6 diciembre, 2019

Revista feminista y popular

Relatos

4 abril, 2018

QUÉ IMPORTA

Por Lui

Son las tres de la tarde y estoy sentado solo en la guardia, de un hospital público de Lanús, con el anular de la mano derecha vendado. No creo que sea grave, puedo mover el dedo, pero el corte es profundo. Aun no hice el cambio de nombre en el DNI, así que me pongo un poco nervioso, el DNI aun tiene la F y nombre femenino.

Nunca me operaron, nunca me quebré, nunca me cosieron. Espero.

Es febrero y hace mucho calor, tengo pantalones cortos, remera, zapatillas, pelo corto, mucho pelo en las piernas, soy flaco y casi no tengo tetas.

Me hacen pasar al consultorio. Una enfermera me cura, me venda y me dice que tengo que esperar a que venga el médico, que está en cirugía, él va a decidir si me cosen o no. Me pongo ansioso, no me gustan los hospitales. Esperé como tres horas junto a otras personas en un pasillo, todxs sentadxs en un banco de madera, viendo lo que siempre se ve en un hospital, madres con sus hijxs volando de fiebre, una chica embarazada gritando de dolor pidiendo que la atiendan, un viejo, cagándose encima, asistido por su hijo, camillas pasando, faltaban medicxs.

Al fin llegan dos médicos, jóvenes, de unos 30 años. Uno empieza a enyesar al chico que estaba esperando sentado en la camilla en frente mío. El otro me mira la mano, y en el pasillo, me dice -qué te pasó? , me corté con una reja, le digo. No responde, y sin mirarme en ningún momento a mi rostro, me agarra la mano con fuerza, y empieza a sacarme el vendaje de manera brusca.

-Me estás haciendo mal, le digo. Me duele, vuelvo a decirle. Le saqué mi mano, y empecé a sacarme las vendas yo, se me habían pegado.
Cuando logré quitar todo, muestro, -mové el dedo pibe- me dice. Lo muevo bien.
-Acostate en la camilla con la mano derecha para acá-. Acerca un tacho de basura enorme, me caza la mano y la pone encima.

Mientras veo al otro médico que estaba sentado de espaldas hacia mí, y había terminado de enyesar al otro chico como le tomaba los datos y los escribía en un libro. El médico me pincha. Empiezo a temblar, tengo miedo, nunca me cosieron. El otro médico me habla, -Nombre?… Lucía, contesto. Se hizo silencio, el que me estaba pinchando me miró a la cara. No puedo dejar de temblar, nunca me cosieron, le digo.

-No te preocupes, son los nervios-, responde. Y empieza a hablarme de un modo diferente, a explicarme qué hacía. El hecho de que le haya dicho el nombre de mi DNI, mi nombre muerto, nombre de mujer, hizo que cambie su trato. Empezó a hablarme y a tratarme más suave.

Empecé a ponerme mal. No por el corte, que no era nada grave, si no por la decisión, de transitar mis días como realmente me siento, que no soy mujer aunque tenga vagina, y de cuánto sufren otrxs por situaciones similares.

Me cosió con rapidez, y me dieron la orden de antitetánica y antibióticos y me dijeron que ya estaba.

Aguantando no llorar, salgo de la guardia, y en la sala de espera estaba mi hermana. Llegamos a la vereda y me largué a llorar, lo único que pude decir es “El hospital es un lugar horrible”, por no decir, este mundo es horrible. ¿Por qué un varón tiene que soportar un trato distinto al de una mujer? tan brusco y poco considerado.

La sociedad se divide por géneros y cuando alguien no encaja en estas categorías, sufre discriminación y violencia. ¿Por qué nos sentimos con derecho a maltratar a una persona simplemente porque su género no coincide con las pautas que la sociedad determina para varones y mujeres? Esta división no está determinada por la biología o por las características supuestamente naturales de cada género, más fuerza en los varones, mayor sentimentalismo en las mujeres, sino porque es un tema cultural y, por lo tanto, cambia en cada contexto sociohistórico.

El sexo y el género NO son sinónimos. Mis genitales no determinan quién soy ni como tengo que comportarme.

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