25 mayo, 2019

Revista feminista y popular

Opinión

8 agosto, 2018

Cuando se acelera el corazón con el color verde

Por Azul Verzura

Caminamos por la calle, movilizamos, nos quedamos en casa, estudiamos, trabajamos, corremos, salimos, tomamos. Usamos bolsos, carteras, mochilas donde llevamos las cosas diarias. Probablemente teníamos una todos los días o iba cambiando de acuerdo a los gustos de una. Pero nada más que eso.

Con el tiempo, la lucha feminista y el color como símbolo identificatorio, el pañuelo, los pins, la necesidad fervorosa de mostrar qué pensas, de qué lado estás, con quién te reconoces, se plasman en la ropa, los accesorios, las redes.

Ya tu mochila está vacía sin el pañuelo verde. Tu muñeca esta desnuda sin el pañuelo verde. Tu cuello tiene frio sin el pañuelo verde. Vos y el verde. Te subís al colectivo, ves verde. Una chica con el pañuelo, una señora con una bufanda tejida a mano de color verde. Todos los tonos del verde te hacen acordar a la IVE, a la campaña, al 13/14 de junio, a la vigilia. Te hace acordar al brillo que te puso tu compañera, los pañuelos, a las canciones. Se te puso la piel de gallina e indiscutiblemente sonreíste, sola. La miraste, y se te llenó el pecho de alegría.

De una manera casi abrupta se me hizo común ver dos o tres pañuelos verdes por cuadra. No existe más el closet del feminismo. No existe más sentirse marginada por entender la brecha salarial o la diferencia entre violencia y violencia de género.

Estas caminando de noche sola por la calle, con frio, manos en los bolsillos, celular hiper guardado, tratas de ni llamar la atención. Estas asustada (porque entendemos que ser mujer y salir a la calle es un signo de valentía). Tenes miedo de los autos, las motos, las bicicletas, las camionetas, de los tipos, de todo. El cuerpo tenso, el corazon con taquicardia y no esta la posibilidad de frenar. Cada tanto fijarte que ningun flaco te persiga y si eso sentís, correr. Hasta que te cruzas a una piba en la misma situación que vos, asustada, fría, con terror de no volver. La ves con el pañuelo, vas a ella. Te sentís en casa. Ella es tu familia, es una compañera. Sabes que ella lucha por todas y quiere  derribar a este sistema de mierda que nos oprime. Caminas y la seguís mirando con felicidad. Se te pone la piel de gallina saber que ella es de las tuyas; de las que llora si se entera de un femicidio, de las que se abrazo en la vigilia y de las que quizás, esa noche, pasó frio como vos. Se te aflojo el cuerpo y se hilaron pensamientos de esperanza, de unión, de ganar. Sonreíste y nadie entendió por qué. Viste a una compañera. Tanto nos dolió que nos fragmentaran, que nos hagan odiarnos entre mujeres, que ahora el lazo que se creo es indescriptible y genuino; tan espontáneo que no podes ni anticiparlo. Es así, nace. Como la marea feminista. Florece, crece todo el tiempo. Es un rizoma de libertades, de amor, de placer, de deseo. Y no termina, es un rizoma de conquista de derechos, de la igualdad y el reconocimiento, de la de-construcción y de transformación.

Llegamos al punto de que quizás en vez de un “piropo” escuchamos un “ASESINA”. Qué se yo, a mí me cabe más que me digan “asesina”. Por lo menos me río. Aunque después me asusta, porque entendemos que ellxs son violentos. Le pegaron a una nena de 13 años, insultaron a mujeres en una cuadra y hasta nos desean la muerte. Nos tienen miedo. Nos tienen miedo porque no tenemos miedo.

Sabemos que nos acompañan. Sabemos que estamos juntas y que nos ven. Hacemos temblar las calles, los subtes, las universidades, los bares. Donde vayas hay un pañuelo verde y cuantos no están visibles. ¡Y a cuántas que les falta!

Somos muchas, somos la masa más diversa y unificada de todos los tiempos. Somos las asesinadas por un femicida, las muertas por abortos clandestinos o por violencia obstétrica. Somos las que fueron violadas por su papá o las golpeadas por su novio. Somos ellas y somos nosotras. Luchamos por las que no están, porque no haya ni una menos, porque se lo debemos.

Estamos haciendo la cuenta regresiva, y reiterando los cambios fisiológicos que nos ocurren ante la mirada con una desconocida que tiene el pañuelo del aborto, más preparadas. Entendiendo que en varios sitios se confirmó que es muy difícil que salga, las mujeres no se rinden. Las mujeres damos pelea, no nos cansamos y no nos duele el cuerpo de luchar. Nos duele el cuerpo de ser violentadas y oprimidas. No nos duele el frío en la vigilia ni tampoco la garganta de cantar a favor del aborto. A nosotrxs nos tiembla el cuerpo cuando un flaco nos dice un piropo, no cuando un Senador pone un twitt religioso. A nosotrxs nos sobran convicciones y fundamentos, nos sobran ganas de luchar, ganas de ser libres. Nos sobra la esperanza. A ellxs, les sobra cobardía y les falta información.

Si no es el miércoles, es otro día. Pero SERÁ.

