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31 agosto, 2018

Pensamiento decolonial mientras lavo los platos

Por Cyn Var

Línea de fuga matutina…

Escribo para liberar mi mente de un pensamiento que me apareció hoy a la mañana y se puso intenso mientras lavaba los platos de anoche antes de irme a trabajar y mis peques seguían durmiendo por no tener clases. Además de todo lo que tenía que dejar listo para el resto del día, porque se quedan solxs hasta el mediodía que llega Belu, que me “ayuda”. Los cuida a ellxs por un salario, que representa el 25% de mi sueldo, por lo cual sin su trabajo no podría yo trabajar aunque gane menos desde el vamos por tener que ser responsable de dos personitas gigantes y no contar con ningún familiar que lo cuide por el sólo hecho de ser familiar todos los días. Pero bueno, eso sería material para otra reflexión. Se ve que algo andaba dando vueltas en mi “cuerpus somático”.

Hay algo de lo que no se está hablando/haciendo consciente/nombrando, a mi parecer, que es el tema de la “clase”, podríamos decir. Pero va más allá de lo económico. No es la típica grieta marxista entre ricos y pobres, sino que una vez que se supera esa barrera. Hay otro tipo de discriminación que viene por el lado de persona con “clase” de la que “no tiene clase”, representada como persona “vulgar/villera/quilombera/rosquera/sin filtro”.

¿Qué pasa con estas personas que buscan alcanzar un ideal de progreso basado en valores noreurocentristas?

Hay prejuicios muy fuertes arraigados que tienen que ver con el querer cerrar las universidades del conurbano también. No quieren que lxs “villerxs”, lxs conurbanxs, nos eduquemos bien y podamos pensar críticamente, porque sino nos convertimos en opositores críticos del poder de turno. Cuestionamos decisiones, acciones y metodologías que para nada apoyan y benefician a una gran mayoría. Sino que son prácticas y acciones que se vuelven reproductoras del sistema excluyente. Y la persona que no siempre vivió en la comodidad y el confort tiene dos opciones cuando accede al “poder”: Olvidarse de lo mal que lo pasó o realmente seguir trabajando para generar inclusión y accesibilidad para la mayor cantidad posible de personas.

Y es algo que voy descubriendo cada vez más en los distintos ámbitos que circulo y activo.

Todxs quieren “pertenecer” al grupo elitista, de renombre que sea, arrimar el bochín, como decía mi abuela, al puesto cómodo que le garantice el ingreso necesario para asegurarse la quintita y luego ‘hacer que se hace’ y para eso levantan una bandera de lucha y se “sodomizan” con lo que sea que les pidan. Pero una vez adquirida esa estabilidad, cuántas personas siguen haciendo por las banderas que levantaban realmente? Y se me vienen millones de ejemplos, desde el cupo laboral trans por parte del Estado hasta puestos académicos, educativos, de gerencia, políticos y demás. Cuesta mover el totó.

Y estos estereotipos de “no querer ser periferia” vienen arraigados muy fuertes con prejuicios de soberbia, celos y envidia. Y no pretendo acá “tirar la primera piedra” como altruista. Tengo lo mío y me hago cargo, de mis privilegios, personalidad y acciones. Lo que digo es que son prácticas que tenemos que modificar en comunidad, en grupo, pudiendo decir lo que nos molesta, incomoda, de manera amena con respeto para darnos la oportunidad a nosotres y a la otra persona para que podamos cambiar o al menos revisar nuestro proceder, ayudarnos a crecer, a darnos espacios para que nos contemos lo que nos sucede y porqué reaccionamos así. Escucharnos.

Pero para poder generar estos espacios, tenemos que dejar de lado la sospecha y confiar en algún punto en la otra persona, en lo que me muestra, lo que me dice o me hace sentir, más allá de que sea incómodo. Preguntarnos ¿Por qué? ¿Por qué me incomoda, me molesta, lo veo mal?

