21 noviembre, 2019

Revista feminista y popular

Notas

7 mayo, 2019

100 Evitas

Por Juliana Szerdi

Evita es amada, admirada y recordada por su historia de vida, sus discursos, su acción social. Por eso mismo también ha sido odiada y despreciada con vehemencia por parte de las clases altas. Sin duda, Evita es una mujer que marcó enormes surcos en nuestra historia. Llevó adelante políticas destinadas a promover la dignidad de las personas más empobrecidas. Acumuló una cantidad enorme de obras, las cuales muchas siguen en pie actualmente –aunque devaluadas, como el Hogar Escuela de Ezeiza-; como así también derechos sociales, que fueron ejemplo para posteriores gobiernos; y además nos dejó un relato, un sentido de pertinencia, una posición ideológica: siempre con lxs más humildes.

Entre todas las iniciativas que Evita emprendió, una de las más trascendentales fue el Decálogo de la Ancianidad que proclamó el 28 de agosto de 1948. Allí dejó sentados derechos pilares para las personas mayores: el derecho a la asistencia, que estipulaba que la familia debía garantizar la protección integral y de no poder ser así el Estado debía hacerse cargo; el derecho a la vivienda, señalando que debían tener “comodidades hogareñas” e higiénicas; el derecho a la alimentación, considerando el estado físico de cada persona y de forma saludable; el derecho al vestido, aclarando que sea “decoroso y apropiado al clima”; el derecho al cuidado de la salud física; el derecho al cuidado de la salud moral, entendido como “el libre ejercicio de las expansiones espirituales, concordes con la moral y el culto”; el derecho al esparcimiento, donde habla del goce del entretenimiento en los tiempos libres; el derecho al trabajo, buscando evitar “la disminución de la personalidad”; el derecho a la expansión, que se refiere al patrimonio del anciano de “gozar de tranquilidad, libre de angustias y preocupaciones”; y el derecho al respeto.

Para homenajear a Evita a 100 años de su nacimiento y tomando como ejemplo estos derechos que son antecedentes de gran importancia para lxs viejxs de la Argentina, compartimos testimonios de mujeres mayores del conurbano sur, que así recuerdan la época de Evita:

Maria Redin, 89 años, de Banfield.

“En ese momento estábamos todas muy ansiosas porque no sabíamos en realidad qué era lo que iba a pasar. No obstante teníamos cada cual una idea. Había dos opciones: o los radicales o los peronistas. Lo mío se inclinó sobre los radicales y fui fiscal de un partido por primera vez y con gran emoción. No sabíamos muy bien como iba a ser, pero fue todo muy tranquilo. Las mujeres que iban a votar no podían llevar la boleta a la vista, pero algunas señoras eran más bien ignorantes en todo y las llevaban en la mano, pero bueno, eran gajes del oficio. Y vos tenías que llamarle la atención porque no podían pasar. Fue una gran experiencia y una gran emoción por el avance que habíamos tenido”

Lidia, 84 años, de Temperley.

“Eva Perón dio todo tipo de derechos a los excluidos, a los más pobres de los pobres, dio sueños e ilusiones para que la gente se sintiera reconocida, dio trabajo. Yo fui testigo de muchas mujeres mayores que recibían una máquina de coser para poder hacer un trabajo propio, se ocupó de los niños, de su salud y de tener el primer juguete que recibían en su vida. Fue despreciada especialmente por Las Damas de Beneficencia de esa época, y por todos los poderosos y ricos. Con referencia al voto, fue reconocer el gran derecho de las mujeres a elegir, a ser ellas mismas por primera vez. Y lo más impactante en mi opinión fue su muerte. Yo lo vi, lo viví. Un pueblo que la lloró como jamás lo hará por ningún otro. Nunca olvidaré las 8.25 de ese triste día. Era joven, hermosa y humana. Le rindo mi homenaje como lo hice con mis 18 años ese inolvidable día. Por algo sigue aún viva en la mente y el corazón de tantos argentinos. A los que somos ahora mayores nos dejó el concepto de la solidaridad y la sensibilidad y el apoyar al otro”.

Tina, 72 años, de Lanús.

“Cuando se votó por primera vez yo tenía 4 añitos. Pero me pareció fantástico y es un día de fiesta cada vez que puedo emitir el voto. Me emociona, es un derecho fundamental, que ojalá todos lo ejercieran con la mayor responsabilidad y conocimiento de aquellos a quienes votan. Llegamos de Italia en el año 50 por lo cual mis padres no tenían mucha claridad y mi recuerdo directo fue para mí el libro de primer grado que tenía muchas figuras de Perón y de Eva, y habían algunas críticas al respecto… ¡yo la valoré más de adulta!”

Felicidad, 76 años, de Lanús.

“Evita es Perón, tenemos que nombrar a los dos. Fue una época muy buena, brillante, pujante. Evita, que no podía tener hijos, quería muchísimo a los niños y tenias que verla rodeada de esos chicos… con el cariño que los trataba, así estuvieran limpios, sucios o como estuvieran. Yo era chica, tal vez no entendía de política, pero sí uno veía cómo se vivía, los juguetes que les mandaban a los chicos, que no era cualquier juguete. Tenendo 8 años le mandé dos cartas a Evita pidiendo para dos familias muy pobres de mi barrio. La fundación Eva Perón le envió camitas, frazadas, colchones, pero no cualquier cosa, de lo mejor, te lo puedo garantizar. Eso fue lo que yo viví. Fue una época esplendorosa porque realmente ella era una mujer de muchísima garra, se enfrentaba a quien fuera”.

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