17 julio, 2019

Revista feminista y popular

Relatos

14 septiembre, 2018

¿QUIÉN SOY?

Por Lui

No puedo olvidar el día en que cuando volvía del colegio, con el delantal blanco en la mochila, el sol fuerte y la calle de tierra, ya a 3 cuadras de casa, mientras caminaba por el paredón del cementerio que llegaba hasta la esquina de casa, me persiguieron 4 chicos, en sus bicicletas llenas de óxido, se pusieron a la par y decían, ¿sos hombre o sos mujer?… ¿Por qué te vestís así?! ¡Hey!
No contesté hasta que empecé a correr rápido y con el corazón a mil, y ellos pedaleando al lado, paré y llorando, con mucha angustia pregunté, qué quieren?! qué quieren!?? Repetí
Los pibes me miraron absortos y uno dijo, dejemosló. Y se fueron. Tenía 9 o 10 años.
No puedo olvidar las veces que mi viejo, mientras me llevaba a algún lugar en auto, me decía, te veo y no se sabe qué sos, si hombre o mujer… pareces un andrógino. Mientras yo lloraba.
Recuerdo las veces que me dejaron elegir mi corte de pelo, y mi viejo, se enojaba por que era corto y me compraba aritos. Las veces que en el colegio técnico pibes de otros cursos, se me cagaban de risa en los talleres de trabajo, porque no sabían si era un pibe o una piba.
La vez que a los 14 años me quisieron robar, a las 4 de la mañana, volviendo solo a casa, me agarraron de atrás, con navaja al cuello, que seguramente no tenía filo, y me dejaron ir cuando dije que era una chica, amenazándome que si llegaba a ser un pibe me iba a dar un puntaso.
De la vez que con mi primer novia nos tuvimos que ir de una plaza porque un pibe nos decía si son putos los cago a palo, mirándonos fijo.
La vez que mi viejo me colgó de la capucha del perchero del baño.
Las veces que me aguanté de ir al baño, para no pasar una situación de mierda, que me digan que ese era el baño equivocado. En el colegio, en el boliche, en los locales…
Las veces que mi viejo perseguía con violencia a mi madre y la corría por la casa, mientras yo, en mi cuarto sin hacer un solo ruido como si no estuviera ahí.
Las veces que no me dejaban cerrar la puerta de mi habitación.
Las veces que me interrumpieron en mi adolescencia pajeándome.
Las veces que no quería garchar con varones pero igual lo hice.
Hasta hace poco seguía ocupando espacios, que no son míos o del todo míos, mas bien compartidos y seguía haciendo eso. Hacer y dejar todo como si yo no hubiera estado ahí, sin dejar rastros, ni hacer ruido.
Y a mis 26, me pregunto, si voy a poder estar bien. Si ésta sensación de que todo es una mierda se va a ir, si voy a dejar de sentirme culpable, si voy a poder manejar mis emociones, no ser tan inmaduro y no estar tan atrapado en esta angustia. Ojalá…
Hubiera caído ese techo sobre mí la punta de la reja me hubiera abierto al medio.
Hubiera quedado pegado a ese cable más tiempo.
No puedo reconciliarme ni con las cosas ni conmigo.
Soy tan poco hombre, nada femeninx, amante nefasto.
A un año de haber escrito lo anterior, pienso que tengo y tuve muchos privilegios, tuve acceso a libros, no me dejaban ver televisión ni jugar videojuegos, así que le encontré el gusto a eso. Me llevaban a la biblioteca de la Cámara de Diputados, o a la de la Cooperativa de Electricidad, que eran las dos más grandes en ese momento en la ciudad y me pasaban a buscar dos horas después, y eso me encantaba. Me compraban libros
cuando podían, me llevaban al cine, o a ver obras de teatro. Me dieron afecto siempre que pudieron. Viajamos a muchos lugares. Nunca faltó la comida. Pude acceder a estudios, ahora estudio en la universidad.
Crecí. Quizá lento, poco, pero crecí y sigo creciendo.
Y reconciliarme con las personas que pasaron y siguen estando en mi vida, y entablar nuevos vínculos sanos, es posible. Gracias a todo eso, soy la persona que soy hoy.

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