16 julio, 2019

Revista feminista y popular

Relatos

29 mayo, 2018

ME DESPERTÉ DE REPENTE

Por Yanina Garin

Hoy me desperté temprano, los ojos se me abrieron de repente y ya no supe cómo mantener mi mente en silencio. Todavía no decidí qué hacer, no tengo demasiado tiempo para pensar(me)…

A veces verdaderamente creo que todo puede cambiar en cuestión de segundos y otras tantas me veo morir dentro de ésta furia que me arranca las lágrimas que nadie ve, los moretones que escondo, los llantos que nadie escucha, los insultos que pronto se convierten en deseos de amor incondicional una vez que el estallido se detiene en un silencio contagioso, que pide tregua porque no tiene más energía, porque le duele vernos tan distantes, tan hirientes, tan solos.

Hoy no va a ser un buen día. Entendí que este no es mi lugar, pero ¿a dónde mierda voy a ir? Pregunto, sinceramente ¿a dónde voy a encontrar paz para mi y para mi hijo si no tengo donde caerme muerta? Hoy estoy desnuda de esperanzas. Soy esto, pura tristeza.

Hice todo lo posible para evadir las peleas, pero devinieron solas. Hoy no tengo fuerza. Quiero rendirme, por un ratito, cerrar la puerta y llorar desconsolada, sola. Y que si alguien viene a darme un abrazo no me pregunte que me pasó, porque ya me pasa demasiado como para encima andar dando explicaciones de cómo y por qué.

Es muy complicado todo.
¿Qué les voy a decir?
Si ni siquiera me pude responder a mi misma que es lo que quiero hacer. No sé si puedo. La plata, el alquiler, el laburo, el nene…
El me mira desde el suelo, como entendiendo la totalidad de mi tristeza y aunque todavía no sepa decirme, veo en sus ojitos un tibio ‘vas a estar bien mamá’. Yo lloro y lo abrazo fuerte.

Hoy me desperté de repente. Abrí los ojos y sentí dolor. No sé que soñé, pero me desperté angustiada, más que nunca. Por un segundo me supe presa y lloré mientras ponía el agua para el mate. Me senté a desayunar en absoluto silencio, no quería ni prender la radio.

Salté de la silla cuando escuché el llanto que interrumpió, sin querer, el único instante de lucidez, donde me proyectaba libre, después de tanto llorar abatida. Lo abrazo ¿él que sabe? Todo mi dolor se convierte en amor cuando lo miro y lo tengo en mis brazos. ¿A dónde vamos a ir chiquitito?
Toda la vida me pregunté qué esperaba mi vieja para escaparse…

Tal vez, como yo en este momento, esperaba que de una vez por todas ese puño le destroce la cara para finalmente poder decir que todo terminó.

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