Si esta antigua zoncera que ya nos explicaba con detalle Jauretche, sobre “civilización y barbarie”, se sigue manteniendo en esta forma de vivir que se sostiene a toda costa; sobre “lo minimalista, lo calmado, lo cool, lo artístico, lo silencioso, lo formal” se representa esa civilización académica por ejemplo. Y lo “pasional”, “lo rosquero”, “la persona que alza la voz”, “la que arremete contra el sistema” -y acá hay que diferenciar que se deben discutir y putear ideas, no personas que traen esas ideas a colación o las representan en algún punto- “la que habla mal”, “la que escribe mal”, “la que rosquea”, “la que le dice como le sale” -porque son las primeras veces que alza la voz por años, por siglos, por generaciones- representa la barbarie. Lo poco agradable, de lo que hay que alejarse porque molesta, incomoda, es ajeno a mi “bien estar”.

Y todos esos prejuicios vienen desde un imaginario colonizante. Estoy leyendo escritoras lesbianas afrodescendientes como Yuderkys Espinosa Miñoso o Ochy Curiel. Y si bien visibilizan el tema de las violencias dentro de las mismas disidencias además de todas las otras violencias que plantea, creo que la que más interpela es la colonizante, por el entramado que tejió y las raíces que echó; es tremendo. Y todavía no hay nadie que lo exponga en nuestro país con claridad para mí, este tema de la periferia, de la marginalidad, esa entendida vivida desde los márgenes. Como desde el conurbano a la capital por ejemplo.

No es lo mismo las violencias que se tienen que “superar”, por decir de alguna manera, desde los ámbitos de pocos recursos intelectuales, económicos, materiales, que de ámbitos que disponen de todos los recursos. Las situaciones de violencias se dirimen de distinta manera.

Hoy lo primero que leí cuando abrí la compu fue este artículo de Negra Cubana Tenía que ser[1] y, por sorpresa para mí, reforzaba lo que venía masticando en el bocho.

Propone “la no discriminación por género, identidad de género, orientación sexual, origen étnico, discapacidad” -y periferia le falta a este artículo para mí- para analizar esto que le pongo el nombre de “periferia” entendiéndolo desde una descentralización, y para pensar en esta ambivalencia de lo civilizado o la barbarie, al mejor estilo villerx/conurbanx.

Les dejo partes del artículo que me dejó pensando:

(…) la forma de interpretar una discriminación, y de imaginar sus soluciones, ofrece luz sobre las causas y remedios de otras discriminaciones(…)

(…) Existen varias estrategias para oponerse al racismo (y toda discriminación), pero quizás la primera de ellas sea reconocer su existencia e identificar sus mecanismos de reproducción.

(…) la base material de la reproducción del racismo (y toda discriminación a lo que hace a la marginalidad donde se vive), (…) el acceso a la propiedad, el recibo de remesas, o la preferencia en zonas pujantes de la economía, o cómo predisponen las tasas de deserción escolar y población carcelaria. (…) Todo esto tiene que ver con distinguir a la gente entre “deseables o no”, “aptos socialmente” o no.

El artículo habla de mestizxs: ni blancxs (civilizadxs) ni negrxs (bárbarxs).

(…)Cuba es un país donde “todo está mezclado”, en el que quien no tiene de congo tiene de carabalí; pero que también (se) experimenta las diferencias entre blancos, mestizos y negros (…)

Comparto estas palabras:

(…) La posibilidad que la libertad ofrece de crear el carácter y la identidad propia de los sujetos ha sido siempre uno de sus contenidos más deseables. La identidad solo puede crearse a través de la participación. El autorreconocimiento supone participar políticamente, asumir identidades y expresar opiniones políticas en consecuencia (…)

¿Qué pasa con las personas que piensan distinto a lo hegemónico binarista? Todas las personas que intentamos pensar desde lo no binario, que abogamos por las NO ETIQUETAS, ¿con qué pensamientos nos acercamos a les otres?

¿Desde dónde nos relacionamos? ¿Qué nos da curiosidad saber? ¿Qué queremos aprender? ¿Qué queremos transmitir? ¿Qué queremos mejorar? Ya sea desde una postura u otra.

