20 septiembre, 2019

Revista feminista y popular

Opinión

9 marzo, 2019

Porque todavía vivo y me enojo

Por Azul Verzura

8 de marzo. Paro y movilización. Rechazos a mensajes que nos dicen “feliz día reina” (¿Feliz día de qué? ¿Reina de qué?). Pero para otres fue día normal: otra vez se repite la secuencia de silbidos esperando el colectivo, bocinazos y el mismo vecino de siempre que te escanea cada vez que salís de tu casa. Otro día más acosándonos, llevándose pibas en camionetas, tocando a sus amigas borrachas, abusando de sus hijas o de las amigas de sus hijas, siguiendo a menores en las redes sociales o haciéndonos escenas de celos constantemente. Sí, para muchos de ellos fue un día normal.

Para mí no fue un día normal. Fue un día de paro y nuestro paro. Marchamos junto a compañeras de vida. Marchamos y nos encontramos con adolescentes violentadas, con amas de casa, con docentes precarizadas, con mamás solteras, con hijas de madres que sufrieron violencia de género, con mujeres que lograron salir de una relación toxica o con compañeras que siguen vinculadas con algún violento. En la calle, estamos todes. Estamos quienes militamos en un partido político y quienes lograron feminizarse hace dos años. Estamos todes. Todes del mismo lado. Juntes y sorores, emancipades y gobernando.

El 8 de marzo es el día donde logramos visibilizar la diferencia entre ser varón y no serlo. Logramos hacer entender que ya la ropa no importa ni condiciona, que nuestra capacidad para hacer algo tampoco; pero todavía hay diferencia.

Todavía cobramos menos, trabajamos más, y nos maltratan más. Todavía seguimos escuchando frases como “¿y qué hacia vestida así? Todavía leemos titulares como “murió una nena de 11 años tras parir” en vez de que diga “violaron y embarazaron a una nena de 11 años y luego la obligaron a parir y murió”. Todavía aguantamos caminar por la calle, que nos acosen y golpeen. Aguantamos violaciones, abusos, celos, jefes violentos, ex novios misóginos, padres abandónicos, amigos transfóbicos, hermanos encubridores. Aguantamos al patriarcado y todavía nos quieren seguir explicando cómo deberíamos marchar.

Aguantamos la fragilidad de su masculinidad todos los días. Aguantamos violencia política, económica, física y psicológica. Aguantamos dejar de escuchar bandas porque son todos varones abusadores. Aguantamos salidas con pibes que terminaban en “amiga pásame a buscar” o “me tome uber. Te mando ubicación”. Aguantamos no poder viajar más solas de noche, no poder escuchar música con auriculares. Aguantamos que nos estén matando a todes. Aguantamos que nos sigan cuestionando si deberían ir o no los varones al #8M. Los aguantamos a ustedes.

Perdónenme, pero el 8M no me da felicidad. Me enoja. Y me enoja porque nunca antes nos pudimos enojar. Hoy, sí. Correte que me enojo. Por la emancipación de todas nuestras libertades, por los derechos de las mujeres, lesbianas, travestis y trans, porque somos fuertes y unides.

Yo, el 8 de Marzo, marché porque todavía vivo y me enojo.

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