24 abril, 2019

Revista feminista y popular

Notas

26 marzo, 2019

Luche como una abuela

Por Evelyn Sena

“Había gritos, insultos, uno de los tipos me levantó el antifaz. Yo estaba desnuda y atada. Me acercó el pene, mientras los demás me amenazaban: “te vamos a pasar uno por uno, hija de puta”. La verdad es que yo hubiera preferido una violación, la hubiese sentido como algo más humano y comprensible que la tortura”, cuenta Miriam Lewin, detenida en la ESMA.

En los Centros Clandestinos de Detención todos los maltratos estaban permitidos tanto para varones como para mujeres. Sin embargo, la violencia ejercida contra las mujeres detenidas tuvo rasgos característicos. Su particularidad radica en que es consecuencia de una estructura de poder machista que se repite hasta la actualidad con diferentes caras.

Según la investigadora María Sonderéguer, las mujeres que fueron víctimas de la última dictadura militar en Argentina sufrieron un doble castigo: Por militantes y por transgredir el orden machista establecido.

La dictadura buscaba imprimir una idea de mujer, tranquila, sumisa y sin conciencia crítica, relegada al ámbito privado. Su papel era el de madre santa procreadora de niñxs “no subversivos”. Los oficiales decían que había que “recuperarlas” mediante la humillación y la tortura.

Bajo ese concepto realizaron un trabajo de destrucción y aniquilamiento, físico, moral y psicológico. El objetivo era convertir a ese grupo de mujeres en meros cuerpos-objetos. Y así, destrozar esos cuerpos empoderados.

Las modalidades de tortura para lograr dicho trabajo iban desde las violaciones hasta la colocación de objetos (ratas por ejemplo) en las vaginas de las mujeres. Abortos forzados, apropiación de bebés, las obligaban a limpiar la “sala de parto” y levantar la placenta, todo en condiciones muy precarias, a estar desnudas, sometidas a la esclavitud sexual y a la pornografía. Cuando menstruaban no tenían acceso a protección.

“Históricamente se señaló a las mujeres como el “sexo débil”, sin embargo siempre somos nosotras las que encabezamos las luchas. Por eso siempre valoro la resistencia colectiva de las mujeres, porque ellos querían hacernos requisas vejatorias que consistían en que te bajes la ropa íntima y hacerte una requisa vaginal y anal. Y nosotras nos resistimos, fuimos todas a los calabozos durante 30 días. Era un garrón. Salíamos, había otra requisa, nos negábamos y otra vez al calabozo, y así sucesivamente durante años. Esa la ganamos, nunca dejamos que lo hagan. Eran pequeñas batallas que nos fortalecían mucho”, sostiene Graciela Galarraga, sobreviviente de la dictadura.

A pesar de los esfuerzos de la dictadura para acallar la voz de las compañeras, surgió de a poco la organización de Madres y Abuelas de Plaza de Mayo. Como estaban prohibidas las reuniones, caminaban en ronda en la Plaza de Mayo en forma de manifestación. Desarrollaron diferentes estrategias para que sus reclamos fueran escuchados, por ejemplo, cuando llegaba a la Argentina algún personaje importante, aprovechaban para hacerse presentes en los actos públicos y llamar la atención de la prensa.

Como respuesta a la creciente organización y visibilización, las fuerzas armadas se encargaron de infiltrar a un joven militar en el grupo de las Madres, Alfredo Astiz, que en 1977 entregó a las fundadoras para que los militares las secuestren y asesinen. Entre ellas se encontraba Azucena Villaflor y las dos monjas francesas.

“… Muchas madres tenían miedo de volver. También se hacía difícil ir a reclamar a los centros de detención y a los campos de concentración que habíamos descubierto. Nos llevaban presas a cada momento. Cuando detenían a una madre, íbamos todas a la comisaría y hasta que no la liberaban no nos íbamos del lugar. Nos golpeaban. Ponían perros en la Plaza para que nos ataquen. Nos tiraban gases lacrimógenos”, cuenta una abuela de Plaza de Mayo.

Por eso decimos, ¡luche como una abuela!

Hoy las podemos encontrar con 127 victorias, con un amplio reconocimiento internacional, presentes siempre en las luchas del lado del pueblo en defensa de los derechos humanos. “No queremos despedir a más abuelas sin que hayan podido encontrar a sus nietos”, sostuvo Estela de Carlotto en la marcha masiva del 24. Si naciste entre 1975 y 1980 y tenés dudas sobre tu origen, andá a Abuelas.

La vida es un pañuelo. Memoria, Verdad y Justicia.

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