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25 agosto, 2018

BAJAME EL TONITO

Por Azul Verzura

Una de las frases célebres que nos suelen decir a las “altaneras” es Bajame el tonito –porque hablar fuerte está mal-.

Dentro de los ámbitos donde una mujer puede tomar poder, ejercer cargos de autoridad o de llegar a tener la posibilidad de disputa con un hombre en cuanto a un cargo jerárquico, se pone en juego las acusaciones misóginas y opresoras de nuestras formas de expresarnos ante cualquier situación de esa índole. De más está decir, que no niego que exista la posibilidad ínfima de que ocurra alguna situación “agresiva”; sino que no pertenecer al género masculino o ser hombre te condiciona para cualquier cosa.

La voz es la herramienta principal, más allá del lenguaje corporal y “la formación”, que nos permite comunicarnos y hacernos oír antes una audiencia, grupo, organización política, familia, etc. Expresas a través de ella, se manifiestan sentimientos, pensamientos, ocurrencias; en fin, te desnuda. Si estás enojade, se nota. Si estas segure, también. Si te quebraron por dentro, se astilla. Es un espejo, confuso, quizás disimulable, pero está. Por eso es que también es un arma de doble filo en la que es un elemento básico para el ataque, desautorización o crítica no-constructiva.

A las mujeres nos critican, nos quieren bajar del poder, nos corren, nos barren. Estás creciendo y viene un tipo a cortarte las gambas. En todos los ámbitos eh. Políticos, amorosos, escolares, universitarios, familiares, etc. En el amoroso, tenes al tipo que te destruyó meses pero que en la primera que te ve en una selfie sonriendo y tomando birra, te escribe para “saber cómo estas”. En el político, tenes al compañero que te oculta información, que te evita cargos, te quita peso o se “olvida” de comentarte cosas. En el universitario, alguno de tu curso se encargará de refutar toda teoría que tengas sobre algún concepto y si queres tomar el liderazgo de un grupo, prepárate: te va a explotar o te explicará cómo resolver cada cosa. En los escolares, si gritas sos una histérica o gritona (porque él se hace el estúpido cuando estás hablando) y su trabajo se desarrollará a lo largo de tu accionar. Y en el familiar es una proyección básica del patriarcad: tu viejo le grita a tu mamá por cualquier pelotudez, pero vos te retobas y ¡Apa, qué irrespetuosa! En el laboral, si das órdenes porque tu cargo lo requiere o sugerís alguna cosa automáticamente se pone en cuestionamiento ¿Y esta quién se cree que es?

Sí. La palabra devaluada y el poder inalcanzable. Las mujeres tenemos que trabajar con muchas contras: la sexualización de nuestros cuerpos –sin consentimiento-, la brecha salarial, nuestra personalidad, la vagina y la menstruación, y el mandato obligatoriamente insólito de ser madre.

Dudo que exista una mujer que no haya sufrido algún tipo de violencia por parte de los compañeros, jefes, amigos, etc. Pero ahora el panorama cambió. Algunas nos enojamos más y cuanto más enojadas mejor. Nos gusta discutir esa libertad que no nos sacan más.

Debato en voz alta, le contestamos a los camioneros y le decimos al pibe con el que salimos que sin forro no nos toca. Nadie nos dijo que fuese a ser fácil. Al contrario, no es fácil quebrar un sistema; elegir cosas diversas y probar. Es difícil no tener miedo, tener poder, ambiciones y un feminismo fervoroso que no para de brotar.

Bajame el tonito, interviene un compañero –dirigiéndose a mí- en el debate sobre alguna toma de decisión importante. Habiendo previamente violentado mi cargo de poder, habiéndome intentado hacerme sentir mal por mis maneras y mi forma de ver las cosas. No maestro, no te voy a bajar el tonito. Ni a vos, ni a nadie. ¿Saben por qué no? Porque me costó levantarlo. A mis compañeres también les cuesta. Nos costó auto percibir nuestra voz como una voz independiente, y ahora no nos callamos nada.

Venimos a discutirlo todo porque el feminismo llego para romper esos mitos patriarcales en los que una mujer con un tono de voz alto, el entrecejo fruncido y con manos que se mueven al ritmo de una oratoria espléndida, es una violenta autoritaria y se la acusa por eso; por su tono de voz. En cambio, el tipo que se para en reuniones para hablar –que requiere que se esté sentado-, el que te grita por los pasillos, el que es autoritario, el que grita cuando habla, es un líder indiscutible. Sí. Indiscutible. El héroe que sabe ponerse un trabajo, proyecto o meta al hombro por todes. Ahora, jamás te ofrezcas como ayudante de él, sale mal. Él te puede explicar hasta cómo parir sin tener un útero. Te explica cómo aliviar los dolores menstruales o cómo hacer para que “eso” no te afecte tanto teniendo en cuenta que su nivel de dolor mayor fue hacerse un tratamiento de conducto. Ellos podían y nosotras bajábamos la cabeza. No querides, nunca más.

¿Se dieron cuenta que varias dejamos de ser “la mujer de”? Punto número uno, no somos de nadie, soy mía. Punto número dos, tenemos nombre, y en casos, profesiones de mayor jerarquía que el marido.

Para poder posicionarnos como sujetes independientes y con el saber constituido dentro nuestro, pasamos años encerrades. Años cediendo nuestro conocimiento a hombres para que sea reconocido. Años escondiéndonos detrás de farmacias porque nuestro compañero tenía que comprar la pastilla del día después. Años con terror a comprar un preservativo porque el o la vendedora te miraba con una cara de horror que no te la olvidas más. Años leyendo autores promulgando que algo nos faltaba y por eso éramos así de “locas”, “porque nos falta”. Lo único que nos faltaba era la libertad de poder identificarnos como ciudadanes de derechos al igual que los hombres. Y demás está decir que no solamente ante la ley percibirse y posicionarse iguales, sino que ante la vida cotidiana.

La vida cotidiana se compone dependiendo de los deseos y aspiraciones de cada une, claramente. Hace años (bastantes) atrás no era así. ¿Querías ser escritora? Como decía Virginia Woolf “Una mujer debe tener dinero y una habitación propia para poder escribir novelas”. Encerrada, sola. ¿Hoy? ¿Qué se piensa de eso? ¿Es posible poder desarrollarse como una mujer, travesti, trans, independiente con la cabeza gacha? ¿Será vital encontrarse dentro de la constante necesidad de remarcar la propia autoridad a través de determinado accionar?

Por eso, hoy, siendo les altaneras, las lideres políticas, las candidatas sindicales, las que usan el micrófono, las estudiantes siendo presidentas de centros de estudiantes, les que usamos el lenguaje inclusivo y nos ponemos a discutir horas para poder hacer ver la necesidad de inclusión y reconocimiento, hoy gritamos y no te bajamos el tonito.

Nosotres somos la resistencia al sistema que quiso imponernos un modelo de accionar que hoy no se legitima más. Estamos hablando en voz alta, tenemos una relación de amor libre y le doy besos a quien quiero. Te grito cuando me enojo porque nunca te grité cuando me insultaste. Te grito porque puedo. Te grito porque vivo. No me digas “bajame el tonito” porque me quisiste atar y me escapé. Me escapé con mis compañeres que me desataron el miedo a gritarte que sos un forro.

No se trata de vos al final. Ilustración: Gorda Miami

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