18 enero, 2019

Revista feminista y popular

Opinión

31 marzo, 2018

La marcha de la vergüenza blanca

Por Lorena Dacosta

Hace años en nuestro país se celebra el Día del niño por nacer, día que fue designado por decreto del ex presidente Carlos Saúl Menem. Con esta fecha se busca conmemorar, promover y defender la vida humana desde la concepción en el vientre de la madre. Desde aquel entonces, en esa fecha el movimiento pro vida organiza a lo largo del mundo celebraciones y actividades destinadas a la concientización sobre la necesidad de defender la vida desde la concepción y en todas sus etapas.

Mientras tanto en estos últimos meses desde le movimiento feminista hemos avanzado en instalar un debate en la sociedad mas profundo que el que venia sucediendo en los últimos años, y es que por 7ma vez se volvió a presentar en el congreso el proyecto de Interrupción Voluntaria del Embarazo.

Miles de años han pasado y las mujeres hemos abortado por infinidad de causas. Mucho tiempo pasó hasta que socialmente podamos hablar de una ley que respete y reconozca nuestro derecho a hacerlo de forma segura.

La ideología pro vida estaba latente, como si esperara el momento oportuno para manifestarse. Y el momento llegó. El 2018 nos recibió con un movimiento de mujeres activo y con más fuerza que nunca, organizando el primer pañuelazo del año en el congreso, exigiendo a nuestrxs diputadxs el tratamiento de la ley, y también en las calles con una masiva movilización el 8M.

Mientras cada vez más mujeres nos sumamos al reclamo por el aborto legal, este movimiento pro vida comenzó a tomar más fuerza y a intentar consolidarse como la principal oposición al movimiento feminista. Organizando marchas y usando las redes sociales como su gran herramienta de construcción de un discurso cargado de odio hacia las mujeres que abortan, o a las que defendemos nuestro derecho a decidir.

Se fue gestando entonces la Marcha a favor de la vida, realizada este pasado domingo. La movilización se realizó en un sector de la ciudad donde claramente no viven familias humildes ni donde se caen las salitas y las escuelas a pedazos. La composición social de aquellos que se organizan y marchan claramente  no es aquella que se desangra en una pieza y muere luego de practicarse un aborto clandestino en condiciones inseguras y con desconocidos que apenas conocen los procedimientos que realizan. Claramente quienes marchan exigiendo los derechos del niño por nacer son aquellos con medios económicos para realizar un aborto seguro en una clínica privada. Obviamente la mayoría de lxs que marcha un 25 de marzo pidiendo que no se apruebe la ley, son los mismo que después miran a un costado cuando un niño o una niña piden monedas en las calles o cuando una fuerza de seguridad mata por la espalda a un pibe.

La marcha estuvo repleta de imágenes religiosas así como también de rosarios y pancartas explicándonos a las demás mujeres que DIOS nos hizo para ser madres, y lo mas llamativo fue la presencia de un bebe gigante hecho en papel mache. Filas y filas de curas, obispos y monjas, representantes de la institución que históricamente se ha metido en nuestras vidas y nuestros cuerpos. Las mismas iglesias que financian sus marchas pro vidas son las que después nos dicen que los métodos anticonceptivos no sirven, que nacimos para procrear, las mismas que están en contra de la educación sexual en las escuelas y jardines, la misma que encubre a curas abusadores y violadores de niñxs.

Algunes de les personajes más nefastos de nuestro país fueron quienes impulsaron la movilización: Cecilia Pando, conocida defensora de genocidas; Alejandro Biondini, reconocido dirigente neonazi; Héctor Aguer, arzobispo de La Plata; Mariana Rodríguez Varela, hija del abogado defensor del ex genocida Videla.

Hombres, ancianos, mujeres de clase media alta que recorren las calles de Recoleta todos los días, y que tienen el poder adquisitivo para pagar un aborto en una clínica segura y privada son los que nos culpan, nos juzgan, nos odian y piden los castigos mas terribles para todas nosotras.

Los sectores más reaccionarios, conservadores y tradicionales de nuestro país. Esos que encubrieron y apoyaron la dictaduras militares, esos que nos niegan a nuestros 30.000 compañeres desaparecides, esos que eran cómplices de las apropiaciones de los bebes recién nacidos de nuestras compañeras detenidas, esos que defienden violadores y abusadores de ñinxs, esos que culpan a las mujeres por ser victimas de violencia física o sexual. Ellxs, justo ellxs como no podía ser de otra manera, se suman al caretaje de los derechos pro vida y de la defensa de la moral y la familia.

Entonces nos preguntamos, ¿estas personas quieren derechos para quién? ¿Para las mujeres que mueren clandestinamente o para las que abortan en una clínica de Barrio Parque?

¿Piden piedad para quién? ¿Para las pibas más pobres de los barrios más humildes o para aquellas que esconden la “vergüenza” para no convertirse en aquello que tanto odian?

Entonces ¿de que moral hablamos? ¿La que les conviene a ellxs? Más claro hay que echarle agua.

El aborto no es una cuestión de moral y culpabilizacion, es una cuestión de salud pública, porque se nos siguen muriendo las pibas más pobres mientras el Estado se lava las manos.

Entonces nos queda a nosotras ganar esta batalla. Sigamos levantándonos hermanas, que somos más, que somos muchas, que somos nosotras las que nos apoyamos, las que nos aconsejamos, las que nos organizamos. La marea verde y feminista esta avanzando a pasos agigantados, seamos consientes de que lo vamos a lograr. ¡El patriarcado y la Iglesia se van a caer y con ellos todes estos personajes asquerosxs!

Abrasémonos hermanas y gritemos bien fuerte, que al mundo lo estamos sacudiendo.

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