20 noviembre, 2019

Revista feminista y popular

Notas

27 abril, 2018

PORQUE ASÍ LO DICE EL CORÁN

Por Victoria Szerdi

Siempre me pregunté por qué las mujeres musulmanas se cubren la cabeza y el cuerpo, pero nunca sentí verdadera curiosidad por averiguarlo hasta ese día en Malasia… Estábamos mi novio y yo, en el medio de un tren en Kuala Lumpur (la capital de Malasia) en shorts, musculosa y pelo suelto, abrazándonos, rodeados por mujeres cubiertas de pies a cabeza en túnicas de distintos colores que nos miraban como a bichos raros. En ese preciso instante me sorprendí ante el hecho de que algo tan ‘normal’ para nosotros pudiera ser, desde otra perspectiva, tan extraño.

Y esas son las cosas que uno aprende cuando viaja… a tener perspectiva, a no juzgar a la gente sin intentar entender primero.

Unos días después de ese momento en el tren decidimos visitor la Mezquita Nacional (o Masjid Negara, como alli le dicen), también en Kuala Lumpur. Apenas llegamos a la entrada una señora nos indicó que nos quitáramos las zapatillas y nos cubriéramos con una de las túnicas que tenían para los turistas. Como mi túnica no llegaba a cubrirme los brazos tuve que también ponerme el buzo que había llevado por las dudas. Los más de 30 grados que hacían a la sombra de golpe se convirtieron en 49.

La llamativa cúpula celeste de la Mesquita
Nacional de Malasia, en Kuala Lumpur

Subimos la escalinata y nos encontramos en un ambiente amplio con mucho espacio, únicamente interrumpido por docenas de columnas adornadas con inscripciones en colores dorado, celeste, blanco y negro. Caminamos por todos lados observando detenidamente la belleza de su arquitectura y notamos un gran salón en el centro, donde no podíamos ingresar.  Era el salon de plegarias, y junto a él un punto de información donde nos detuvimos a leer sobre el islam, sus rituales, el corán y un cartel que llamaba la atención por su color rosa fuerte: ‘los derechos de las mujeres en el Islam’. Precisamente mientras leía este ultimo artículo se nos acercó un hombre de unos 65 años, pelo blanco hasta los hombros, barba samurai también blanca y ojos celestes como esfumados.

La religión oficial de Malasia es el Islam y el país con mayor población musulmana
del mundo es Indonesia, donde también estuvimos.

En Kuala Lumpur hay un vagón especial
en el tren solo para mujeres.

Conversamos durante más de una hora y media sobre el Islam hasta que encontré ocasión para preguntarle por qué las mujeres tenían que cubrir su cuerpo. Su respuesta no fue muy convincente… ‘porque así lo dice el Corán’. Inmediatamente abrió la copia del Corán que tenía en español y me mostró la cita donde se mencionaba el asunto (ver imagen)… tampoco me convenció.

Pero recordé que unas semanas atrás, mientras esperábamos la hora de abordar nuestro avión en una tienda de libros en el aeropuerto, hojeé un libro llamado ‘el islam explicado’, donde decía que las mujeres musulmanas se cubrían para ganar méritos espirituales y citaba la opinion de una estudiante musulmana: «el tipo de vestimenta del islam le da a la mujer musulmana el derecho a mantener su cuerpo sagrado y no como un objeto a ser explotado por los hombres. La propuesta del islam de tener modestia al vestir le otorga a la mujer status y respeto». Y luego citaba la opinion de un hombre musulmán: «Es fácil para una mujer despertar/incentivar los deseos sexuales de un hombre con el simple hecho de descubrir algunas partes de su cuerpo en vez de al revés.  Las mujeres que se visten provocativamente pueden ser las iniciadoras de crímenes sexuales de una u otra forma».

Si me tengo que guiar por este libro llego a la conclusión de que los hombres son bestias sexuales incapaces de contener sus impulsos y de los cuales las mujeres deben resguardarse para no incitar un crimen, ya que en última instancia sería su culpa.

Ahora, quisiera aclarar en este punto que no tengo nada en contra de ninguna religión y que creo que el respeto a la diversidad es de suma importancia para la convivencia y la salud del corazon, así como también el respeto a la libertad de expresión.

Vuelvo a la historia de Al, el simpático señor de la Mesquita. Estábamos en el medio de la conversación cuando de pronto escuchamos un sonido. Al interrumpió la conversación, miró su reloj y nos dijo: «son las 17 hs, es el tiempo del rezo. Los invito a presenciarlo como mis invitados, siganme». Y nos llevó al salón central. Consiguió inmediatamente dos sillas y nos acomodó en una de las entradas del Gran Salón, de la parte de afuera. El Gran Salón era efectivamente grande, circular, con ventanales de vidrios celestes y amarillos que dejaban entrar mucha luz, con columnas excepcionalmente decoradas y una alfombra a rayas. En un costado del salon había un grupo de mujeres sentadas en ronda en el suelo estudiando el Corán. Los hombres se iban acomodando en una primera fila, justo detrás del hombre que guiaría la plegaria. Y más atrás, en la segunda línea de ventiladores, se iban ubicando las mujeres, una junto a la otra. La plegaria comenzó y todos, hombres y mujeres, al unísono, comenzaron a repetir una serie de movimientos al tiempo que más hombres se incorporaban a la gran línea de plegarias siguiendo al guía, que recitaba en voz alta. Se paraban, hacían un gesto poniendo sus manos detrás de las orejas, se abrazaban la panza, se arrodillaban, tocaban el suelo con la frente, y repetían.

Me llamó la atención que de todas las mujeres que unos minutos antes estudiaban el Corán en el piso una de ellas no se hubiera sumado al rezo. Le pregunté a nuestro amigo Al al terminar el ritual y me dijo que era porque la chica en cuestión tenía su período. Lo mismo había visto en templos budistas y también me había llamado la atención: carteles en la entrada de los templos diciendo que las mujeres que estuvieran en ese momento del mes no podían ingresar al templo.

El Salón de Plegarias.

Supuestamente durante este tiempo las mujeres se consideran impuras… me hubiese gustado haber indagado más al respecto…

Esta es simplemente una aproximación al tema. Pero lo cierto es que más allá de la religión en sí y las posibles interpretaciones que se pudieran hacer del Corán, en este caso, estas costumbres también son una cuestión de identidad y tradición de la cultura árabe, tanto como su deliciosa comida.

La vestimenta conservadora es una característica común en muchas religiones, y marca una diferencia entre el aspecto más `corpóreo` del ser humano y su aspecto más ‘espiritual’.

Es una discusión que probablemente, como cualquier otra discusión, no tenga una respuesta correcta, sino simplemente una postura a tomar. Pero lo que sí podemos decir es que tanto la mujer alegando que puede hacer lo que quiera sin esperar una reacción, tanto como el hombre alegando que no es responsable de las posibles reacciones a que su pene lo induzca son dos discursos que, para mí, hay que reformular.

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