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La mujer de los pañuelos

Por Paula Montenegro

La primera vez que Nora Morales de Cortiñas se puso un pañuelo como bandera de lucha fue un 30 de Abril de 1977. Ese día se reunían por primera vez las madres de hijxs desaparecidos por la dictadura militar. En ese momento no era aún el pañuelo que todxs conocemos hoy y Nora, nuestra Norita, tampoco lo era. Recién comenzaba la lucha de muchas mujeres que dedicarían sus vidas a encontrar a sus hijxs.

En una entrevista que brindó hace casi dos décadas se describió como una mujer tradicional, una señora del hogar. Se casó muy joven, su marido era un hombre patriarcal, que quería que se dedicase a la vida familiar. En ese entonces ella era profesora de alta costura y trabajaba sin salir de su casa, enseñándole a muchas jóvenes a coser. Ella sostiene que vivía todo muy naturalmente, como le habían educado sus padres. Pero con la desaparición de su hijo Gustavo se empezó a gestar esta nueva Nora, que junto con otras mujeres dejaron de ocuparse del hogar para pasar al frente de una lucha que les llevaría la vida: ser una Madre de Plaza de Mayo.

En agosto del año pasado, con la desaparición de Santiago Maldonado, Norita salió con su pañuelo blanco una vez más a la plaza que vio nacer la lucha de las madres. Por esos días había una foto con una frase que recorrió las redes sociales, era una foto de ella entrando en la plaza en una de las grandes movilizaciones que exigían la aparición de Santiago con una frase que decía: Cuando no sepas para dónde ir, arrancá para donde esté Norita. Y esa frase sintetizaba lo que ella es. Nunca va a estar ausente en ninguna lucha, en ningún reclamo.

En las asambleas por los despidos del Hospital Posadas, en la bicicleteada por la Ley de Glaciares, en el juicio al líder mapuche Jones Huala, en la villa pidiendo justicia por lxs pibxs que asesina la policía, jugando un partidito de fútbol en apoyo a Higui, o cerrando el enorme Paro de Mujeres el #8M.

En el Paro Internacional de Mujeres, Lesbianas, Trans y Travestis, frente al Congreso y en una ciudad entera desbordada de feministas, Norita sostuvo en alto el pañuelo por el aborto legal, seguro y gratuito. Ayer quizás muchas de las miles de pibas que se movilizaron por primera vez la conocieron a Nora. A ellas les queremos decir que se abracen a sus pañuelos, que los envuelvan y no los suelten. A ellas les decimos: seamos como Norita.

Norita siempre está. Norita es la mujer de las mil marchas, de los mil reclamos, es la prueba irrefutable que la rebeldía no se agota con los años, que la esperanza y la firme convicción en una sociedad más justa no se oxida con el paso del tiempo. Ella es quién nos marca el camino: las luchas van de la mano, cerrando en un puño todos los pañuelos.

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