16 diciembre, 2018

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16 noviembre, 2018

LOS VARONES AL ENCUENTRO

Por Natalia López y Juliana Szerdi

Para quienes creemos que el patriarcado se va a caer con la participación de todes, todas y todos, es importante promover la deconstrucción de los roles y estereotipos de géneros, entendiendo que el mandato patriarcal corre para todxs por igual, aunque los privilegios sólo sean para algunos.

En tiempos de marea feminista, ponemos en jaque al macho hegemónico y aprendemos sobre las diferentes masculinidades posibles. A días del Encuentro Latinoamericano de Varones Antipatriarcales, y con el entusiasmo de profundizar más sobre estos temas, conversamos con Germán Romoli, quien es licenciado en trabajo social de la Universidad de La Plata y desarrolla su profesión en estudios de masculinidad en el Área de Género y Diversidad Sexual (LECyS) de la Facultad de Trabajo Social-UNLP.

¿Cuáles son los privilegios que tienen los varones cis de los cuales tanto se habla y se critica?

Cuando hablamos de privilegios tiene que ver con cuestiones que por el hecho de  nacer con un pene y entrar en la matriz heterosexual, dispones de algunos recursos que otras personas no disponen. Privilegios es no lavar los paltos, poder caminar por la calle a cualquier hora, arrogarse en la barra de un bar sin que vengan e intenten encararte otras personas, viajar solo sin que nadie lo cuestione. Incluso tiene que ver también con lo socialmente esperado, ya que de los varones no se está esperando que cuiden enfermos porque no saben como, entonces cuando hay una pareja que un suegrx se enferma y está ahí el debate de ‘cómo hacemos para resolverlo’, se está esperando menos que el chabón vaya y se haga cargo de cuidar al vijex, sabiendo que cuidar a un viejx es un embole para cualquier persona, en cualquier circunstancia.

¿Y en una organización política cuáles son esos privilegios?

Lo que pienso como privilegios en una organización es la forma de acceder a cargos de decisión de una manera más fácil o con menos trabas de lo que puede acceder una mujer, que es muy parecido a la fórmula del ‘techo de cristal’, que sucede también en los trabajo y en la academia. La otra cosa que puede pasar con las orgas es la prioridad respecto a cómo se instalan los temas o no, por ejemplo que el tema de género no esté nunca en agenda, y ¿quién decide la agenda? También en la capacidad representativa, esa voz varón que pareciera que tiene más poder que una voz de una compañera. Se trata de una representación que no pertenece a la organización sino al sistema patriarcal y que es transversal a todo. Otra cuestión es el peso de la voz en las asambleas, que se puede pensar como hiper democráticas, porque es sabido que las asambleas empiezan con las mejores intenciones y que en un momento cuando se empieza a poner picante la cosa y hay que tomar decisiones, empiezan a primar algunas voces que habitualmente son de varones, y que habitualmente priman esas voces porque se eleva la voz, porque el tono de voz es más grave, porque incluso hay unos gestos corporales que empiezan a ser más vehementes y eso también se trae de otro lado, no se genera en la organización pero se usufructúa hacia el interior. Mágicamente te encontras que las decisiones son las de tres chabones, por sobre otras propuestas.

Hay un ejercicio patriarcal de la política contra otras lógicas feministas, como fue en las elecciones de la UBA donde hubo todas compañeras al frente y el resultado fue que las elecciones cambiaron bastante el cáliz, considerando que siempre son bastante violentas.

Si, hay un desvalor respecto de las funciones, donde sin querer queriendo se está colando esta cuestión patriarcal que resulta que lo racional es lo que no llora –o quienes parecen qué-. O que en ciertos espacios saben expresarse de una manera y que justamente coincide con la masculinidad. Por eso es interesante no pensarlo solamente en términos biológicos, para que esto no sea reproducido en formas de lógica de acción. Porque te vas a encontrar con una organización en un momento, no va a haber varones, van a ser todas mujeres ¿y ahí que va a pasar? Porque eso no anula que exista el patriarcado. Existen experiencias de violencias en parejas de mujeres homosexuales.

Las mujeres tenemos que masculinizarnos para hacer política y que no nos avasalle un varón…

Si, y como forma de imprimir un certificado de confianza. Eso es un problema. Hay que bancarse poder debatir también con gente que no está en tu sintonía, porque una cosa es alguien que tiene una trayectoria política y otra es alguien que recién entra a la organización, porque están pensando el campo desde dos lugares distintos, por eso hay que bancarse esperar al compañero, también hay que bancarse debatir y tratar de consensuar con gente que tal vez está en otro plano afectivo. Lo que marcamos siempre es que el problema no es que haya afecto o no haya afecto, el problema es que lo emocional sea marcado como algo negativo. No está mal que de pronto en una asamblea alguien se largue a llorar, no tiene que ser visto como algo malo. O que alguien tenga gestos no masculinos. Eso es lo patriarcal.

