17 julio, 2019

Revista feminista y popular

Relatos

7 noviembre, 2018

MARINA DE NOCHE

Por Gaby Berardi

LADY MARINA caminaba con su vestidito rojo por Las Heras y Pueyrredón. El vestidito le quedaba tan cortito que podía verse desde lejos hasta el desayuno que había comido esa mañana. Las viejas narigudas con anteojos de carey pesados cotilleaban al verla pasar y hacían muecas de asco y repulsión -“Esa puta impúdica no tiene vergüenza”-.

MARINA fue tragada aquella noche calurosa de verano por una enorme Estrella en forma de BMW y se trepó en ella sin saber que la estrella era manejada por un hermoso Príncipe de bucles rubios hasta los hombros, enormes ojos verde esmeralda y el cuerpito de un hombre que todavía tenía huellas de adolescente en celo.

Quedó hipnotizada ante tanta belleza gratuita y voló con su estrella hacia un hermoso departamento ubicado en Callao y Juncal. Al entrar en la noche, el cielo era un departamento de soltero impecable, con paredes tapizadas en colores azules, una cama en el centro con un hermoso colchón de agua y entre la cama y el cielo una enorme pecera en donde habitaba una concha marina, iluminada desde algún lugar por una luz azul violeta.

MARINA y el Príncipe se amaron desesperadamente en el colchón de agua mientras jugaban a la enfermera y el paciente. “Tómeme la temperatura, enfermera”. Ella eligió el termómetro rectal y el paciente se acomodó boca abajo dejando asomar un culito blanco con unas nalgas color de nácar que hubieran hecho arder al Romeo de ZEFIRELLI.

“El Príncipe y la Corista” se revolcaron sobre ese mar que los mecía y pegaron aullidos de placer entre los movimientos rítmicos de lenguas, culos, charupas y pies. Son las cinco de la mañana, amanece y la enfermera debe dejar al paciente.

El Príncipe le pide de rodillas que lo llame a su celular y que se van a ver en ese inmenso cielo todos los días para repetir las sesiones de medicina preventiva. Hipnotizada y ya enamorada del Príncipe, MARINA atraviesa la Plaza Las Heras totalmente enloquecida por su nuevo título de LADY NURSE.

Al día siguiente llamó insistentemente al celular del Príncipe, pero una voz casi inhumana repetía: “El número no corresponde a un cliente en servicio.” MARINA volvió la noche siguiente al departamento de Juncal y Callao pero no tenía idea de cuál era el piso. Miró hacia todos lados pero no había ni rastros del hipócrita Príncipe. Caminó como zombie hasta Plaza Las Heras y ya en el parque se subió a un banco de mármol gris y se sacó el vestido rojo, quedando en un hermoso conjunto de lencería negra. Las viejas narigudas comenzaron a mirar horrorizadas y empezaron a llegar cada vez más y más para ver la escena que ocurría enfrente de sus narices.

A MARINA le habían crecido dos alas de ángel y comenzó a tomar posición de vuelo, en un instante salió dirigida como un hermoso Pájaro Rojo y las viejas llegaron a verla cuando iba aleteando y se adentraba muy profundo en la luna redonda y brillante. Estupefactas las mostras se fueron del lugar para comentar lo que había pasado. Nunca se supo más nada de MARINA pero cuenta LADY IVANA, su hija natural, que todas las noches se puede ver a una extraña dama, vestida de rojo sentarse durante cinco minutos en el banco de la plaza a fumarse un cigarrillo.

Otros cuentan que la vieron pasearse desnuda por el mismo lugar con una peluca de bucles rubios en una mano y un par de ojos verde esmeralda aprisionados con fuerza en la otra.

Las viejas narigudas huyeron a otros barrios, dicen, que en el departamento de Callao y Juncal escucharon gritos de dolor en un piso desconocido. Y que durante las noches de verano, en esa esquina se desatan temporales de viento y ráfagas de pétalos de rosa. Inexplicablemente un fantasma se convirtió en pájaro para hacer justicia.

Foto de Sebastián Cocucci

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