18 enero, 2019

Revista feminista y popular

Relatos

15 junio, 2018

NO ME CALLO NUNCA MÁS

Por Cyn Var

Mi salud no la dejo nunca más en manos de la “opresión” de cualquier tipo. Hay que terminar con el negocio de los abortos clandestinos, porque siempre el negocio económico es el verdadero trasfondo. Les importa una mierda que las personas pobres se mueran, porque si hay algo que sobran año tras año son las cifras y estadísticas de personas que mueren por una intervención con mala praxis, y ni hablar las que sobreviven a eso pero no tienen cómo reclamar por la misma, ni pueden denunciar el hecho. ¿A quién ibas a denunciar? Si después corrías el riesgo de quedar presa vos también ya que eras cómplice de la ilegalidad. Quedas entre la espada y la pared.

Estoy harta, hartísima, de las hipocresías, de la doble moral que lleva a reprimir los deseos en un sistema heteronormativo. Me sentí culpable durante años y negué, no sólo mis deseos, sino mis acciones. El peso que se lleva en el cuerpo y en la psiquis por abortar, no se lo deseo a nadie. La soledad que se vive, por más que haya un cuerpo a tu lado acompañándote en silencio. El peso de la “cruz” encima con ojos punitivos, que te impone pensamientos de que “matas” a “alguien”. El peso de la ignorancia.

Harta de que no se brinde información abiertamente, generando mala información y el pasaje de “mensajes secretos” por el propio código de la clandestinidad, porque no sabés a quién preguntarle, que te puede “denunciar” de todas las formas posibles. Exponiéndote en tu más íntima fragilidad.

Harta de la presión de deber plata porque 17 años atrás tampoco eran accesibles los abortos. Si no tenés recursos económicos -entiéndase un trabajo bien remunerado, cosa que nunca le pasaba a las mujeres, ni ahora tampoco tanto-, una familia acomodada, conocidxs generosxs, cuando las pastillas de misoprostol no funcionan porque en vez de meterte 12 te alcanzó para menos o había sólo 4 “en stock”. Y el tiempo avanza. Tenés que recurrir a la intervención quirúrgica.

El silencio era extensivo a todo tu entorno, ni con tu pareja del momento se hablaba del tema, por lo cual nunca se sabrá el verdadero motivo del alejamiento de ambos, pero como había que ocultar, se ocultaba todo, hasta las emociones. Y así se fue diluyendo la situación y la relación.

Con el tiempo te vas enterando que no fuiste la única de tu entorno, y gente que conoces también abortó. Pienso que quizá nunca lo dijo tal vez porque no supo cómo nombrarlo, hablarlo, expresarlo o pensaba que era del ámbito de lo privado. No sea cosa que reciba el “punitivo social”. Vaya une a saber, igual ya no importa, pero lo que sí se entendía en ese entonces era que de “eso no se habla”.

Lo que me hace pensar “yuta, no me hubiera sentido tan sola de haberlo sabido antes”. No me hubiera sentido tan mierda. No hubiera sentido una basura sin corazón, sino que me hubiera sentido abrazade, acompañade y hubiera comprendido que está bien que pueda decidir sobre mi propio cuerpo y poder decidir también si era mi momento de ejercer la maternidad o no, con todo lo que ello significa. Porque por más que lo desee une, nunca se está preparade para ser “xadre”. Y de esto te das cuenta con el tiempo…sobre todo cuando lo sos.

Ahora, si hay algo que funciona bien en esta sociedad son los mecanismos de reproducción de todo tipo: sexuales, sociales, económicos y demás. Y me veo discutiendo con colegas, adolescentes, adultxs de diferentes contextos socioeconómicos y pueden establecerse ciertos patrones que tienen que ver con los imaginarios colectivos y derivados de los estereotipos. El ser consciente de todos estos dispositivos de “control” ya implica una revolución. Una batalla ganada. Falta mucho todavía, pero hay que sostener con una mano todo lo que se fue consiguiendo, mientras se alza la otra en la “lucha” diaria.

Hoy grito “yo aborté en la clandestinidad y en el silencio más ensordecedor de mi sola persona”. Sin nadie que me acompañe con la palabra sana de “es tu cuerpo, es tu decisión”. Tuve que pedir por favor, tuve que aguantar las miradas de ser “hereje”. Nunca es tarde para tomar conciencia, abrir el corazón y la mente, porque si la apertura no va en sintonía entre esos dos planos es difícil que las “cosas/ideas” fluyan y modifiquen estados.

Así que ahora que tenemos media sanción de la ley de aborto (que por suerte el mundial de Rusia no pudo tapar, aunque nos subieron el dólar a $30 sin ponerse coloradxs), espero que vote el ejecutivo una ley bien redactada nombrando en vez de “mujer” a todo cuerpo gestante, que incluya los pedidos de redacción por el movimiento de discapacidad, la cobertura a los casos de intersexualidad, la no objeción de conciencia institucional, que se cumpla el seguimiento y aplicación en todas las instituciones que se ven afectadas por dicha ley como las de salud y educativas.

Espero nos pongamos a pensar en nuevas formas y modos de políticas públicas para que toda persona que necesite de un aborto, seguro y gratuito pueda solicitarlo sin más que con su sólo consentimiento viviendo en la zona geográfica que sea de nuestro país. Para que mi hije y todas las personas con capacidad de gestar, no binarias, varones trans, lesbianas, bisexuales, asexuales, intersexuales, discapacitadas, transmasculinidades, mujeres y todas las demás identidades autopercibidas que existan con cuerpos gestantes tengamos la posibilidad de decidir sobre nuestro cuerpo sin el peso económico, social y de salud de la mirada punitiva de une otrx.

Compañeres la lucha continúa…

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