18 enero, 2019

Revista feminista y popular

Notas

6 junio, 2018

No hace falta que nos pregunten por qué marchamos

Por Sol Martínez

“¡Abajo el patriarcado, se va a caer, se va a caer!”

Una conglomeración de gente va abarcando poco a poco la totalidad de los recintos exteriores al Congreso por tercer año consecutivo, en una marcha cuya fuerza unificadora retumba en el pecho de todos los presentes.

Saliendo del colegio, de la facultad, del trabajo, decidimos sustraernos de la rutina para sumarnos a una movilización que sabemos dejará una huella histórica.

Sobre nuestras cabezas, un cielo nublado. Indeciso, al principio. ¿Lloverá o no lloverá? Su carácter expectante refleja la incertidumbre que nos compunge a todos por igual. ¿Se legalizará o no se legalizará?

La despenalización del aborto, un tema presente en la manifestación como de costumbre, alcanza ahora su punto culminante.

Por delante: 9 excruciantes días hasta su votación final.

Por detrás: una entrega de premios memorable por la visibilización que se le dio a dicho debate.

Y en el presente: una red de contención teñida de verde que marcha con el corazón en la boca. Cada paso que se da marca un segundo menos para llegar a la tan esperada resolución.

Pero no es una sentencia de muerte. Todo lo contrario: la atmósfera está impregnada de algo que intentaron quitarnos todo este tiempo: esperanza.
Otra vez, el feminismo demuestra ser algo más que una simple ideología. Es vitalidad. Vitalidad porque no estamos muertas y necesitamos demostrarlo. Marchando, bailando, cantando.

“¡Arriba el feminismo que va a vencer, que va a vencer!”

Gritamos por todas las veces que intentaron callarnos y sobretodo, gritamos por todas las veces que lo lograron. Por todas las víctimas que fueron silenciadas para siempre. Nos encargamos de que su ausencia resulte tan ruidosa que sea imposible de ignorar. Porque somos todo eso que dicen los carteles.

“Somos las nietas de todas las brujas que no pudieron quemar”. Sólo que ahora ya no hay más hogueras y el fuego que una vez usaron para exterminarnos se está propagando, iluminando cada recoveco donde alguna vez se cometió alguna injusticia: donde un “no” fue entendido por un “sí”, donde un “pero” fue silenciado a trompadas, donde una “pollera corta” provocó un abuso. Donde una decisión sobre mi propio cuerpo me podría haber llevado a desangrarme en la clandestinidad.

No hace falta que nos pregunten por qué marchamos. Está implícito en cada mirada de complicidad, en cada grito. “Estamos hartas de vivir con miedo”.

El cielo lagrimea un poco, compadeciéndose con nuestra causa, pero la lluvia no nos para. Es más,ni siquiera es suficiente. Ni una tormenta eléctrica podría canalizar toda la energía que emanamos al chocar nuestras cabezas en cada abrazo de sororidad.

¡Dejen que llueve, que truene, que diluvie! Que sirva de alarma para mostrar que acá estamos. Que ahora somos visibles y no nos van a poder ignorar.
“¡Abajo el patriarcado,se va a caer…
se está c
a
y
e
n
d
o.”

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