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26 marzo, 2019

EL ACCIONAR DESFEMINIZANTE DEL TERRORISMO DE ESTADO

Por Juliana Szerdi

Como viene sucediendo con todas las luchas emprendidas en estos años, el 24 de marzo también estuvo fuertemente atravesado por el enfoque de género, donde los discursos y consignas proclamadas por las organizaciones políticas y organismos de derechos humanos incluían demandas del movimiento feminista.

Para aportar una mirada desde el género a la memoria colectiva de nuestro país, Reviradas conversó con la antropóloga feminista Celeste Jerez, que viene estudiando de cerca el proceso del juicio por crímenes de lesa humanidad “Hospital Militar II” a cargo del Tribunal Oral Federal N°3, vinculado a la apropiación de bebes y el secuestro y tormento a mujeres en situación de parto. El veredicto final fue el 27 de agosto de 2018 donde se condenó a 45 años de prisión al ex comandante de Institutos Militares, Santiago Omar Riveros, y fue absuelto el jefe de servicio de clínica médica, Raúl Eugenio Martín.

A modo aclaratorio, Jerez señala que se va a referir a las mujeres detenidas embarazadas como ‘mujeres cis’ (quienes se identifican con su sexo-género asignado al nacer) y aclara que “si bien es un término que se originó años después de la dictadura, y que puede parecer anacrónico pensarlo en esa época, me interesa especialmente poder llevarlo a las reflexiones en relación al terrorismo de estado que reafirmó en su accionar las cuestiones normativas de género en término de la cis heterosexualidad, lo cual puede observarse en la discursividad elaborada por la dictadura y difundida a través de su maquinaria mediática”. Agrega además que esta distinción de la ‘mujer cis’ busca visibilizar a los cuerpos trans (quienes no se identifican con el sexo-género asignado al nacer) ya que “podemos decir que a lo largo de la historia humana occidental ha habido un genocidio de la población trans en términos de la invisibilización y patologización de sus cuerpos, basada en la negación de los Estados a la identidad y en el intervencionismo normalizador del accionar biomédico, y la estigmatización social (institucional, familiar, escolar) por salirse de las normas de sexo-género esperadas”.

 

Celeste Jerez es feminista, Licenciada y Profesora en Ciencias Antropológicas egresada de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires (FILO- UBA). Actualmente está haciendo su doctorado en antropología, investigando sobre la atención médica de partos y sexualidades.

 

-¿Cuál es la importancia que tiene este juicio en relación a la incorporación de la violencia machista como agravante de delitos?

-Este juicio tiene una característica fundamental: fue el primero que incorporó en un juicio de lesa humanidad la categoría de violencia obstétrica como violencia de género, como un agravante en la pena de los imputados. Esto tiene varias puntas para reflexionar. En primer lugar, es una puerta de entrada a poder pensar estas violencias específicas contra los cuerpos generizados, contra las mujeres cis por ejemplo, que ejerció el terrorismo de estado, y cómo en el caso del parto se cometieron violencias específicas en la actuación de la atención biomédica. Entonces, catalogar las acciones militares y médicas contra estos cuerpos con un nombre determinado como violencia obstétrica redimensiona la forma de ejercer la memoria, de mirar al pasado, de entender la época de la dictadura con perspectiva de género y desde los feminismos. En este juicio, es importante observar en los distintos escritos y declaraciones del Ministerio Público Fiscal, todos los esfuerzos por incluir una perspectiva de género que incluya la violencia específica que vivieron las mujeres cis secuestradas por ser mujeres embarazadas. Aun así, el médico imputado, que fue el jefe del servicio de clínica médica del Hospital cuando ingresaron a parir las once mujeres secuestradas embarazadas en plena dictadura, quedó absuelto por segunda vez.

-Venís realizando tu investigación doctoral sobre la politización del parto y las tensiones permanentes alrededor de las propuestas del Parto Humanizado, ¿Por qué te interesaste en este juicio?