El pasado fin de semana se viralizó un hashtag #YoAborté donde cada persona contaba su situación de aborto o de alguna conocida en el caso de que haya fallecido. Se leyó desde situaciones marginales, violentas y clandestinas, a situaciones confortables. Donde la principal causa de lo traumático es, además de las condiciones quirúrgicas, del lugar geográfico donde te encuentres  y del poder adquisitivo que tengas, es la condena social. El odio que emana la persona que le prohíbe a otra ser dueño de su propio cuerpo es inmenso. Indescriptible la necesidad de invasión, violencia y esclavitud que tiene ese tipo de gente. Nos quieren esclavas, calladas, sumisas y atadas. No, señor. Nunca más. Las mujeres luchamos y discutimos, lloramos y cortamos calles. Asi que, chabón que vas a la movilización de “pro-vida”, te comento que a nosotras no nos levantas más la voz, que no nos cansamos de luchar.

Tenemos como ejemplo a las Madres y Abuelas de Plaza de mayo. No pudieron con ellas, ni podrán. 40 años luchando por la verdad. Y nosotras si es necesario haremos lo mismo.

Por eso, hoy, quedémonos juntas. Estemos ahí, tomando mate, riendo, abrazándonos para darnos calor del frío. Poniéndonos brillos entre nosotres, caminando para entretenernos en que pasen las horas, escuchando las intervenciones, comiendo y frotándonos las manos unas con otras para que la temperatura y el contexto sea un poco más ameno.

El sentido de esta vigilia es distinto. El panorama no es tan favorable, por lo que nos vienen diciendo pero estamos fuertes, compañerxs. Y llenxs de verde. Ayer, caminando en la calle mientras cerré mi mochila, con el pañuelo del aborto del partido al que pertenezco, se me puso la piel de gallina.
Si. Es hoy. Hoy es 8 de agosto. Hoy será como el 13/14 de junio donde mis emociones son rizomaticas. Donde mi piel hace lo que quiere. Donde mi cabeza piensa y se concentra sólo en eso. Donde observo a mis compañeres militando. Donde te abrazas con desconocidxs y te sentís en casa. Sin frio haciendo 0 grados.

El 13/14 fue así. Intenso. Con miedo, incertidumbre, terror, esperanza; un poco de todo. Donde rogábamos un mensaje alentador en la madrugada mientras el fastidio se apoderaba de nuestros cuerpos tensos y fríos. Donde los mates no eran suficientes y el chocolate siempre faltaba. Donde fuimos adictxs al tabaco. Donde frotarse las manos con el cuerpo ya era automático. Donde la conversación con lxs que te rodeaban se componía de muchas cosas pero sin olvidar tocarse.

Así fue el 13/14 donde ganamos la batalla del siglo. Donde muchas faltaron y muchas asistieron. La batalla del siglo con un ejército de mujeres entre 14 y 70 años. Si, 14 y 70 años. La 4 ola y la 1era, juntas para saltar al oír la cantidad de votos positivos contra los negativos.

“El grito que se escuchó en Congreso” titulé hace unos meses mi primera nota de opinión, y jamás pensé que se podía replicar en ese día. Hicimos un cambio brutal en la vida cotidiana de la gente. Somos agenda política y actrices políticas. Somos una bandera llena de rabia amorosa, llena de enojo transformador. Llena de lágrimas entre discusiones familiares y moretones de ex novios. Somos la bandera más grande y revolucionaria, porque sin el movimiento de mujeres, lesbianas, travestis, putxs y trans, no existe ni existirá la justicia social. Somos esa acción política real, territorial, estudiantil, sindical. Somos el conjunto de la justicia y la transformación, de la mejora y el avance. De lo justo.

Porque el movimiento feminista merece estar enojado, gritar y llorar en medio de debates que hostigan a las compañeras. Porque nos merecemos decir que no, sentir nuestro cuerpo y luchar por recuperarlo.

El 8 de agosto se modifica aún más el esquema social. Salga hoy o no, salió del closet. Lo logramos nosotres. Saliendo a la calle, por Micaela, Paloma, Anahí, Candela, Angeles. Por ellas. Por todas las que no se sabe y nunca volvieron. Por las que abortaron y se murieron. El aborto y el feminismo salieron del closet. LO SACAMOS DEL CLOSET.

El 8 de agosto volverá a ser historia. Tendremos las calles copadas de verde, copadas como nunca nadie había visto en su vida. Porque podemos. Porque tenemos convicciones, fundamentos, políticas, datos, trayectoria. Somos cuerpos gestantes con hambre de libertad. La vamos a saciar. Hoy, mañana, pasado o en años. Pero no nos cansamos. Podremos luchar 40 años como Madres y Abuelas, que el camino hacia la libertad no tiene precio ni final. Como dijo (o algo así) Ofelia “algo más grande que el amor a la libertad, es el odio a quien te la quita”.

Ustedes, senadores y senadoras, lxs que no votan a favor serán recordados por las mujeres y se llenarán las manos de sangre. Serán recordados por lxs encargados y responsables de las muertes de miles de mujeres por abortar clandestinamente. Serán recordados por aquellos que nos obligan a parir, a gestar y a maternar.

Y a los “pro-Vida”, a todxs ustedes que no presentaron ningún fundamento coherente, racional, inteligente y conciso sobre su posición en contra de la IVE, les reitero que son los asesinos principales y explotadores de los cuerpos de las Mujeres y adolescentes. Que su posición es obsoleta. Que es metafísica, y acá se trabaja política. Que no cuenta con un proyecto de ley, ni información real. A ustedes, pro aborto clandestino y muerte de mujeres  junto con lxs senadores antiderechos, les vamos a ganar.

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