Esas lógicas son también las que a nosotras nos generan dudas. Nos tacharon toda la vida de emocionales y al final lo nuestro parece más democrático, o por lo menos de escuchar al otre que está ahí y no querer avasallarle. En este sentido, nos parece que está bueno repensar las lógicas de la militancia.

Si, o tal vez poder establecer que si la persona está gritando sea porque es vehemente. Porque una cosa es que vos seas bruto, bruta, que puede pasar, y otra cosa es que vos uses ese recurso para sobreponer una decisión. Ahí es donde está la pregunta y la deconstrucción. Deberíamos sacarle la connotación positiva al hablar gritando.

En esta caracterización que estamos haciendo de cómo se asumen y reproducen posturas y conductas patriarcales al interior de las organizaciones y en el vínculo con otras orgas, los varones cis que lo realizan, ¿lo hacen con convicción o asumen esa postura por cumplir con el mandato?

¿Escuchaste alguna vez a un dirigente decir ‘no se que hacer y estoy cagado hasta las patas’? Existe esa posibilidad de decir también ‘che, estoy perdido pero estoy a cargo de esta situación’. Eso también es masculinidad. Porque seguramente la persona por dentro siente que no entiende o no sabe cómo se hace. Eso también es algo a poder trabajar. Cómo se construye la posibilidad de la decisión colectiva y dejar de pensar al líder todo el tiempo, y que encima se atribuye características masculinas en esa lógica. La idea generalizadora de que los varones están todos cómodos con su masculinidad es tan falsa como asumir que todas las mujeres son sensibles, o que todas quieren tener hijes. Hay que encontrar cómo esos varones están disconformes con su masculinidad porque es la forma de entrar a la deconstrucción básicamente.

Mural realizado en el 6° ELVA en Santiago de Chile en 2017

Pasa mucho que el acercamiento de los varones cis al feminismo es pensar lo que nos pasa a las mujeres y no pensar lo que le pasa a ellos…

Ese es el otro sentido común problemático que hay, que es esta idea de pensar el género con lo que le pasa a las mujeres. Los varones se acercan al feminismo o a los espacios de género, pensando en el espacio de las mujeres pero sin pensar qué tienen que ver ellos respecto a eso que le pasa a la mujer. Porque está perfecto que existan los espacios de mujeres, pero cuando se forma un espacio de varones tienen que pensar ‘que estoy haciendo yo para que justamente las mujeres tengan que hacer un espacio para deconstruir un montón de cosas’. Me parece que eso es donde los varones encuentran un lugar cómodo, porque está buenísimo juntarnos con otros varones a ver como hacemos para ir a la marea, o el debate de si vamos al encuentro o no… Hay que volver a lo relacional y pensar cuál es el problema que eso está generando porque no todo es un problema y no todo implica una deconstrucción. Alzar la voz en sí mismo no es un problema, es un problema cuando eso está influyendo en una decisión colectiva. Es una lupa muy finita, ahí es donde me parece que hay que laburar y deconstruir masculinidades. Sino es aggioarnarse y cambiar para que nada cambie… ahora los chabones lloran… pero no es eso. No estamos buscando que los chabones lloren, está perfecto si para vos era un problema que no podías llorar, pero estamos buscando que no ejerzas poder, o que las compañeras puedan circular por la calle.

Entonces el lugar del varón en la lucha feminista sería abocarse a deconstruir esas lógicas de poder.

Si, porque aparte la sensación en términos de teoría feminista está todo más o menos escrito, poder reponer lo relacional es lo fundamental. Eso es lo que está diciendo el feminismo. Arrancó en el siglo 18 proponiendo esta situación de opresión de la mujer, pero denunciando al opresor básicamente. Entonces lo que le toca al varón es leer el segundo sexo de Beavour y ubicarse en el lugar del opresor. Ponerse a pensar qué es lo que está haciendo él respecto de eso. Y ahí me parece que hay dos líneas, que una es la colectiva y otra es la personal, porque sino queda todo muy liberal tipo ‘cada quien vaya a terapia y se arregla solo’, y no es eso. Lo que digo es que no todos los varones están en la misma situación. Podes tener un compañero que sea super copado en la asamblea, cómo cede la palabra, cómo escucha, cómo acepta, etc., es decir que en términos de compañero de una organización no hay ningún conflicto, pero en lo personal establece vínculos que son problemáticos. Y se dice ‘bueno, eso es un vínculo personal de él’…

Si, como decimos nosotras, que lo nuestro personal es político, lo de los varones también…

Claro. En términos teóricos no hay mucho más que hacer, solamente me parece que el esfuerzo es que la pelota le vuelva a la cancha a ellos. Porque hay mucha facilidad para justificarse y la pelota vuelve al lugar de la mujer. Hay compañeros varones super progres que militan acá (en La Plata), y vuelven al interior de la provincia a sus casas, y la mamá les sigue cocinando, les sigue lavando, y bueno, hay algo ahí que no está funcionando. Si vos crees en la construcción colectiva y en el consenso, es muy probable que seas así con tu pareja, con tu familia, con tu hijx, con tu compañere de estudio. Y es muy probable que eso lo lleves a todos los planos de tu vida, si te cayó la ficha.