-En lo que quiero detenerme es en cómo desde ciertos feminismos en el presente se está pensando el lugar de la vulnerabilidad y la victimización de los cuerpos en relación con la violencia obstétrica y cómo esto puede ser llevado al ámbito de la justicia. En ciertos momentos del juicio, la justificación del uso de la palabra “violencia obstétrica”, pasó por identificar la vulnerabilidad por las que estaban pasando las mujeres secuestradas específicamente por su condición de embarazo. Y a esto se suma, cómo la vulnerabilidad se profundizó por el hecho de haberles sacado a sus bebés y no haberles podido conocer. Este reforzamiento de la victimización, de la vulnerabilización de las mujeres por sus condiciones de parturientas y de madres es un lugar problemático en tanto muestra un lugar específico de víctima en el sistema judicial que está acoplando cuestiones de lo médico y de lo judicial. Es decir, las mujeres cis embarazadas secuestradas en la última dictadura militar vivieron tanto una multiplicidad de violencias por el hecho de estar secuestradas como sus compañeros, como así también violencias específicas relacionadas al género estando embarazadas o no, como torturas en sus genitales, violaciones sexuales, abusos sexuales, humillaciones, amenazas de robo de sus bebés, abortos forzados; la vulnerablidad no era por su embarazo en sí sino por el hecho de estar secuestradas sin garantías de derechos civiles.

A lo que apunto es que un tema para seguir pensando desde los feminismos para el presente, es la reproducción de la figura de la mujer cis embarazada y parturienta como víctima en sí por el estado mismo del embarazo. Hay que pensar si necesitamos un solo lugar de víctimas o si –para el caso de la dictadura- lo que necesitamos es mostrar cómo funcionó el sistema represivo durante esta etapa, donde lo médico fue un eslabón más en todo el accionar de torturas, secuestros, vulneración de derechos, falsificación de partidas de nacimiento; y poner la mirada sobre cómo este accionar se desplegó contra las mujeres cis embarazadas secuestradas. El aporte que podemos hacer desde los feminismos para el presente no es la búsqueda de una víctima específica o que relacione la vulnerabilidad o la  pasividad con las mujeres cis, sino poder mostrar cómo funciona un sistema opresivo que, en el caso del tema del juicio, lo que hizo fue tener una multiplicidad de sujetos que fueron torturados y desubjetivados, a quienes les quitaron todo tipo de derechos, y que esa desubjetivación está atravesada por el género, por violencias específicas contra cuerpos generizados, por ejemplo sobrepatologizando el evento del parto. Es decir, la idea es poder reivindicar una mirada hacia el pasado desde feminismos que muestren la articulación de estas violencias contra cuerpos generizados. Especialmente, que esta mirada hacia el pasado garantice que estas cosas no sucedan nunca más.

-¿Por qué pensas que la justicia incorpora ahora una perspectiva de género en los crímenes de lesa humanidad?

-En primer lugar, la justicia empieza a incorporar una perspectiva de género en general por la presión y la visibilización que vienen haciendo los distintos movimientos feministas a lo largo de muchísimos años, en relación a darle categoría de problema a determinadas situaciones de la vida social que antes no se consideraban como tales, por ejemplo, el hecho de la violencia que los hombres cis perpetuaban o perpetúan hacia las mujeres adentro de la casa. Eran cuestiones que hace 40 años no se veían como un problema en sí. Lo mismo que la asignación de un genital u otro a las personas intersex por parte de los médicos, que eran y son prácticas de hecho, que están totalmente naturalizadas en el quehacer médico científico y que gracias a los movimientos feministas y de la diversidad venimos visibilizando con la categoría de problema. Eso hace darle una modificación en el sentido común de la normalización de las prácticas, darle otro estatuto como un problema; hace que se ejerza una visibilización del tema y se lleve a distintos ámbitos de la vida cotidiana. En ese sentido, la justicia empieza a incorporar esta perspectiva de género desde las cuestiones de femicidios o travesticidios, darle una visibilización concreta en relación a las temáticas de género para poder tratarlas de esa forma. En particular en los crímenes de lesa humanidad esto tiene una historia bastante concreta en las primeras sentencias de los tribunales penales en relación al tema de las violaciones sexuales en el marco de los terrorismos de estado o de los genocidios. En 1998 con el genocidio de Ruanda y en nuestro país con los juicios al terrorismo de estado a partir del 2013, la violencia sexual comenzó a visibilizarse como un crimen autónomo, porque antes lo que sucedía es que se veía como una tortura más del terrorismo de estado. Entonces, se empieza a incorporar que hay sujetos con sexualidades específicas que son atormentadas, violentadas de una manera sistemática, subjetivizándolas. Es decir, se violenta de una forma particular por el cuerpo, por la sexualidad, por el género que se tenga.

-¿Cómo se observa la complicidad cívico médica y militar en los casos presentados en el juicio?

