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EL ENSAM-BLE ENTRE LA CURRICULA Y LA REALIDAD

Por Paula Montenegro y Juliana Szerdi

El ENSAM aloja en las aulas, pasillos y espacios comunes de ese gran edificio, que ocupa toda una manzana del distrito de Banfield, la historia de haber sido una de las Escuelas Normales que se construyó para la formación de maestrxs.

Actualmente en el establecimiento funciona desde nivel inicial hasta terciario, y recibe estudiantes de distintos puntos de la zona sur, lo cual hace que tenga una composición muy variada en su matrícula. Se lo conoce porque es uno de los más grandes de la zona, y porque allí fueron docentes Alicia Moreau de Justo y Alfredo Palacios, además, varias personalidades y políticos se formaron allí. Pero también se lo conoce por su historia de luchas, desde la División Perdida durante los años de dictadura, como por las tomas en defensa de la educación pública, y recientemente por el reclamo de justicia por el femicidio de Anahí Benítez, un caso aún envuelto en sospechas y búsqueda de justicia.

El año pasado el ENSAM vivió semanas difíciles donde la organización de docentes, padres y alumnos fue una unión central para soportar el dolor y transformarlo en lucha. Ya pasaron ocho meses desde que encontraron el cuerpo de Anahí en la reserva natural de Santa Catalina, ubicada entre Lomas de Zamora y Monte Grande, gracias a la búsqueda incansable de lxs compañerxs y docentes.

Reviradas conversó con Marta Balmaceda, docente del ENSAM, integrante del grupo de docentes, padres y alumnos que siguen de cerca el caso de Anahí. Hablamos sobre el impacto institucional que el hecho produjo en la escuela, cómo fue retomar las actividades académicas y también reflexionamos sobre la práctica docente y el vínculo con la realidad que se mete en las aulas todo el tiempo.

El ENSAM por dentro. Foto: Juan Dias.

R: ¿Existe algún mecanismo institucional para abordar la violencia de género en las escuelas de la provincia?

MB: En el diseño curricular está la materia de Salud y Adolescencia en cuarto año donde se abordan temas como la sexualidad y adicciones, es el espacio específico desde el diseño, aunque se plantea como transversales a los temas de violencias, sexualidad, adicciones. La verdad es que no siempre se toma por muchos factores y variables que lo atraviesan, como la impronta del docente, la impronta institucional, las resistencias que hay para tratar determinados temas. Después lo que hay para abordar temas de violencia es el gabinete. Pero lo que también ocurre es que los gabinetes por lo general están desbordados y muchas escuelas directamente no tienen. En el caso del ENAM hay un esquema de tutorías por curso y coordinadores por ciclo. Desde ahí se detectan casos y se hace el acompañamiento. Pero no hay una política, desde el sistema, que instale el tema directamente y que realmente se ejecute.

R: ¿Cómo surge el esquema de tutorías?

MB: Lo de las tutorías es algo que surgió en el ENAM muchos años atrás por propuesta de algunos profesores como Roberto Pazos y Patricia Cieri. Fue una propuesta docente que se acordó y se implementó y fue funcionando durante los años. El esquema de tutorías es muy interesante, un tutor por curso, que es elegido por los chicos, y el trabajo de ese tutor es hacer una especie de diagnóstico y mantener un vínculo permanente con los chicos y las problemáticas del aula, las pedagógicas y las sociales, que pueden ser temas de violencia familiar, social, económica. Pero a veces no hay una respuesta más institucional y eso dificulta.

R: Y puede pasar además que muchas veces lxs pibxs no llegan a manifestar sus problemas por cuenta propia al gabinete…

MB: Claro y, además, en muchas escuelas están desbordados o no hay gabinete y eso hace aún todo más complicado. Muchas veces se interviene a partir de lo que pueden llegar a detectar los docentes y preceptores, a veces se cubre con salidas individuales o de un pequeño colectivo.

R: Contemplando el marco legal, ¿hasta dónde puede meterse la escuela?

MB: La escuela tiene que intervenir, porque hay una ley que es la de protección de niños y adolescentes (26.061) que obliga a intervenir. Al estar dentro de la escuela, trabajando desde distintos roles te convertís en funcionario público y tenes la responsabilidad de intervenir, más allá de la necesidad.

R: El caso de Anahí se hace visible por la organización de la comunidad educativa ¿cómo fue ese proceso?

MB: El caso de Anahí es precedido por otro hecho la intrusión policial. Cuando el 17 de mayo entra la policía a perseguir a tres chicos menores de edad se arma una revuelta terrible. En ese momento lo que se hizo fue formar una comisión de docentes y padres contra la violencia institucional. Eso ya estaba cuando sucede lo de Anahí.

R: ¿Y también participaba el centro de estudiantes?

