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18 mayo, 2018

EL FOLKLORE ENTRE LA TRADICIÓN Y LA IRRUPCIÓN FEMINISTA

Por Juliana Szerdi

El feminismo avanza, convence e irrumpe en todos los espacios. El folklore como expresión de nuestra cultura popular también está atravesado por el machismo y la subordinación de la mujer, y por eso es que nace allí una resistencia. “El folklore es todo esto que arrastra malo y todo lo que arrastra de bueno. Es un escenario de tensiones en el que tenemos que jugar”, precisa Delfina Vivas (28). Por su parte, Paola Yaconis (36) señala que “cuando una se empieza a plantear el entretejido de ser mujer, cuestiona todo, todo el tiempo, y no es algo que se va a detener”.

Las dos son bailarinas y docentes de danzas que piensan su profesión atravesadas por el feminismo y la lucha de clases. Delfina nació en Victoria, Entre Ríos, y ya de adolescente viajaba con su papá a Rosario para estudiar tango y comedia musical. “El folklore me llega por mi familia, mi mamá tenía una escuela de danzas de folklore, y por eso aprendí a caminar y el paso básico a la vez”, recuerda.

Paola Yaconis nació en Salta pero a los pocos años se mudó con su familia a 9 de julio, en la provincia de Buenos Aires. “El primer recuerdo que tengo de ver bailar es a mi mamá y papá. A los 15 años dije que yo también quería bailar y caí al ensayo del ballet municipal”, cuenta.

Cada una por su lado, cuando terminaron la secundaria se fueron a vivir a Capital Federal para seguir estudiando danzas. Se conocieron en 2011 compartiendo ensayos y obras en la Compañía Federal de Danzas, dirigida por Glenda Casaretto y Fernando Muñoz. La última que presentaron fue “En cualquier tiempo que sea”, que muestra al gaucho como una figura trascendental en la historia de nuestro país, y relata Delfina que en ese proceso de obra “todas las chicas de la compañía empezamos a leer, a pasarnos información sobre la invisibilización de la mujer en la historia, y eso despertó un montón de tensiones, tanto en el proceso de obra como en la propia organización del grupo”. Esto permitió que la obra incorporara el enfoque de género y que el trabajo de obra sea construido de forma colectiva por todo el grupo.

Paola participó por primera vez de un ENM el año pasado en Chaco, y junto a Delfina bailaron en el escenario central con la cantautora Norma Aguirre. “Cuando estaba en el encuentro lo primero que me llamó la atención era dar vuelta la cabeza para cualquier lado y ver muchas mujeres. Recuerdo la sensación de estar en el festival de cierre entre un montón de personas y no sentir miedo. Si me tiras entre mil varones voy a estar pensando que me puede pasar algo, pero si me tiras entre mil minas no tengo esa sensación. Es muy poderoso ver todas mujeres, no es algo que a mí me haya pasado antes”, expresa Paola emocionada.

Se llevan ocho años de edad pero ambas son parte de una generación que creció con el folklore combativo y de resistencia de los pueblos latinoamericanos. El feminismo no era una de las banderas que se levantaba entre les cantores populares, sino que se cantaba contra las dictaduras, les desaparecidos, el imperialismo, la colonización cultural.

Crecieron en casas donde se escuchaba Los Fronterizos, el Dúo Salteño, Cuchi Leguizamón, Mercedes Sosa, León Gieco, Victor Heredia, Teresa Parodi, Los Tucus, Raúl Carnota, Peteco Carabajal. Será por eso que estuvieron marchando el pasado 24 de marzo junto a las abuelas y madres de Plaza de Mayo. “Si todes vamos el 24 vamos a la plaza es porque las madres pelearon en su momento. Es ahora cuando me doy cuenta y tomo dimensión de lo que hicieron esas mujeres”, piensa Paola.

Desde que iban a la escuela sentían diferencias e injusticias por su género, pero recién de  más grandes pudieron nombrarlo como tal, y en ese descubrimiento también empezaron a cuestionar distintas situaciones naturalizadas en las danzas. Ambas sostienen que el folklore institucionalizado y difundido masivamente en los medios y el espectáculo es un invento, porque “un día se generó una convención y se establecieron las formas de cada cosa, para poder sistematizar y transmitir. Empiezan a fijarse esas heteronormas. El folklore está anclado en una mujer y un varón que bailan, o en el varón solo”, explica Paola.

Por su parte, Delfina critica que “la única forma en la que nos podemos vincular varón y mujer es a través de la conquista. El varón conquista a la mujer, la mujer se deja conquistar; lo mismo que los españoles a nosotrxs. Y no es casual que el invento del folklore lo hagan los europeos”.