-En la maquinaria del terrorismo de estado en la que desplegó desapariciones, torturas, apropiación de niñes, el Hospital Militar Campo de Mayo se monta como un eslabón más en este accionar sistemático de la dictadura en tanto garantiza la recepción de las mujeres cis embarazadas secuestradas para que tengan sus partos y luego hacer los certificados de nacimientos falsos y poder facilitar la apropiación de niñes. Entonces, lo que este Hospital hace es ser el puente de conexión entre los centros clandestinos de detención y la posterior apropiación de niñes. Esta adaptación de la institución médica a la maquinaria del terrorismo de estado hay que pensarla en su funcionamiento cotidiano. Las mujeres cis embarazadas secuestradas entraban al hospital como NN, siempre por las noches, entraban encapuchadas, provenientes desde los centros clandestinos de detención, sobre todo desde el Vesubio que tiene mucha cercanía con el Hospital. Eran llevadas a una parte del hospital que se creó especialmente para este fin, que se le puso el nombre de “epidemiología” que hace referencia a la cuestión de enfermedades infecciosas, donde tenían un guardia permanentemente y donde se las mantenía encerradas en cuartos totalmente sucios, con materia fecal y rastros de sangre, y se las dejaba ahí hasta el momento en que las llevaban a la sala de partos. Varios testimonios de las sobrevivientes muestran que eran vistas y tactadas por varias personas, lo cual era una práctica continua de socavamiento no solamente de la autonomía sino de doblegamiento del cuerpo. En ese sentido, en todas estas múltiples prácticas que se reforzaron en estos cuerpos gestantes que estaban secuestrados, lo que se refuerza es esta complicidad cívica en tanto había un montón de trabajadores y trabajadoras que participaron y que observaban este funcionamiento médico en una estructura de terrorismo de estado. Además tenemos que pensar que este hospital era un hospital al que accedían todas las familias de los militares y que no era un hospital solamente destinado a mujeres secuestradas, sino que era una maternidad que por ejemplo atendía a las familiares de los militares de la época.

-¿Cómo se explica que el médico acusado sea dos veces absuelto?

Hay una escena del juicio que nunca me voy a olvidar. El abogado del médico Martin, San Emeterio –conocido por tener como defendidos a genocidas-, justificó la absolución de su defendido porque el médico era “un civil disfrazado de verde”. Es decir, el médico era civil pero al trabajar en el Hospital Militar, actuaba como militar. En primer lugar, la defensa del médico se monta en la reproducción de una mirada sobre lo civil como sin responsabilidades sobre el accionar de la dictadura, cuando hace años venimos exigiendo la idea de que la dictadura fue militar, civil, eclesiástica y financiera. Y médica podemos decir. Tuvo la complicidad de todos estos sectores para que su maquinaria funcionara. Y es en esa complicidad que lo médico es un eslabón específico, uno fundamental para que los partos de las mujeres secuestradas pudieran ser llevados a cabo, para la posterior firma de certificados de nacimientos falsos y la apropiación de niñes. El médico quedó nuevamente absuelto, tenemos mucho por seguir haciendo.

-En una nota señalas que a las mujeres embarazadas las nombraban como “las infecciosas”, ¿Cuál era la concepción que tenían sobre la mujer embarazada?

-Para pensar cómo es que llegaban a referirse a los cuerpos de mujeres cis embarazadas como “las infecciosas”, está bueno partir de pensar un régimen corporal sexual genérico dicotómico. En decir, podemos decir que en la historia de la ciencia moderna se erigió una idea de un cuerpo de hombre como lo normal, caracterizado con una genitalidad específica, con una orientación sexual específica y con mandatos sociales específicos, y en especial con una carga de normalidad. El parámetro de las cuestiones de salud se las pensó relacionadas a este tipo de cuerpo obviamente atravesando también por cuestiones de clase (varón cis blanco, heterosexual, clase media) y en contraposición, por eso lo dicotómico, al cuerpo de una mujer que por un lado fue invisibilizada y vista como un cuerpo patológico, en el sentido de que todo lo que le suceda va a tener una carga patológica y anormal. Obviamente este cuerpo de mujer también tenía un genitalidad específica, una orientación sexual heteronormativa y mandatos sociales relacionados a la emocionalidad, a lo privado, a una división sexual del trabajo y de una performatividad en su conducta y corporalidad. En este sentido podemos pensar en algunos procesos vitales como la menstruación, la menopausia, el parto, el embarazo, como estados que han sido vistos desde la mirada científica como patológicos en la vida cotidiana, y también invisibilizados porque en este régimen corporal sexual genérico dicotómico que estamos planteando hay una jerarquía en el sentido que se ha valorizado positivamente todos los procesos de un tipo ideal normativo de hombre cis, en relación a otro tipo de identidad mujer. Volviendo al juicio de lesa, en el Hospital Militar a las mujeres cis embarazadas secuestradas que ingresaban se las catalogaba como “infecciosas” en un doble sentido: en esta cuestión histórica de la patologización de los embarazos, es decir ver al embarazo como un proceso de enfermedad que debe ser atendido e intervenido por la institución médica y en el que las personas que están viviendo este proceso están en una situación de vulnerabilidad; y a esto se le suma el hecho de un terrorismo de estado que está viendo estos cuerpos infectados por una ideología en particular, entonces hay una doble patologización.

