16 julio, 2019

Revista feminista y popular

Opinión

11 abril, 2019

VIOLENCIA ES MENTIR

Por Azul Verzura

El limbo insoportable entre lo que unx piensa y el otrx no dice. Quizás la palabra “mentira” sea contraproducente y más de uno se encargue de refutar toda la nota.

“La responsabilidad afectiva” logró tener un protagonismo que rozó lo banal y por eso es que elijo no traer esa frase acá, pero la idea sí está presente.  Es difícil hacer entender a lo que voy con el título “violencia es mentir”. Hay dos conceptos enlazados y creo que lo mejor va a ser definirlos.

Violencia. La violencia es esa cadena (o no) de hechos, acciones, palabras de una institución, una persona o un sector hacia otro de manera agresiva, no siempre explícita y con una asimetría de poder bastante clara. Y con respecto a “mentir” se puede desdoblar otro concepto: “ocultar”. Y a colación: “tomar de boluda”.

Violencia es mentir porque la información entre ambas personas dentro de un vínculo sexual, afectivo, sexo-afectivo, de noviazgo o amistoso, es lo primordial para poder construir al mismo desde una perspectiva diferente y, sobre todo, sana.

Centenares de veces nos hemos hallado reproduciendo el mito de que las mujeres nos enteramos de todo y que eso nos hace aún más poderosas. Hay dos opciones: o los varones que nos ocultan información cometen el grave error de la desprolijidad abundante y nosotras, con un poco de atención, logramos identificar de donde nace esta desprolijidad; o es evidente la infancia tardía con la que se vinculan.

La perspectiva de género logró, en más de une, replantearse qué tipo de vínculos estamos teniendo y construyendo. Los varones que se cuelgan el pañuelo, que van a movilizaciones, que militan el feminismo en organizaciones políticas o que usan el lenguaje inclusivo en ámbitos públicos, en la cama ¿Cómo son?

De la boca para afuera somos todos aliados, luchamos con la misma constancia el derecho a decidir de las compañeras pero al salir con una mina nos siguen inventando el cuento de la piba especial, única, inteligente y después de pelotudean tres meses. En varias ocasiones -quizás- estés lo suficientemente rígida como para ponerle un límite a la desinformación masculina (varones CIS) y quizás en otras te agarren con la guardia baja.

Tampoco estamos pidiendo nada. Estamos hartas de pedir. Queremos que les salga sólo, como les sale levantar la voz en alguna reunión y nos demuestran todo su maravilloso saber. Es simple: violencia es mentir. Si estás saliendo con una chica, la ves con ganas de verte, de seguir consturyendo el vínculo, y vos entendes que no estás en la misma sintonía, que no tenes ganas de verla y que –directamente- no te gusta más; ¡informala!

¿Por qué tienen que aprender a decirnos que no?

Y porque mientras nosotras vamos viendo con quién salir y encontramos a uno que más o menos nos guste, y no es mutuo, no seas tan egoísta de hacerme perder el tiempo. Nosotras, la mayoría, fuimos violadas con todos los encuentros del sexo. Te pido por favor que, ahora que gozo como nunca, me dejes seguir con lo mío y no me retengas con tu miedo al rechazo proyectado.

A nosotras no nos enseñaron a ser rechazadas, porque tampoco nos enseñaron a rechazar, ni a invitar a salir. Ahora que, algunas estamos en el baile de invitar a salir, apurar, sentirse con las herramientas para llevarlo a cabo, estamos hermosamente expuestas a un “no”. Y ese “no” tiene que llegar porque es posible que no le gustemos a todos. O que todos no se enamoren de nosotras, o que justo ése esté en otra. Estamos acá para bancárnosla, no nos tenes que cuidar de tu “no”, varón. Tenes que cambiar lo que venís haciendo, cortarnos el mambo si es que no te interesamos, aceptarnos una salida si es que te gustamos, y dejar el juego de lado.

Nos aburrió el hecho de tener que seguir pidiendo que porfa digan “¿qué onda?” con nosotras porque el fantasmeo se nos volvió rutinario. Desaparecer, hacerme perder el tiempo, mentirme, hacerte el boludo, ser irresponsable, seguir haciendo el cuento del varón aliado amante de la lucha feminista mientras a una le decís que es el amor de tu vida y a la otra la proyectas miles de meses juntos, es violencia. Violencia es que nosotras sigamos exigiendo que nos digan la verdad ante cualquier circunstancia. Violencia es mentirnos sobre lo que sienten, sobre lo que piensan, ¿saben por qué? Porque lastiman. Y, con el pañuelo verde colgado y la remera de la organización, tu lucha por los derechos humanos y sociales no son compatibles con las mentiras a las compañeras o a las mujeres que construiste vínculo.

¿Y por qué todavía nos siguen preguntando por qué los varones no pueden llevar pañuelo verde?

Es evidente que cuando estén preparados para hacerse cargo de la violencia machista que todavía siguen reproduciendo, su pañuelo colgado en la mochila va a ser bien visto. Ahora, pañuelo verde no es aborto legal. No te confundas, aliado, que tu lucha va por otro lado.

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