“El folklore es el gaucho, su mujer y su caballo”, sintetiza Paola recordando unas coplas del Cuchi que dicen Pobrecito Tata Dios / cuándo aprenderá a ser gaucho. / Qué sabrá el pobre de amores / sin mujer y sin caballo. “Esos hilos aparecen, y como bailarinas folklóricas están todo el tiempo, en la función, en los ensayos, cuando voy al chino a comprar, es el mismo hilo”, relata Paola y agrega que “la imagen del gaucho se construyó sobre lo masculino, lo macho, lo fuerte, con la mirada fija hacia el horizonte”.

Zapateas como mina / mira que bien esa mujer como zapatea’ / ‘A los varones le sale mejor’ / ‘Esto lo pueden hacer ellos porque anatómicamente están preparados. Éstas son algunas de las frases estereotipadas que se escuchan comúnmente en el ambiente folklórico y contra las cuales ellas pelean. “Yo no me voy a sorprender si un pibe tira una pierna y se la pone al lado de la oreja, entonces no me tengo que sorprender si una chica zapatea”, razona Paola.

El zapateo es tradicionalmente una danza de varones, y de hecho en los certámenes,  como en Cosquin, todavía no se presentaron grupos solo de mujeres que compitan en Malambo. Ante la pregunta de porqué no hay competencias de zarandeo y sí de zapateo, Delfina comenta que el zapateo fue evolucionado y se definió como un lenguaje con características particulares. “Se independizó como lenguaje artístico, en el sentido que tiene una técnica particular,  distintos estilos, una serie de códigos, de construcción y de creación, y eso hace que quizá en cuanto a práctica dancística a uno le despierte más ganas de zapatear que de zarandear. No hay un desarrollo ni competencias del zarandeo”. Suspirando, Paola pide que “ojalá algún día no hablemos de géneros y seamos todes personas, y ya”.

El feminismo tiene una base fuerte en la sororidad, en la fortaleza de tener una compañera al lado. El baile de grupos también se sostiene sobre la solidaridad, y los debates sobre los roles de género abren la posibilidad de modificar algunas prácticas tradicionales. “Yo creo que se puede hacer, nosotras lo intentamos hacer desde nuestro lugar, es chico e incipiente aún, pero creo que también hay otras mujeres haciéndolo y otras que lo vienen haciendo desde hace tiempo”, opina Delfina. Dice además que ahora que se está debatiendo con mayor apertura sobre el aborto legal, empezó a dar clases de zamba con el pañuelo de la campaña por el aborto.

“Como docente estoy todo el tiempo discutiendo conmigo misma, porque te preguntas cómo enseñar folklore sin roles de géneros”, reflexiona Delfina y cuenta que en una clase estaban bailando zamba entre dos varones – “entre dos mujeres es algo que se ve, pero entre dos varones no”, aclara – y le emocionó ver la sensibilidad que les despertaba danzar con un ritmo más lento, más pausado, “donde la música te llevaba a un lugar interpretativo más delicado, porque es más suave y la voz dice otras cosas”.

Si bien marcan las contradicciones y las expresiones del machismo que viven en su práctica cotidiana como bailarinas, aclaran también que al folklore le tienen mucho amor y por eso se dedican a eso. “En el folklore están nuestros procesos identitarios y ahí hay que cazar las banderas, cavar, hacer tu trinchera y dar batalla desde ese lugar, contra los arquetipos inventados por los discursos hegemónicos para perpetuar nuestro lugar de oprimidxs”, indica Delfina.

Cada vez son más las mujeres que zapatean, que arman grupos de mujeres, que se replantean las parejas de corte hetero. Por todos lados aparecen expresiones que vienen a cuestionar tradiciones que antes no se ponían en duda. Dice Paola que para ello es clave charlar con las demás sobre las cosas que les pasa. “Hay lugares donde aparecen esas cosas re enquistadas y duras, y todxs lxs tenemos. Pero una puede empezar a desarmarlo y eso hace eco al resto. Hay algo que me pasa más ahora y es sentir que yo estas cosas las tengo que hablar con otra mujer, porque si hubo algo de mí que se trasformó fue gracias a otra mujer”, sentencia.

Paola opina que “el movimiento de mujeres verbaliza mucho y viene justamente a atacar ese silencio, donde te tenes que callar las cosas y sufrir, bancarte que te digan ‘esto ya va a  pasar’ o ‘las cosas son así’. Darle voz y visibilización a eso es molesto para muchos”. Y agrega que el 8M, el día del paro internacional de mujeres, dijeron ‘ensayen sin nosotras, háganlo sin nosotras y fíjense si estamos de adorno o no’”.

“Tenemos nuestra propia historia de luchas populares, lo que estamos haciendo es justamente entender ese hilo que nos conduce, esa matriz identitaria, con la cual nos sentimos referenciadas, que nos otorga un pasado, que hace que no vengamos de ningún lado y que nos da perspectiva de organización y de lucha. Tenemos que tener nuestro propio folklore en nuestra lucha”, termina y respira Delfina.

Como para seguir bailándose otra zamba o mudanza.

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