16 julio, 2019

Revista feminista y popular

Relatos

28 mayo, 2018

Se todo lo que callé

Por Yamila Sofía Pita

A veces, de la nada, un nudo en la garganta. Esa angustia que busca salir y ser escuchada, que pelea por tener una voz. Que no la encuentra, que calla una vez más.

Escribo. No encuentro las palabras. Busco distraerme, pero ella sigue ahí. Me acecha. Me perturba. Me asusta. No quiero que salga, me atemoriza pensar en lo que tiene para decir.

Se todo lo que callé. Todo lo que aún solo yo se. Ella también lo sabe, y no quiere contenerlo más. Ella quiere que yo grite, a los cuatro vientos. Ella no piensa en el que dirán, ella no sabe de prejuicios. Ella me conoce, me acompañó en mis momentos más solitarios. Porque la soledad no es estar sola. La soledad es sentirse naufragar en un mar de lagrimas, día tras día, noche tras noche.

Busco el impulso, de a ratos lo encuentro. Quiero ponerle palabras a lo que sentí, a lo que aún siento.

Deja secuelas. De aquellas que te estremecen a mitad del día, de esas que nunca dejan de doler.
¿Como puede cesar de doler habernos convertido en algo que no deseábamos? ¿Como puede cesar de doler sabernos presas de nuestras propias mentiras?

Tenía tanto miedo de no sentirme elegida, que no importaba el costo. La culpa, la maldita culpa me inmovilizaba, y la vergüenza no me dejaba actuar en consecuencia.

Me perdí. No sabía quién era, que quería, que deseaba, a donde quería ir. Pensaba que si me dejaba llevar, algún día las aguas dejarían de ser tan agitadas. Pensaba que el tiempo haría su magia.

Negaba.

Recuerdo que un día, consumida por la angustia, decidí escribirle a un amigo. Un mensaje de texto, que únicamente decía “estoy viviendo un infierno”. Recuerdo los colores de la pantalla. Recuerdo lo que tardé en escribirlo, en enviarlo. Recuerdo que me arrepentí de haberlo hecho, porque sabía en lo más profundo de mi cuales serian las consecuencias de mi acción. Recuerdo que ese fue un grito de auxilio, que no fue escuchado, quizás porque yo no grité tan fuerte como debía haberlo hecho.

Recuerdo la vergüenza del final. De pensar que sola podría lidiar con todo, con el único fin de no tener que contar por lo que había pasado. Como si no contarlo lo hiciera desaparecer, o algo similar.

El tiempo pasó. Y esto aún busca salir. Aún busca un canal de expresión. Quiero dárselo. Las lágrimas mojan el papel, nunca creí que esto pudiera durar tanto.

De a poco, decido no callar más. Todavía tengo miedo. Todavía me cuesta. Porque quizás esas heridas calaron más hondo de lo que creía, de lo que deseaba.

Pero no estoy sola, y no voy a estar sola nunca más.

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