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VIOLENCIAS SIN BRILLO

Por Nahir Magalí Blanco

¿Cómo te digo que la realidad no siempre es la espectacularización y el festín de estereotipos que vemos a través de las ventanas de los medios de comunicación o mediante representaciones culturales como en las películas? La víctima sufriente en pantalla no siempre tiene el maquillaje corrido ni despide lágrimas de rímel. Tampoco estalla como una bomba de tiempo en una dramatización magistral. En la vida real las violencias no están ornamentadas ni son publicables para la prensa si no cumplen con ciertas condiciones. Cuando escapan al sentido de mercantilización de la noticia que predica la maquinaria comunicacional hegemónica, los titulares no narran esas historias. Hay violencias que no impactan, que no tienen un efecto instantáneo, que no venden. A veces las violencias se ejercen cruda y ranciamente con un sinsabor y sin colores, de maneras poco atractivas y en contextos cotidianos. Sin brillo televisivo y desprovistas de resonancias.

Quisiera que éste texto sea algo hermoso, pero no sé cómo hacerlo. Porque la belleza me la arrebatan cada vez que ultrajan mi cuerpo y no la devuelven. Me despojan de ella cuando intento vestir mis caderas pronunciadas, cuando me empacho de chocolate. Cuando salgo a la calle agarrando el borde inferior de la pollera con las manos, de noche y al mediodía también. Cuando paso horas llorando a escondidas y vergüenzas tartamudeando al micrófono. Cuando no tengo palabras para expresarlo todo y mi piel hierve fuego. Cuando intento de mil maneras ser visible y me atropello con la desposesión en carne propia.

¿Puede un cuerpo abusado reivindicar la belleza? ¿Somos dueñxs de nuestros cuerpos? Porque parece ser un envase que llevamos a todos lados, pero que no nos pertenece. Que acompañamos como si lo viéramos desde afuera, pero del que no tomamos control. Un cuerpo del que no podemos apropiarnos porque alguien ya lo hizo por nosotres en una tempestad violenta que arremete contra el consentimiento. Es un acto de expropiación. Es una escena que quiere esconder la trama patriarcal que nos oprime manteniendo políticas conservadoras. Librándonos al azar.

Cómo te cuento las violencias que nos atraviesan cotidianamente. Cómo te cuento un hecho oscuro sin relato. Quisiera que tocarme compulsivamente la celulitis de mis muslos sea solo un pasatiempo divertido. Que mirarme al espejo no me dé miedo. Que tengas la valentía, al menos, de admitir que levantas pancarta por las víctimas que salen por televisión, pero no podés empatizar conmigo, hermana, hija, que descubrí mi historia, al parecer, demasiado tarde. Y no hice nada de ruido.

No seamos indiferentes con lo que no viene en un envase dramatizado. No es menos grave si le pasó a tu vecinx, a tu amigue, a tu hija o a tu hermana. No es menos grave si no hay lágrimas de cocodrilo o denuncia judicial, si no hay escrache o condena pública. No es menos grave aunque no te conmueva y reine el silencio. Las violencias existen aunque no tengan lugar en el espacio mediático ni estén gastadas de brillo.

Cómo te digo que la fuerza de Thelma es la excepción y los Darthes son la regla.

Foto: Macu Quelle

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