MB: Sí, absolutamente, tanto el Centro de Estudiantes de la Secundaria, como el del Profesorado. Cuando sucede lo de Anahí rápidamente se sale a iniciar la búsqueda. Desde el primer momento cuando nos enteramos de la desaparición, los compañeros empezaron a organizarse y nosotros empezamos a buscar contactos para ver por dónde empezar la búsqueda. Y es ahí donde te das cuenta de las herramientas que uno no tiene, porque ya cuando el domingo Anahí no aparecía dijimos ‘cómo puede ser que no tengamos una lista de teléfonos de concejales, de diputados o algún lugar donde mandar o pedir más información’. El lunes cuando llegamos al colegio, el centro de estudiantes ya había convocado a algunos medios.

R: Cuando se enteran que encontraron el cuerpo de Anahí, ¿Cuál fue la respuesta de la escuela?

MB: El viernes a la mañana ya estaba todo preparado para salir al mediodía a volantear a 9 de julio y Av. de mayo, y antes de salir se había convocado a los chicos al patio de la escuela porque se los iba a felicitar por el compromiso, la solidaridad, por poner el cuerpo. Pero ya en la última hora de clase me encuentro con otro compañero, Marcos, y me dice ‘¿viste esto?’ y me muestra en el celular una foto de un canal donde decían que había aparecido un cuerpo en Santa Catalina. Y la verdad es que quisimos ocultar la noticia, no sé si por temor del dolor que podía producir en los chicos, pero lo primero que dijimos fue ‘no digamos nada de ésto’, algo muy tonto porque los pibes tienen celulares. Era la desesperación de no saber cómo enfrentar la situación y también por protegerlos. Después nos siguieron llegando imágenes y ya estaban en todos lados. Entonces lo que hicimos fue empezar a llamar para que vengan los padres, para poder soportar lo que estaba pasando. A la tarde noche viene a la escuela un equipo de salud, ambulancias y un equipo de psicólogos. Lo habían acordado desde la dirección con inspección. Todo el equipo de salud del municipio acompañó la confirmación de la noticia. Ese día a la tarde me acerco a hablar con Nachito, integrante del Centro de Estudiantes, porque había que evaluar una alternativa, quedarse solamente con la noticia era demasiado pesado. Y con los chicos se decidió, que al otro día se iba a hacer la marcha a Congreso y que se iba a seguir reclamando. Y así fue. Fue una marcha impresionante, por la cantidad, por la angustia que sobrevolaba en el aire.

Marcha en Congreso. Foto: Luisa Magdalena.

R: ¿Te había tocado vivir alguna situación similar como docente?

MB: Así no. Fue algo nuevo, creo que ninguno estaba preparado para manejar una cosa de esta magnitud, yo creo que a ninguno nos había pasado. Si el tema Anahí sigue presente y salió a la luz es por lo que la escuela hizo y por lo que los chicos hicieron, por el trabajo incansable de esos pibes. Si no se hubiera pasado por la toma del 2016 y la irrupción policial, hubiera sido más difícil, pero fue una sucesión en la organización. Cuando pasa lo de Anahí ya había una experiencia acumulada de cómo organizarse.

R: ¿Cómo fue la vuelta a clases?

MB: El lunes se cierra la escuela por duelo y el martes se inician las actividades. Ese día se juntó a todos en el gimnasio, por turnos, y se hablaba de lo ocurrido desde distintos ángulos, donde cada estudiante y docente podía expresar lo que sentía, y se colocó una foto grande de Anahí. Las dos horas siguientes eran de trabajo en aula, con el docente que tenían a esa hora y otro más que acompañaba.También intervino  el equipo de niñez de Lomas de Zamora, llegaron abogados, trabajadores sociales y psicólogos, que acompañaron. En el curso que me tocó como acompañante, comenzó la profesora a conversar sobre un cuento que habían leído, planteando lo literario y lo real, intervine recordando el discurso de Gabriel García Márquez cuando recibe el premio nobel, donde explica cómo los europeos se asombraban por su literatura y él dice que la realidad en latinoamérica supera a la ficción, que no hay nada particular en su arte, sino que está en un contexto donde la realidad supera lo que uno puede imaginar. Lo que nos ocurría no era imaginable. Las primeras semanas se sentía la angustia en los pasillos y ahí vino la planificación de la marcha a Tribunales y después una actividad por mes.

R: Lxs estudiantes que vivieron todo esto fueron parte también de un acto educativo, de una marca que les deja la escuela…

MB: El hecho está presente. Se fue transformando y es parte quizá del duelo colectivo y posiblemente no se exprese de la misma manera que al principio, y es lógico porque se está atravesando un tiempo de duelo. Lo que perdura en este tiempo es el reclamo de Verdad y Justicia. Y en ese reclamo están los estudiantes actuales, los que egresaron, los que habían egresado en años anteriores, los docentes, los padres y madres, todos seguimos reclamando.

