25 mayo, 2019

Revista feminista y popular

Opinión

10 enero, 2019

Compañerx

Por Azul Verzura

Cargamos una mochila más pesada que el cemento. Contracturas irreparables, piernas temblando, nervios incesantes, dolores insistentes, discusiones internas, sentimientos antagónicos, excluyentes, no binarios, binarios, un conjuntos de piezas en constante renovación que nos empapa el día a día con una pregunta enorme ¿Y ahora?

Nos pesa el aire, el frio, el viento, el tiempo, la ira, el miedo, el amor, la verdad, la injusticia, el terror, el sexo, los orgasmos. Nos pesa el saber, la ignorancia, tu estupidez, tu sensatez, los besos, las manos, los sueños.

A medida que nos vamos vinculando con el nuevo paradigma -sano y maravilloso- del feminismo nos encontramos con la visión que, hoy, nos hace brillar los ojos.

Lo que tiempo atrás era el amor romántico como ideal de vida, adquiere hoy nuevas formas. Un compañero, una compañera, une compañere, el nuevo amor que se pone a cuestionar todo lo instalado. La nueva forma de besar, de tener sexo, de mirarse a los ojos y de sonreír. La nueva manera de acostarse, de hablar mirándose a los ojos, de ser libre y responsable. El compañerismo polifacético. El compañerismo donde los ideales están presentes, los valores y las diferencias también. Es el hilo conductor de la des-patriarcalización de los vínculos monógamos, polígamos o como cada une crea (y sea) que es sano vincularse.

Replantearse la manera de elegir también es parte de esta revolución que nos permitió cortar lazos tanto amorosos como de amistad y a su vez, familiares. Utilizar el término “responsabilidad afectiva” y “realidad efectiva” también es parte del compañerismo. Un compañerx no es solamente la persona que te acompaña. Un compañerx es aquel o aquella que ante cualquier tipo de injusticia –social, económica, de género, personal, interpersonal- se mueve con vos, modifica, replantea, reconstruye, de-construye, dice que sí cuando hay que decirlo y no, también. Es esa persona que permite que unx se sienta completx sin recaer en esa metáfora capitalista –ultra capitalista- en la cual buscamos “la media naranja”. La “media naranja” hace alusión a nuestra falta de completud, a que necesitamos algo para estar completxs. Ése algo es una persona. Pero no una persona como ser humano con un contexto o con sentimientos y humanizada, sino objetivizada. “Él es mío, Ella es mía”. Dejamos de ser personas que se acompañan, a ser ese objeto de deseo -así lo llama Freud- que no importa si completa o no al otrx, sino que basta con tal de sentirme “llenx”. Eso es  a lo que le llamo el capitalismo emocional. El capitalismo donde la noción de falta es lo que prima ante cualquier cosa y seremos capaces de padecer cualquier tipo de sufrimiento, cueste lo que cueste, con tal de rellenar ese vacío (claramente impuesto).

Foto: Azul Verzura

Entonces tener unx compañerx es esa persona que, también, la libertad no lx abruma sino que le permite pensar y cuestionarse cada tipo de situación en la que la confusión, avasalladora de este periodo socio-cultura-económico, nos toca la puerta. Es esa persona que pregunta, que erotiza el cuestionamiento, la curiosidad y la exploración del cuerpo ajeno. Es aquella persona que pide permiso, entiende, da espacio y a su vez, también se lo das vos. Es reciproco. Es positivo.

El compañerismo es lealtad, es bandera política.

Tener un compañerx es político. Con quienes somos es político. Qué quiere, qué opina, qué piensa, qué construye es altamente político y lograr encontrarse con una persona en la cual esos valores políticos coincidan también es político. Relacionarte con un violento, también es político. Tener un amigo que violó a una piba dormida, alcoholizada, menor, o sobria, también es político. Entonces, tener a un compañerx es político porque las decisiones que se toman nacen desde ahí y sobretodo construyen vínculos y los replican.

Nuestros vínculos, nuestras decisiones son políticas. Nosotres somos política. Aunque quieran sembrar el odio, desarmarnos, hacernos creer que si no amamos como nos vende la góndola de la televisión –monogamicamente y por el resto de nuestras vidas- no vamos a amar nunca, y mucho menos, ser amadxs. Es político porque también los límites tienen la marca de un fibrón. Es político porque no es liberal. Porque no se entiende como individual. Es político porque es de a dos o más. Es político porque tiene ideales. Porque tiene pasión y corazón. Porque siente, mueve, arde, motiva y te hace aprender. Porque cuida, besa, ama, camina, trota, corre, frena. Porque es y porque no duele. Porque no deja doler y sobre todo, porque pide perdón. Porque es coherente y no entra en pánico con la confusión, sino que lo entiende como parte de las relaciones junto con la resolución. Porque es honesto y sincero. Porque se abraza sin miedo, porque se lucha, se combate la opresión y se rompen las cadenas que dejan marcas. Porque nos da arcadas el amor romántico que nos vendieron y sabemos que no es real. Porque aceptamos “el fracaso”, porque no somos ideales ni perfectos. Porque somos seres humanos con contextos que nos atraviesan y entendemos que, esta nueva manera de amar y ser amadxs, a todxs nos cuesta incorporarla pero que no nos cansamos de llevarla a cabo con una bandera política que es la que nos va a liberar de lo toxico que nos contamino tiempo atrás.

Sí, da miedo encontrarse en ese corral que te pone contra la espada y la pared entre lo viejo y lo nuevo; entre los caminos nuevos que nosotrxs mismos generamos, que también nos acorrala el mandato instalado patriarcalmente. Por eso, un compañerx es aquel -que dentro de ese proceso- evita el protocolo de amor romántico idealizado –inalcanzable y capitalista- ayudando y acompañando desde la perspectiva de género, el feminismo y la libertad, una nueva manera de resistir contra el sufrimiento que nos hicieron creer que era necesario.

Tengamos compañerxs, militemos el amor compañerx.

Foto: Azul Verzura

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