-¿Qué análisis haces sobre el lugar que el cuerpo tenía para el proyecto de la dictadura y particularmente los cuerpo gestantes y lxs hijxs de militantes?

-Hay una historiadora feminista que yo tomo para hacer el análisis del tema del cuerpo en relación a los partos clandestinos, que es Débora de Antonio, y ella lo que nos ayuda a pensar es en esta cuestión de las cárceles en Argentina. La forma de castigo que se pone en práctica en estas cárceles es la desfeminización de las mujeres, como en relación con los hombres la desmasculización es la desvirilización, el derrumbe físico, político y moral. En las mujeres cis la forma de castigo es una desfeminización que pasa por subrayar cuestiones de la socialización normativa de género. Estas estrategias de las cárceles es lo que vamos a pensar en relación a los centros clandestinos de detención, que fue reforzar estos efectos destructivos desde la estrategia represiva, y pensar cómo se dio esta desfeminización de los cuerpos, donde el encierro no tiene solamente un sentido de alejar estos cuerpos patológicos de la sociedad civil, sino también de ejercer una desubjetivización de estos  cuerpos, que quiere decir una destrucción de la subjetividad, desarticular la posición política que estaría corporizada en estos cuerpos para la dictadura. En las mujeres embarazadas secuestradas, lo que se hizo fue desmaternizarlas, desfeminizarlas, patologizar su sexualidad, tratarlas como locas, es decir, destruir ideológicamente a estas presas políticas, pensándolo en su enlazamiento con un sistema sexo-género. Es decir, la destrucción subjetiva en términos de género de un cuerpo físico y un cuerpo simbólico. Entonces hubo un doble movimiento en esta estrategia represiva, subrayar la cuestión normativa de género y al mismo tiempo destruirla. En particular en el Hospital Militar lo hacían ubicando a las mujeres cis embarazadas en el sector de epidemiología y llamándolas infecciosas. Lo que está siendo subrayado es el carácter de lo patológico de estos cuerpos, que es una gran arma que tiene la institución médica. En segundo lugar, pensar el cuerpo como una cuestión ideológica, es decir el parto visto como un canal que permite frenar una multiplicación de generaciones que pueden reproducir la ideología que es considerada subversiva para el terrorismo de estado. Pensar el parto en estos cuerpos generizados, pensar esta desfeminización y esta categorización de lo patológico del parto, en este doble mecanismo que tiene el terrorismo de estado al subrayar la condición femenina y al mismo tiempo desfeminizarla, por ejemplo llevándolas a estos cuartos con condiciones infrahumanas, hacer múltiples tactos en sus cuerpos, no dejarles ver a sus bebes, producir torturas durante el trabajo de parto, tener sus partos de manera encapuchadas, trasladarlas por todo el hospital también encapuchadas.

-¿Qué continuidades se pueden observar en las democracias actuales en relación al poder ejercido por el Estado en los cuerpos gestantes?

-Las instituciones en particular de la democracia actual en nuestros país tienen un papel principal en lo que es la reproducción de la normatividad de género, en ese sentido podemos pensar cómo la cuestión de la ilegalidad del aborto hace que los cuerpos gestantes no tengamos las cuestiones de salud garantizadas; cómo las dificultades de la implementación de la ley de identidad de género hace que las personas trans tengan una expectativa de vida de 40 años; cómo muchas instituciones públicas reproducen el intervencionismo excesivo en los cuerpos gestantes que paren; la dificultad de poder ver cómo las prácticas afectan a las mujeres socializadas como mujeres cis en sus forma de enfermar, por ejemplo pensar en cuestiones de la alimentación ya que muchas veces sucede que las mujeres al encargarse de los cuidados son las últimas en comer o son las que comen peor, y en ese sentido el deterioro de su salud, el colesterol alto o algunos indicadores tienen que ver mucho con las practicas sociales que se tienen en relación al género, y eso es algo muy importante de poder evaluar. Hay continuidad en los mecanismos que muchas veces tiene el Estado para subjetivizar en relación a las normativas de género, resaltar la calidad de mujeres maternales en las mujeres cis, negar identidades que no cumplan con este ideal del hombre blanco heterosexual y de la mujer blanca heterosexual, reproducir la cis- hetorsexualidad compulsiva…

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