Luego el artículo dice:

(…) “que me lo den por mis méritos, no por ser negro” como si la frase sola pudiese ser virtuosa. Sin embargo, es parte de un sentido común que confía a la meritocracia la clave del ascenso social. Considerar el mérito personal como único requisito de entrada, por ejemplo, a puestos de trabajo, es una virtud cuando se exige dentro de una cultura igualitaria muy potente, con muchas garantías sociales e institucionales, y con muy altos niveles de igualdad social y cultural. En otros casos, la meritocracia es la justificación razonada de la exclusión, un pretexto para legar desigualdades entre generaciones (…)

Entonces me pregunto, ¿Qué establecemos como méritos si muchas veces termina siendo dedocracia? ¿Por qué tenés que “caerle” bien a alguien para que te dé el visto bueno, te devuelva un llamado, te corresponda a un pedido, te dé una respuesta afirmativa o negativa? Tan sencillo como eso, ojalá pueda en algún momento encontrarme con alguien que pueda justificarla con sinceridad y respeto, haciéndose cargo de su decisión sin pensar que eso le perjudica en algún punto “políticamente” a futuro en su “trabajo”, “performance”, en su día a día, o como quieran llamarlo.

(…) Según Naciones Unidas, la acción afirmativa “es un conjunto coherente de medidas de carácter temporal dirigidas a corregir la situación del grupo al que están destinadas en un aspecto o varios de su vida social para alcanzar la igualdad” (…)

Pensaba en esta frase como a veces desde el discurso abogamos, como decía más arriba, por cual o tal bandera y qué acciones cotidianas realizo en pos de eso. ¿Genero alguna incomodidad en mi ámbito de desempeño para luchar por esos derechos en los que creo, o me conformo con sólo ir a la marcha (cosa que no está mal, porque hay personas que sólo tienen esa posibilidad)? Pero cuando se me presenta una oportunidad, ya sea porque la pienso o porque se la digo a cinco personas en una habitación; la escucho, la hago presente, ¿qué hago después con eso?

¿Lo pongo en práctica? ¿Intento hacer algo distinto de mi rutina? ¿Logro modificar en algo mi entorno?

Claro que une docente se puede poner a dar talleres de modo “informal”, como se llama, y cobrarlos carísimos para aumentar su capital o tan sólo sobrevivir, pero si decimos que la información es poder, y pienso en la horizontalidad y contextos socioeconómicos en los lugares en que me desempeño, cómo no brindar información igual, al menor costo posible. Entonces te debatís otra vez entre la sobrevivencia en el sistema capitalista y el sostenimiento de un nuevo paradigma que viene en una mano con la ESI como la nueva biblia y en la otra con el corazón a flor de piel lleno de emociones y ganas.

Para que esto prospere necesitamos de un Estado presente. Y el Estado somos todes.

Cito del artículo:

(…) No se concede tal política por ser “negro” (villerx, pobre, marginal, excluide), sino por pertenecer a un grupo social que ha sido históricamente discriminado, y porque tal hecho ha arrojado consecuencias no elegidas por sus miembros sobre su presente (…)

Entonces las universidades públicas tienen una razón de ser necesarias, urgentes, que son las de hacer ACCESIBLE la educación superior a una población, que de no existir esas políticas públicas, no nos sería posible seguir estudiando; con sus becas de estudio, sus boletos estudiantiles. Además de los cursos que beneficia a lxs vecinxs, a lxs adultxs mayores de la zona. No nos seguiría permitiendo reflexionarnos de otras formas.

Ayer iba para el baño en el receso de una materia, y escuchaba a una señora mayor, que participa se ve de algunos de los talleres para la comunidad porque estaba en los bancos frente a las aulas donde se dictan. Y justo escuché esta frase: “esta universidad me salvó la vida, porque yo estaba muy mal. Ya no sabía cómo salir de la situación en la que me encontraba”. Esas palabras se quedaron retumbando en mi cabeza -salvando las distancias de lo que implica la imagen de salvación en la sociedad (y para mí nadie salva a nadie, nada más que nos habilitan, facilitan espacios de transformación muchas veces)-. Ya que nos dejen hacer, es un montón muchas veces, aún sin acompañamiento. Por algo se empieza.

