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14 diciembre, 2018

SE CAE LA CARETA, SE CAE EL PODER

Por Revista Reviradas

Juan Darthes no es un caso excepcional. Es uno más de montones. El relato de Thelma lo podemos contar muchas, y por eso a raíz de su denuncia y su empuje, empezaron a llegar denuncias de abuso por todos lados. De una compañera, de una prima, de un amigue, de nosotras y nosotres mismes.

Pero cuando todes pensábamos que las declaraciones y los acontecimientos fueron contundentes y nos preguntábamos dónde se escondería Juan Darthes después de la conferencia de prensa de Actrices Argentinas; apareció la defensa. La cola del patriarca asoma.

Vimos a Dhartes por la TV diciendo que la denuncia es falsa; que él no violó ni acosó; que Thelma tergiversó la historia a su favor; y que él ya está muerto (sic). Juan dice que él no fue, que es inocente. Dice que Thelma miente.

Llama la atención la convicción de Juan que, como si todo fuera una polémica de la farándula, sale fresco por la TV diciendo que acá no pasó nada. ¿Quién o quiénes le dan esa seguridad? ¿Quiénes son los machitos que le prestan el colchón? ¿Quién es el abogadx que lo defiende?

Además, es un acto revictimizante el salir a acusar de mentirosa a una mujer que acaba de exponer ante toda una sociedad una situación de vulneración, de fragilidad, de vergüenza.

Claro está que la violencia machista tiene sus sostenes. Pensar en el rol del periodismo y el uso de sus dispositivos tecnológicos es un plano importante en la construcción de sentidos sociales. Es por ello que nos preguntamos si los medios deben entrevistar a Juan para conocer su versión de los hechos; si tienen que darle voz; si tienen que ponerse a buscar otres artistas que hayan compartido con Juan y den su opinión al respecto; si tienen que pedirles a las otras denunciantes que cuenten otra vez su historia de abuso con Juan.

Pero una cosa es lo que tienen que hacer los medios de comunicación, y otra cosa es lo que compete a la justicia. Y esto no quiere decir que no haya puntos en común o de retroalimentación. Entre tanta información y tanta viralización, resulta oportuno pensar qué es lo que debemos decir y hacer para terminar con las violencias. De seguro no es bueno que se farandulice la denuncia de Thelma. El hecho de que la violación denunciada involucre a actores y actrices, no tiene nada que ver con el espectáculo.

Por un lado necesitamos que la justicia avance, que la denuncia de Thelma no quede en la nada. Y también precisamos que los varones se repiensen, se hagan preguntas, y que dejen sus privilegios. Necesitamos que todas las denunciantes estén acompañadas y contenidas. Necesitamos que existan respuestas y justicia.

Es por ello que nuestra acción feminista podemos pensarla en dos planos –y muchos más si quisiéramos, claro-. Por un lado en el campo de las ideas, y por otro lado en las políticas públicas. Venimos dando buenos pasos visibilizando las desigualdades de géneros y poniendo la agenda feminista en las agendas políticas, mediáticas y personales. Pero además, se requiere que haya mecanismos y marcos legales para que todas las personas que sufren abusos sexuales y violencias sexogenéricas puedan denunciar y haya justicia.

Es en la transformación de ambos campos donde podemos modificar las estructuras y por ello tenemos que ajustar nuestra práctica política feminista para que las victorias en lo cultural se vean materializadas en las regulaciones estatales.

El abuso sexual y las violencias machistas tienen que ser condenadas socialmente y eso se tiene que ver reflejado en políticas públicas como así también en una condena legal para los denunciados. A su vez, se debe garantizar el acceso a la justicia para todes, y no sólo para riques y famoses.

Por eso debemos pensar cómo superar las trampas del patriarcado y conseguir andar en los dos planos a la vez y lograr que las instituciones patriarcales tengan acciones feministas. ¿Cómo lo hacemos? Estamos un paso adelante sabiendo qué es lo que está mal y lo que no queremos, y teniendo activa una gran marea verde. Partamos de ahí para transformar a las personas que van a transformar a las instituciones y al mundo, como decía Freire.

Estamos batallando en los relatos que circulan por la sociedad, en las jerarquías que establecemos para las cosas, en las valoraciones que hacemos y las acciones que exigimos.

Y lo hacemos hablando donde antes no teníamos voz, y en esa palabra contagiamos a otres, y nos vamos dando cuenta que las opresiones son diferentes y variadas, pero que todas tienen un mismo opresor. Y en ese descubrimiento nos asumimos feministas, y hablamos.

Juntes podemos animarnos a romper con lo establecido. Nos animamos porque vemos denunciar y luchar a nuestras compañeras y compañeres. Porque tenemos ejemplos y guías, de personas de carne y hueso, que nos han mostrado otros caminos posibles.

La dinámica social nos dice que es con las luchas del pueblo como avanzamos en más derechos. Porque hubo un Ni Una Menos, un No es No, un Yo Sí Te Creo, un Aborto Legal Ya, es que puede haber un Mirá Como Nos Ponemos.

Thelma convirtió el mandato patriarcal del silencio en consigna feminista. Transformó la vergüenza patriarcal en fortaleza colectiva. Terminó con la obediencia y la sumisión.

Thelma, Calu y todes les pibes que se animaron y se animan a denunciar, cumplen una tarea didáctica, una praxis re-educadora. Estas mujeres nos enseñan que podemos ser de otros modos, que no tenemos que aguantar todo, y que la farsa de las telenovelas y los galanes son sólo para el canal Volver.

Foto de Luisa Magdalena

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