25 mayo, 2019

Revista feminista y popular

Opinión

17 abril, 2019

La mal llamada libertad

Por Azul Verzura

El concepto de “libertad de expresión” comenzó a ser el nuevo escudo de una violencia explícita, verbal, virtual y machista.

La libertad de expresión como escudo a agresiones xenófobas, machistas y racistas, nace desde hace unos años con la lógica altamente liberal de creer que lo que unx dice, twittea y comenta, es solamente la posición de uno sin entender lo que ese mensaje puede llegar a generar. La libertad de expresión se limita ante unx otrx. Como todas las libertades.

No es usual que los que utilizan el escudo de la libertad de expresión sean los mismos que opinan sobre nuestros cuerpos con total impunidad o los que militan la frase “negros de mierda” o los que siguen pensando que hay que votar lo que a uno le convenga. Es evidente y bastante doloroso comenzar a enfrentarse ante este sector liberal y agresivo que, lamentablemente, genera consecuencias muy graves en el sector al que ataca.

Con nuestra sororidad o nuestra militancia junto a lxs más perjudicados por un sistema que excluye constantemente, algunas veces logramos romper con este pacto agresivo que nace desde un mensaje violento y florece con la ignorancia de parte nuestra.

El rol que debemos ocupar lxs que entendemos que la libertad de expresión es un término que se está apropiando este sector xenófobo, racista y misógino, es principalmente empezar a explicar qué es la libertad de expresión y dónde empieza a convertirse en violencia.

La libertad de expresión es el derecho que tiene cada ciudadanx de expresar su pensamiento, posición o alguna inquietud, pero –siempre y cuando- ese pensamiento o comentario no genere ningún tipo de daño en el otrx. Es decir: hacer un comentario contra los judíos asesinados durante el Holocausto no corresponde al término “libertad de expresión” sino que es un comentario nazi, violento y xenófobo. Lo mismo ocurre con el machismo virtual que se produce cuando ante la foto de una mujer, travesti o trans mostrando su cuerpo en redes sociales, si no cumple con los estereotipos capitalizados por el mercado, se produce una lluvia de mensajes y comentarios –QUE NADIE PIDIÓ- sobre lo que piensan acerca de esa imagen o su cuerpo. Además, sin dimensionar que detrás que cada imagen subida existe una persona atravesada por un contexto determinado. Y por lo tanto, ni vos, ni yo, nos tenemos que creer lo suficientemente importantes como para pensar que nuestro comentario puede llegar a importarle a alguien que ni siquiera nos conoce.

No es libertad de expresión si te reís de un femicidio. No es libertad de expresión si haces chistes con Juan Darthes. No es libertad de expresión si compartís fotos de nenas desnudas. No es libertad de expresión si agredís a lxs pibxs de la villa. No es libertad de expresión, es violencia.

La violencia mata, genera trastornos, suicidios, autoflagelación, exclusión, desinformación, odio, marginación. La libertad de expresión genera intercambio, consenso, acuerdo, debate y enriquecimiento de conocimiento. Si tu comentario no nutre, no lo hagas, bórralo.

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