16 diciembre, 2018

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20 noviembre, 2018

ME SALE MAL

Por Azul Verzura

“No sos como todas las demás” “tenes algo especial” “qué inteligente que sos para tu edad”, se escuchan entre sábanas mientras busco mi ropa interior un poco desesperada por la hora y otro poco porque me quiero quedar. Pero espero a que me invite. Espero todavía. Lo hago lento, actúo pedirme un auto, lavarme los dientes, vestirme. Actúo no estar movilizada por el sexo increíblemente humano que acabo de tener. Actúo no sentir que siento la primera vez un orgasmo totalmente libre de prejuicios y frenos patriarcales. Tengo la mirada perdida porque realmente no quiero que se dé cuenta todo lo que me está pasando. No quiero que se dé cuenta porque yo tampoco me quiero dar cuenta qué es lo que me pasa. No quiero saber ni entender que es esto que me hace ruido en la boca del estómago que no es hambre. Respiré profundo cuando me abrazó y me dio un beso en la frente. Sentí que se me estrujaba el corazón de tranquilidad. Entre beso y beso, el deja vú del corazón roto y de la mala comunicación se me viene a la cabeza para interrumpir el momento lindo que estoy viviendo. Un poco me alejo y medio incomoda dejo de actuar que me voy y me voy de verdad. Huí. Aunque después de unos días, volví.

Cuando comenzas a decidir con quién tener sexo y con quien no, qué queres y qué no, te volves una caprichosa. Te volves exigente, dura, pragmática, fría, cálida también. Te volves eso que siempre quisiste ser: Vos.

Qué difícil ¿no? Cuando te encontras en ese cerco que te acorrala, que te hace sentir una ola de emociones tan contradictorias que te perdes tanto que te olvidas de sacar el freno de mano. Tanto para arrancar como para apagar el auto.

El freno de mano siempre lo tuvimos puesto. Por las dudas no les creamos cuando nos dicen cosas en el sexo, no les creamos si nos dicen cosas lindas, no seamos muy afectuosas ni tampoco muy frías, no lo invites a salir pero tampoco te hagas desear mucho, limítate pero no tanto, se espontanea pero no tan avasallante. ¿Qué hago? Digo. Y vuelvo a lo mismo, actúo porque finjo no sentir. Porque finjo que no me interesa mientras las preguntas que se me producen en la cabeza me dejan irme de donde estoy a irme de nuevo al laberinto de inseguridades que el machismo me instaló.

Reitero, ¿Qué hago?

Dentro de la ola de liberación y coraje que pude reconocer e integrar a mis maneras de relacionarme, se vuelve muy difícil que mi feminismo sexual sea aceptado y entendido dentro de una sociedad en la que, estés con quien estés, hay un chip machirulo instaurado.  Ser feminista implica también modificar y cuestionarse todo lo que una o une hizo y vivió. Y por supuesto, comenzar a incorporar toda esa revolución al mosaico de situaciones que vendrán.

A las mujeres nos educaron con el amor romántico y la realización y completud a través de un novio. Sin el novio, te falta. Podrás tener una carrera impecable, un cargo político, un grupo de amigas excelente y un trabajo estable, pero si no tenes a quien llevar a los casamientos o almuerzos familiares, te falta. Siempre nos falta algo para cumplir el deseo del otro -tan demandante y molesto- que hasta, a veces, se lo cumplimos para que cierre la boca un rato.

La heterosexualidad y el amor romántico, el heteropatriarcado y los feminismos son un rizoma constante de significados que generan nuevas maneras de entendernos a nosotrxs mismxs. Cómo mostrarnos, qué mostrar, si esto sí o si esto no. Hasta dónde y si sigo con vos o me voy.

No solamente fuimos (mal) criadas dentro de un ideal de amor -imposible- sino que también nos instalaron la manera por la cual ese príncipe azul nos aceptaría. Calladas. Y no, se les vino la ola encima y nosotras estamos empapadas de feminismo.

Con el tiempo revolucionario y nuestro enojo sublimado a las nuevas actitudes de los tipos, logramos cambiar un poco el paradigma y comenzar a saldar las batallas ganadas. Él no es no, y el sí es sí. La comunicación con el otro –hablando heterosexualmente, pero puede ser aplicado a cualquier género o disidencia- nos aterraba. Hoy, la paciencia se agotó y lo único que nos aterra es cruzarnos con un pelotudo (que abundan).

Me pregunto ¿cómo hago para evitar pelotudos si los pelotudos te demuestran que son pelotudos luego de haberte involucrado? Parece una especie de catarsis o de sesión de terapia pero no lo es. Creo que es realmente un problema el que estamos atravesando. Nuestro avance abrupto y a su vez la confusión de no entender para dónde ir. Digo, me enoja que sean todos pelotudos. Pero, ¿por qué me enoja? ¿Porque no voy a conseguir novio y eso sería todavía sentir esa falta que los domingos al mediodía se me presenta en la mesa? ¿Me enoja o me frustra no cumplir mi propio deseo actual de sentirme acompañada durante esta etapa de cambios radicales sexual y afectivamente? ¿Hasta dónde es mi deseo y no del otrx?

¿Qué son los sentimientos encontrados ante las 3 frases cliché que me dijo el tipo que me acompañaba? Son sentimientos encontrados porque amé lo que dijo y a su vez, quería que se detenga a explicarme cada una de ellas entendiendo que ninguna mujer se mide con otra y que la edad no mide inteligencia y por encima de todo, la incoherencia hace a la estupidez.

Quizás escribiendo esta nota de opinión breve sobre cómo sobrevivir ante la frustración de no poder entablar un vínculo con un tipo porque, por lo que parece, son todos imbéciles, pensé:

Es momento de permitirse enfrentar, poner límites, ser libre y encima de todo, sentirse bien. Gritar, si es necesario, putear también. Invitarlos a salir, ¡que nos rechacen! No le tenemos que gustar a todxs. Pedirle una remera si estas con un vestido incómodo. Preguntarle, si queres, qué siente, qué quiere. Darle besos y quedarse con los hechos.

Y para vos, que estás del otro lado, medio confundido y con un poco de contradicciones en cuanto a tu de-construcción te digo: deja el papel de pelotudo, que no nos gusta más. Deja el papel de misterioso y deci la verdad. Dejate ser, que estamos bien.

¿Qué tiene de malo que nuestro amor dure una sola noche?

De nuevo con el tiempo y el amor romántico donde lo duradero es lo hermoso y lo corto, no existió. Donde cuánto más mejor, pero si estas bien o mal es lo de menos.

“A ver si éste te dura”

Yo no sé si él me va a durar.  No sé si tampoco quiero pensar en eso. Mientras una se va liberando de los prejuicios y maneras de crear vínculos, llega ese comentario. Es un taladro dentro de una herida abierta que no para de sangrar, pero que venias piloteando. Qué difícil es para nosotras, feministas, entenderse como sujetas sufridas y hoy enojadas y divertidas. No sé si él me va a durar. Durará lo que tenga que durar, pero bien.

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