20 septiembre, 2019

Revista feminista y popular

Relatos

20 noviembre, 2018

La campaña del feministo concientizador

Por Yanina Garin

Aplaudimos al tipo que nos viene a decir lo evidente. ¿Acaso alguien no acuerda con que el maltrato está mal? El problema es estructural, nadie va a decir que la violencia explícita, palpable o los moretones de colores están bien. Ni siquiera un golpeador lo dice.

No se termina la desigualdad sistemática a la que nos somete el patriarcado porque vos, hombre bueno, le digas a otro que no me acose, ni me violente. Sin duda alguna, está bien que lo hagas, pero no porque te lo pide una campaña que tiene la intención de concientizar, pero que al mismo tiempo – creeríamos que sin intención – escuda al tipo que ‘quiere mal’, porque aprendió a vincularse con las mujeres de una manera nefasta y ahora que ya lo entendió va a querer bien. Al margen de que por supuesto si en la vida real me acerco a un viejo de estos para decirle que se calme y no sea machirulo, probablemente terminaremos en una discusión sin fin donde el ejemplificará con esas situaciones excepcionales de mujeres violentas o asesinas. Tal vez para esto recurra al noticiero o a una serie de televisión, su único universo de abstracción.

Pero retomemos la cuestión de ‘querer mal’, en la cual se legitima que hay formas posesivas de querer. Ese pequeñito error se cobra vidas: acá se nos fuga toda la energía y se pierde de vista que el hecho de depositar esperanzas en un violento y creer que va a cambiar es la semillita de la que nace el círculo de la violencia.

Ay que pesada la feminazi, nada le viene bien.

Lo que aprendemos con el feminismo es a cuestionarlo todo, por las dudas, porque hay cosas encriptadas en las prácticas más inofensivas, que abarcan desde dar el asiento a una piba sin dudarlo hasta que nos haga ruido si los varones juegan con la cocinita. Los estereotipos están tan arraigados, que realmente cuesta ver que detrás de ellos se esconden relaciones de género injustas y desiguales que será primordial problematizar a la hora de repensarnos.

Los objetos más peligrosos del sistema patriarcal son aquellos que tienen la capacidad de ir complejizándose (refinándose) al mismo tiempo que ganamos terreno. Lo que ahora es evidente que no se debe hacer, como violentar físicamente, violar, matar o acosar (hasta ahí nomás) ha mutado en mecanismos invisibles donde podemos caer en cámara lenta, sin siquiera percibirlo.

Un video en sí mismo no cambia nada, no nos deja volver seguras a casa, ni logra que los machos presuntamente violentos se vuelvan mágicamente hombres deconstruidos. No al menos si ese contenido solo se reproduce y comparte sin sacarle provecho alguno, sin llevarlo primero al debate. El consumo vacío nos deja ese saborcito amargo de las sobras de una cerveza caliente que creíste estaba bien tomar porque no sabías que había una fría para destapar.

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