R: ¿Cómo hace la escuela para transformar lo de Anahí en un aprendizaje para los pibes?

MB: El ENAM es una escuela particular y hay un montón de aprendizajes que se dan por fuera de la currícula específica. Lo de Anahí, la búsqueda, el reclamo, contacta con muchas experiencias y con lo curricular. Hay una historia de participación en el colegio que hace que los distintos hechos ocurridos dejen un aprendizaje. Pensar la violencia de género, el compromiso con el otro y la solidaridad, contacta con la formación ciudadana, el conocimiento de derechos, y todo eso se da en los programas escolares, se revitaliza de otra forma cuando se retroalimenta la teoría con la práctica. Un contenido abstracto que no se conecta con la realidad puede que persista y se aloje en la memoria pero también puede ocurrir que muera, que se desvincule, se fragmente. En este caso lo que hay es retroalimentación, y eso tiene que ver también con la impronta de la institución, con la participación y con la historia desde la División Perdida hasta nuestros días.

R: En estas oportunidades se evidencia cómo la cultura institucional marca una diferencia.

MB: Los chicos que están hoy en la escuela no vivieron la dictadura y sin embargo todos los años hacen una actividad por el 24 de marzo, que la sienten propia, les duele, ese  es un aprendizaje que no está pautado en la currícula, y me parece que lo ocurrido con Anahí entra dentro del mismo parámetro.

R: ¿Cómo se implementa la Educación Sexual Integral en el ENSAM?

MB: Se abarca desde la materia Salud y Adolescencia, los contenidos son transversales, se deben tomar en el resto de las materias. Pero cómo se aborde va a depender de quién lo dé muchas veces. En sociología lo abordamos tomando los mandatos sociales, culturales, el formateo de los cuerpos, a través de la adquisición de roles diferenciados en el proceso de socialización. Creo que no hay evaluaciones generales de la implementación y creo que la ley no se cumple como debería cumplirse. La educación sexual en las escuelas es resistida por la moral religiosa, la presencia de los valores religiosos en nuestra cultura genera resistencia en sectores de la comunidad y de la misma docencia ante determinados contenidos. El otro día una chica del vespertino me contaba que en otra escuela, unos padres se presentaron porque no querían que se hable de métodos anticonceptivos. Esto se regula implementando la ley, con decisión política  desde el poder, y hay que replicar esa decisión política desde las autoridades de las instituciones, pero no siempre ocurre.

R: En estos últimos años pareciera que la sociedad le exige a la escuela que resuelva todos los problemas, ¿cómo crees que la escuela puede aportar a tener una sociedad más justa?

MB: Lo que la escuela no tiene que perder es aquello que le da origen, como institución, el conocimiento y la posibilidad de producir este conocimiento a partir del vínculo con los alumnos. La escuela tiene que estar al servicio de los alumnos pero priorizando el aprendizaje. Después podemos discutir cómo se media en el vínculo docente/alumno, institución/alumno, pero el rol fundamental es garantizar el conocimiento. Ahora, el tema es que la incorporación de conocimiento está atada a otras variables que la atraviesan y cuando aparecen en un aula una dificultad que afecta lo pedagógico por conflictos en el contexto, uno se tiene que comprometer con eso.

R: La escuela sigue arrastrando muchas tradiciones del siglo XIX, en una sociedad que ya demanda otra cuestiones. ¿Cuál debería ser el rol de la escuela considerando los reclamos actuales de la sociedad? ¿El docente debe ser un mero ejecutor?

MB: No, yo creo que el docente no es un ejecutor del conocimiento, ni el alumno una caja vacía. El conocimiento se construye a partir del vínculo entre un  docente que es un sujeto con una historia personal, académica, ideológica y un estudiante que también tiene una historia, una mirada de la realidad, un saber, una ideología. Los contenidos no pueden ser enlatados, si queremos un sujeto crítico. Y la escuela no es un ente aislado, está atravesada por las problemáticas de la sociedad en la que está inserta, las propias del docente y de cada chico que esté en el aula. Yo intento no practicar esa idea del docente como engranaje del sistema, y si bien de hecho hay una historia en la que persiste muchos parámetros de la escuela normalista, también hay otra de resistencia. Por ejemplo la ley de educación de 2006  retoma planteos de hace 100 años, en 1920 una corriente de pedagogos críticos pedían la obligatoriedad de la educación desde los  tres años hasta el final de  la secundaria. Si se tardó casi 100 años en concretarlo es porque en el medio hubo una historia de disputas. Hay algunas cuestiones que pueden permanecer de la escuela normalista, pero también está la otra escuela, y yo prefiero la otra escuela, la que se compromete con lo que sucede.

Marta Balmaceda con otras docentes

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