14 diciembre, 2019

Revista feminista y popular

Opinión

7 marzo, 2019

¿O es cuestión de tu gen?

Por Azul Verzura

Reuniones con amigues, pizzas, birra, vino, cigarrillos y colillas por todas partes, salidas con compañerxs, encuentros o fiestas y siempre el mismo tema:

¿Qué les pasa a los tipos?

Tras incontables conversaciones y sesiones de terapia, libros leídos, charlas con profesionales o compañerxs tanto de vida como de la militancia en particular, éste tema no para de resonar. Es evidente y bastante claro que construir un vínculo en un momento de reflexión y solidificación de sedimentos nuevos, generar lazos es bastante ambiguo.

La sororidad nos permitió poder construir vínculos desde una perspectiva más humana y con la competencia relegada. Es decir, comenzamos a entender que existe un sistema que nos oprime y nos quiere separades. Nos quiere débiles y matándonos entre nosotres. La comprensión ya está saldada. La práctica está en proceso. Es probable que más de una vez te hayas encontrado en una situación donde la sororidad se ve un poco oculta y nos cuesta reproducirla, pero eso no quita al insaciable intento y el constante trabajo de querer llevar a cabo una relación entre nosotres desde otro ángulo.

A veces cuesta tener presente en el día a día a la sororidad porque somos víctimas de un sistema que se encargó de chipearnos así. Pero creo fervientemente que hoy ya es un debate saldado y que debemos entender que el feminismo no es sólo aborto legal y sororidad. Y mucho menos reducir a eso la unidad entre nosotres.

El feminismo nos abrió las puertas a la nueva ola de la libertad sexual y a entendernos como sujetes deseantes es un nuevo régimen de vida. No solamente al nivel sexual, refiriéndose al sexo en sí, sino también el reconocimiento del propio deseo como bandera altamente política. Es decir, identificarse como dueñe del deseo y del goce es también posicionarse ante cualquier causa o hecho desde otra perspectiva. Es elegir. Y que hoy podamos elegir quedarnos o irnos, poner un limite, sacar una mano donde no queremos que nos las pongan, armar o cortar un vinculo, es también parte de este proceso emancipatorio político. Reflexionar sobre mi deseo no como individual sino también como algo que nos engloba a todes, a su vez lineado con la responsabilidad que se anuda al reconocimiento de nuestro nuevo –lamentablemente nuevo- derecho: el desear y cumplirlo.

Poder desear y que la culpa no nos pese es también estar preparades para hacernos responsables de ese deseo, y con toda esa fuerza que generamos, poder reproducirlo a otres y cumplirlo.

Entonces, ¿Qué es lo difícil de lo vincular?

Lo difícil de estar preparades, con voluntad y ganas de que nuestro deseo se cumpla sin rollos de “fracaso” o “frustración”, es que del otro lado –del lado de los varones cis- la emancipación del deseo y la responsabilidad todavía están medio grises.

Entender la dificultad de poder concretar o construir algo con un chabón (heterosexual cis) debe tener algo que ver con eso: con la incapacidad de que se puedan hacer cargo. Cuando hablo de “hacerse cargo” me estoy refiriendo a hacerse cargo de todo. Hacerse cargo del sí y del no. Hacerse cargo si querés estar o si te querés ir. Dejar de salir conmigo o invitarme a salir. Decirme que tenés novia o si sólo querés divertirte. Hablar y actuar.

El problema de vincularse con varones, dadas sus falencia ya mencionadas, nace desde el desequilibrio entre nuestra “revolución del deseo” -diría Luciana Peker- y su miedo a la perdida de vaya unx a saber qué. Entonces, nuestro deseo (en el caso que queramos entablar un vínculo con varones cis) se ve imposibilitado ante esta falta de… ¿huevos? ¿amor? ¿ganas de hacerse cargo?

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