12 noviembre, 2019

Revista feminista y popular

Relatos

10 julio, 2019

PODER

Por Priscila Acosta

A lo largo de la vida pasamos por diferentes etapas en las que nos significan o modifican más la interpretación de unos roles que de otros. Todo el tiempo, en todos los ámbitos, interpretamos roles que nos hacen ver de una forma, pero a la vez, que nos constituyen. Somos. En ese “ser” en infinitivo, vamos “siendo” en gerundio, lo que implica que necesariamente no hay una estructura cerrada que nos condicione “para siempre” en nuestros modos de accionar en la vida.
Quienes portamos una conciencia social específica sobre el mundo, no podemos evitar ver cómo impactan los actos más pequeños en el todo, que a la vez es tan grande. Tratamos, en ese ser, en ese rol, constituirnos del mejor modo posible para nosotres y para les demás. Sin embargo, esa “conciencia social específica” no deja de estar teñida, formada y producida en contextos que muchas veces no elegimos y en otras, ni siquiera deseamos. Entonces, ¿en dónde está el límite de mi incidencia en ese todo y en dónde el todo me incide a mí? ¿Es posible hacer esa distinción? ¿Yo soy yo, soy los demás o soy la suma de las miradas de los demás y lo que proyecto como deseo de lo que quiero que los otros perciban de mí? ¿O soy autónoma, libre? ¿O soy autónoma, condicionada? ¿O soy libre, condicionada? ¿O soy todo esto junto?
Deconstruir no es sinónimo de destruir, aunque a veces se le parece. Deconstruir es desarmar, es desandar los caminos recorridos para entender la incidencia del todo en mí y tratar de dejar lo mejor de mí en el todo. No existen procesos perfectos, ni personas perfectas. Ni siquiera modelos perfectos que nos lleven a una –casi utópica- igualdad de oportunidades en este mundo hostil para –casi- todas las criaturas que no sean humanas, blancas, preferentemente varones de preferentemente no más de 45/50 años, de preferentemente clase media/media alta/alta (que es, casualmente, el sector al que apunta la publicidad y propaganda masiva: sector ABC de la pirámide social). ¿Por qué? Y esa es una de las grandes preguntas que tratamos de responder, para entonces sí modificar algo de esto que nos consume. ¿Vamos a estar siempre de acuerdo? No. ¿Vamos a tratar de transformar desde el mismo lugar? Tampoco. Sí es probable que compartamos que el modo de hacer en la cotidianidad, la forma de entender las relaciones humanas y de la humanidad con el entorno, pueden modificar lo grande a través de cambiar la relación con lo pequeño: yo te trato bien, de igual a igual, trato de comprenderte en TU especificidad, independientemente de lo que a mí me haya tocado vivir. Luego, entiendo mi propia interpretación ahora sí a partir de lo que me tocó vivir y trato de comprender por qué ciertas expresiones me inquietan, me conmueven, me lastiman, me hacen bien. En ese comprender vamos eligiendo cómo ser cada vez humanos y humanas más concientes. No sé si el resultado es mejor, pero al menos es un resultado que va a estar mediado por decisiones autónomas y un poco más reales.
¿Cómo dejamos que este mundo llegue a ser este mundo? A través de la historia entrelazada. Cada momento impactó en el presente, pero también en el modo de percibir y apropiarse del pasado, lo que conlleva consecuencias a futuro. ¿Cómo entendemos que estemos acá, con un mundo en su mayoría pobre, en donde el 1% de la población tiene el 90% de los recursos económicos acumulados? Tal vez sentimos que la historia no nos pertenece y que el poder se ejerce desde las esferas de conducción política de los países, pero no: el poder se ejerce en cada pequeño acto de la cotidianidad en la que tomamos decisiones y esas son las que pueden incidir en modificar el todo.
Nuestros roles en la vida cotidiana están cargados de poder y en esas interpretaciones, que vemos que pueden ser conscientes, es en donde también está la clave de la construcción del ser. Podemos ser, entonces, con amor, sin proyectar nuestros deseos en las acciones de las demás personas, entendiendo qué de la mirada nos interpela y nos modifica y por qué esa modificación es tan dolorosa. La perfección no existe y apoyar la cabeza en un hombro y llorar un ratito por dolor, pero también por sanación, puede resultar liberador.

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