18 enero, 2019

Revista feminista y popular

Notas

20 abril, 2018

CUANDO SE CRIMINALIZA EL PARTO EN CASA

Por Laura Coldeira

La partera, licenciada obstétrica, Belén Weber fue liberada el miércoles pasado luego de estar presa durante dos semanas por asistir un parto domiciliario en 2014, en el cual, ante la falta de progreso, se efectuó un traslado oportuno a una clínica de la ciudad. Allí los profesionales se negaron a realizarle una cesárea y aplican el método de kristeller generando la muerte del bebé y graves secuelas en la madre.

La maniobra de Kristeller consiste en aplicar presión reiteradas veces sobre la panza de la mujer, la misma se encuentra proscripta y desaconsejada por la Organización Mundial de la Salud y por el Ministerio de Salud de la Nación Argentina desde el año 2003.

Durante el proceso el bebé murió y la madre perdió su útero. Sin embargo, la justicia imputó solamente a Belén, sin asignar responsabilidad a los profesionales de la clínica. Belén debería haber gozado desde el principio de su presunción de inocencia, pero el Juez Eduardo Cadelago Filippi la detuvo por homicidio culposo en concurso real con lesiones gravísimas y el magistrado apeló hasta las últimas instancias para prolongar la privación de su libertad.

Este accionar judicial es una muestra del aval al sistema médico hegemónico, que promueve cesáreas innecesarias e intervenciones excesivas y violentas sobre cuerpo de la mujer, en contra del parto humanizado, que a partir de la ley 25.929 está reglamentado en nuestro país desde el 2015.

La Asociación Argentina de Parteras Independientes (AAPI) manifestó en un comunicado su repudio a los “actos aleccionadores hacia la libertad de elección de las mujeres y familias, repudiando la criminalización de las parteras”.

Es terrible la naturalidad con que las mujeres somos víctimas de violencia obstétrica en las instituciones. Tenemos una ley que es prácticamente inaplicable porque el sistema de salud no acompaña el embarazo y el parto como un proceso de salud sino de enfermedad y desde allí se actúa, priorizando la comodidad de los médicos y reduciendo los tiempos de acción, porque hoy el tiempo es lo más rentable y como contrapartida, es lo más necesario para un parto natural, sin intervenciones.

A las mujeres que nos oponemos a recibir esa violencia, el sistema médico hegemónico nos da la espalda o nos toma con bronca y lo mismo pasa con los profesionales que sí deciden acompañar a mujeres embarazadas respetando sus tiempos y sus decisiones, como pasó en el caso de Belén Weber.

La justicia no apunta a clarificar la situación y juzgar justamente a quienes corresponde, sino a criminalizar a quienes escapan a un sistema de salud que tiene un modo de atención absolutamente fragmentado, que es violento, que no acompaña el empoderamiento de las mujeres y que así, es rentable.

El proceso judicial sigue en proceso y continuaremos apoyando la causa por un juicio justo, sin arbitrariedades, esperando que sean imputados los verdaderos responsables.

Foto: Cintia Rodriguez

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