Luego dice el artículo:

(…) Pero si la ley no es suficiente para combatir la discriminación, tampoco lo es la acción afirmativa por sí sola. Otro recurso puede contribuir: la educación. La ley inhibe y reprime, la acción afirmativa redistribuye oportunidades y recursos, y la educación puede prevenir conductas discriminatorias y promover saberes que razonen la tolerancia. (…).

(…) La escuela, si se enfoca en ello, puede contribuir a revalorizar identidades discriminadas, promover el cambio cultural, socavar estereotipos raciales y sexuales, e impulsar la aceptación de las diferencias (…).

Ayer también mientras escuchaba a compañeres hablar en una asamblea que se organizaron fuera de los centros “oficiales”, autogestionades y con mucha fuerza, veo que entienden la necesidad imperiosa de defender la universidad pública, que no hay claros discursos y soluciones que convoquen -ni yo los tengo a veces- para explicar claramente cómo defender la universidad pública a “capa y espada”, pero sí entendemos que motivos no nos faltan. Para las personas que vendrán, que quieren seguir y quieren la transformación para elles mismes y en la sociedad.

Mi aporte lo puedo pensar desde de mi experiencia de vida y lo bien que me hizo la universidad, que me permitió liberarme de mis “ataduras personales”, que me permitió crecer como persona, tener movilidad social, lograr mi independencia económica (hasta por ahí), cumplir un sueño tan banal como el de llenar el cine Tita Merello con una actividad sentida sin tener “estudiantes cautivxs”, sino que fue por un tema concreto de interés y urgencia, lo que estuvo a nuestras manos poder visibilizar, organizar y brindar, y encima enmarcado en nuestra lucha diaria. La cantidad de satisfacciones que me da la universidad, que me habilita al amor, al compañerismo, al disenso, a la participación, a la “enseñanza y aprendizaje por ensayo”, a trabajar (aunque siga sin cobrar) a divertirme, a enojarme, a discutir, a militar, a reflexionar, a amar.

Pienso que quienes manifiestan que ante la desconexión de intereses propias de lo que denominan la “brecha generacional”, es necesario ampliar la mirada hacia una formación en “valores”, “intereses”, “propuestas” que apunten a una convivencia pluralista, con solidaridad, aceptación de las diferencias y respeto mutuo. Una nueva política de educomunicación.

Comparto lo que dice el artículo también sobre incluir en los currículos materias, pero en vez de Historia General de África y de sus procesos actuales, y la historia del negro cubano como dice, pienso en nuestro país y creo que eso lo tenemos ya organizado genialmente en las cátedras de Pensamiento Nacional en la UNLa, y otras como Jauretche, UNTref, UNO que son las que conozco, con la única salvedad en la UNLa que necesitamos que los programas de las materias contengan más biografías y textos sobre/por/de mujeres. Pero la perspectiva de géneros en todos los currículos todavía falta, como visibilizar autorxs disidentes también.

Y cierro con esta idea que tira el artículo también de que se trata de  “(…) conseguir igualdad no solo ante la ley ni solo de oportunidades, sino también igualdad en los resultados que podamos alcanzar con esfuerzo y con libertad. Nada que ver con imponer ser “idénticos” (…)”. Y agrego ni presentar personalidades aptas para el sistema… ni nadie.

Y volviendo al tema de las universidades y la educación pública, es muy simple: si desaparecen las universidades del conurbano se va a estar agrietando más la distancia entre las personas que sí pueden acceder a una educación pública y las que pueden acceder a una privada. Y en el conurbano sólo van a quedar las privadas, por lo que todo va a quedar en manos de las personas que tengan los recursos económicos para llegar a ellas.

[1] https://negracubanateniaqueser.com/2018/08/28/iguales-de-que-la-carta-magna-el-racismo-y-la-no-discriminacion/

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