un poco más de compromiso, haciendo más visibles sus comportamientos. Pero no, tampoco es ese. El verdadero rol del hombre cishétero en el feminismo es el de enfrentar, y con el énfasis que sea necesario, a sus amigos cishétero.

Ahí fue cuando me di cuenta de que todo ese feminismo fuerte que tenían los hombres a mí alrededor no dejaba de estar bueno, pero era, por así decirlo, un feminismo fácil. Las que nos identificamos con esta corriente y tenemos cierto grado de compromiso, nos resulta muy familiar, y hasta creo que es un denominador común, que nos digan “adelante tuyo no se puede decir nada” o que nos traten de pesadas, pero ¿eso de dónde viene? Eso viene de ponerle la cara, el cuerpo y las palabras a lo que defendemos. De enfrentar ya sea a amigxs, xadres, hermanxs, abuelxs, compañerxs. De no dejar pasar una, desde un comentario, una palabra, o una postura. Lo hacemos porque estamos comprometidas, porque sabemos que eso genera cambio, porque no nos quedamos más calladas, porque no nos perdonamos a nosotras mismas no contestar. Pero es común en los hombres cishéteros hacer oídos sordos a comentarios y acciones de sus amigos, por estar naturalizadas dentro de ese ámbito. Y así, se evade el enfrentamiento del cual deriva esa conveniente estigmatización sobre nosotras de que “a las feministas no se les puede hablar”.

Y ahí me choqué de frente con mi conclusión, con este término de “feminismo fácil”. Sí, hombre cishétero, valoro tu decostrucción, valoro que respetes la lucha feminista, que lo apliques en tus acciones, pero no, no voy a aceptar que te sientas parte hasta que no empieces a parar carros. No, no sirve que en el grupo de whatsapp hagas oídos sordos al machismo que abunda, no contestar roza lo cobarde. No contestar da lugar a que siga pasando. No contestar avala la continuación de la existencia de espacios donde los comentarios, formas y acciones patriarcales sigan estando naturalizados. Ahí está su rol, ahí está su oportunidad de hacer el cambio. Ahí, cuando le digas a tu amigo que eso no va, que eso no te gusta, que está desubicado, que no lo vas a bancar en esa, que tal o cual cosa es machista, misógina, violenta o abusiva, ahí vas a estar cumpliendo tu rol. Ahí, cuando no te perdones a vos mismo no contestar. Y sí, vas a discutir y debatir incansablemente, y tal vez en un momento te digan “no se te puede decir nada”, y ahí vas a entender que todavía te faltaba (y falta) un montón.

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