6 diciembre, 2019

Revista feminista y popular

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12 marzo, 2019

COMPROMISO MARIELLE FRANCO

Por Juliana Szerdi

Tanto en Brasil como en Argentina los representantes de la derecha xenófoba, machista y neoliberal tomaron las riendas del Estado. Las políticas, los discursos y simbologías que vienen implementando son un grave peligro para la humanidad. En este contexto, la vida de Marielle Franco es un ejemplo para el movimiento feminista al dedicar  su vida a la lucha por los derechos humanos y enfrentar la militarización de las favelas y el narcotráfico.

En nuestro país, el gobierno de Cambiemos viene atropellando los derechos sociales conquistados y profundizando un modelo económico concentrador que genera cada vez más pobreza. A su vez, se mantiene inactivo ante los aumentos de femicidios, transfemicidios y travesticidios; a los abusos intrafamiliares; a la brecha salarial de género; a la violencia machista en todas sus formas. Mientras tanto, impulsa acuerdos con los sectores que se oponen a la ley de Educación Sexual Integral y a la Interrupción Voluntaria del Embarazo.

Por su parte, las organizaciones del campo popular no dan abasto para acompañar los casos de violencia de género y atender a las familias que se acercan en búsqueda de trabajo y comida. Son las compañeras y les compañeres de los barrios quienes atienden las necesidades y urgencias de las personas más necesitadas. Son además quienes tienen que aguantar las persecuciones policiales y parapoliciales, la estigmatización de los medios de información y el desprecio del gobierno. La falta de recursos y de apoyo del gobierno provincial y nacional hace que la tarea comunitaria sea cada vez más difícil de sostener.

El asesinato de Marielle Franco el 14 de marzo de 2018 es muestra del accionar de los gobiernos derechista como el de Jair Bolsonaro, que recrudecen la violencia política y la represión para callar y disciplinar los cuerpos rebelados ante la hetero-cis-normatividad. Para cambiar el rumbo político y económico de la región, y tomar en serio los reclamos feministas -entendiendo que la desigualdad de género es agravada por las desigualdades económicas y culturales-, es necesario cambiar a quienes nos gobiernan.

Es por eso que con el ejemplo de Marielle Franco, como mujer negra, madre y lesbiana, el movimiento feminista tiene que mantenerse movilizado en las calles y en los barrios, pero también tiene que motorizar la equidad de géneros al interior de los espacios políticos, laborales y académicos.

Es perentorio crear las condiciones necesarias para ampliar la participación de las mujeres, lesbianas, bisexuales, trans, travestis y no binaries, para que desde ese colectivo salgan las propuestas de políticas públicas destinadas a garantizar los derechos básicos que hoy son negados por cuestiones de género: el acceso a la salud, a la educación, al trabajo y la vivienda.

Si las organizaciones feministas reniegan de lo partidario y no se inmiscuyen en la política electoral, abandonan un importante campo de batalla. Los debates feministas deben estar en el seno de los partidos políticos para terminar con la hegemonía de los varones en los roles de conducción y para promulgar otra forma de hacer política. Una política que sea herramienta de transformación y no beneficio personal; que sea ejemplificadora en las funciones públicas con responsabilidad, transparencia y compromiso social; con lugares de representación que se construyan de forma colaborativa con la comunidad, que escuche y aprenda de otres.

La dignidad de las personas está atada a las decisiones del gobierno, pero también a la capacidad de acción de los movimientos populares. El feminismo, como movimiento en crecimiento y canalizador del activismo juvenil, tiene la responsabilidad histórica de construir una corriente de participación política que instale debates interseccionales y que sume mayorías contra el nuevo conservadurismo.

Si bien hoy estamos viviendo una fuerte crisis, no hay que bajar los brazos. Sabemos que el camino es la unidad y que debemos despatriarcalizar las prácticas políticas. Necesitamos construir un feminismo anti-liberal y derrotar a Cambiemos en las urnas.

Con Marielle Franco como bandera y como demostramos en el masivo 3er paro internacional del 8 de marzo, el feminismo es un movimiento fundamental de la resistencia. Es desde allí donde podemos hacer crecer la esperanza de que otro mundo es posible y desde donde podemos aportar otras lecturas de la realidad y una nueva epistemología que nos brinde las estrategias y herramientas innovadoras para vencer.

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