O cayó y queda ahí. Suelta soltar el privilegio, ¿no? Lo vimos pero no lo largamos.

Y sí, es eso también…

Vos decías que el privilegio del varón tiene un costo para él…

Esto tiene que ver con lo que decía antes de encontrarle a cada masculinidad su incomodidad. Hay un montón de cosas que los varones no se dan cuenta de que es un privilegio. Y hay otro un montón de cosas que los chabones tampoco saben que son los costos sanitarios, de salud, de calidad de vida. Hay unas estadísticas del año 2008, ahora debe ser peor, que tiene que ver con que los varones son los que se mueren más jóvenes, se suicidan, se mueren en accidentes, desertan escolarmente, se aguantan la angustia y no consultan a la psicóloga ni piden ayuda externa. Hay estudios que muestran que pareciera que tenes la sartén por el mango pero que te está costando un altísimo nivel de calidad de vida de que la estás pasando como el orto todo el tiempo, no dormís, estas de mal humor, no te reís, no te expresas… no se si está tan bueno. Poder evidenciar eso me parece que es el talón de Aquiles.

Entonces, para la deconstrucción, ¿Es bueno que los varones tengan espacios propios para charlar?

Está la cuestión de que los varones están re felices cuando hay estos espacios, se re copan, pero a medida que pasan los encuentros vienen cada vez menos. Ahí hay una contradicción. Te gustó pero no te la bancaste. Y hay una poca tradición histórica de espacios de varones. Los varones se juntan a jugar a la pelota, y chau. Y es un tema que se auto genere un espacio así…

¿Y por qué pasa eso?

Por la masculinidad, porque no te hace falta, porque no te estás dando cuenta que eso es un problema. Pasa un poco por la homo-sociabilidad. Las masculinidades hegemónicas se están midiendo todo el tiempo. Si bien requieren de la presencia de la mujer -en términos de madre para nacer y criarse, o en términos de pareja o de necesitar estar con muchas mujeres-, con quien se juega el prestigio es con otros varones. Entonces cuando se junta con otros varones es para demostrar el éxito que tienen, y hay muy poco lugar para demostrar y conversar de los problemas. Cuando se juntan un par de amigos a tomar una birra es muy poco probable que se cuenten las penurias de amor o lo mal que les va con la pareja o los problemas que están teniendo en el trabajo, sino que dicen ‘el pelotudo de mi jefe’ o ‘la hinchapelotas de mi mujer’, entonces eso es homosociabilidad, es decir, nos juntamos para bancarnos pero sin hablar de nada y para reforzar ese prestigio que estamos teniendo. Y en términos de masculinidad, quien a mi me habilita que soy un buen varón que accedo a los privilegios son otros varones, no son las mujeres. Yo uso a las mujeres para acceder. En esa lógica yo encuentro que es muy poco probable que los varones por motus propio se terminen colectivizando para problematizar algunas cuestiones. Por eso la presencia de alguien ajeno y externo tiene que ver con poder sostener la dinámica de la responsabilización y no la justificación. Es más de la práctica no tanto lo teórico. No son encuentros intelectuales, leer no te hace feminista.

¿Y los espacios mixtos para charlar también suman?

No tengo una posición cerrada, pero pienso que en un punto tiene que ser eso, porque no somos seres aislados, estamos todo el tiempo en contacto con otras personas y con otros géneros. El problema no es trabajar con las personas interpeladas, es decir, trabajar con un varón interpelado es lo más fácil del mundo, es alguien que se hace un montón de preguntas o se siente culpable y esa culpabilización la transformas en responsabilidad y entonces podes trabajar. La pregunta es cómo haces para trabajar con aquellas personas que no están interpeladas. Hasta que a esa persona se le genere un malestar, me parece que la tarea es generárselo.

Los compañeros tienen que hacer los cambios en términos ideológicos y no sólo para aparentar.

Si, y la otra cosa que para mi es interesante, tiene que ver con cómo son las prácticas cotidianas. Porque hay algo que es un bajón y que es plantear la tallerización de la vida. Incorporar tal vez la práctica de poder marcarle la responsabilidad a los varones pero de una forma más cotidiana y más instantánea. El protocolo está buenísimo, pero si vamos a tener que protocolizar todo, es la burocracia, ya está, perdemos lo humanamente posible.

Al varón que se deconstruye, ¿se lo llama feminista?

Habría que ver el nivel de pregunta que tiene, el proceso que ha llevado. No creo que el feminismo sea algo biológico, o sea, asumir que todas las mujeres que llevan pañuelo verde son feministas, es un problema. Porque el feminismo en todo caso no va por el aborto sino que en todo caso va por la igualdad de las relaciones. Sacando lo esencialista, lo biologicista, digo, sí, un varón puede ser feminista, pero serán sus pares quienes acrediten esa condición y no él desde su ego.

Foto de pintada en el 3° ELVA en La Plata en 2014

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