18 enero, 2019

Revista feminista y popular

Notas

12 marzo, 2018

¿Hombres aliados o alienados?

Por Sol Martínez

“Si nuestros cuerpos no valen, produzcan sin nosotras”, fue el lema que encabezó el Paro Internacional de Mujeres (entendiendo como “mujer” a toda persona que se identifique como tal ya sea cis, trans, lesbiana, etc.) que en este caso coincidió con el Día Internacional de La Mujer.

A diferencia de marchas anteriores donde el cielo lloraba con nosotras a causa de las compañeras perdidas y nuestras vestimentas opacas denotaban la oscuridad de los tiempos actuales, la marcha convocada para este jueves 8 de marzo cobró vida bajo una sublevación de vivacidad y color, siendo el violeta y el verde sus protagonistas.

Incluso antes de llegar a Plaza De Mayo, punto inicial de la movilización y congregación de gente, ya comenzaba a gestionarse una atmósfera de empoderamiento y orgullo feminista al rechazar con vehemencia los saludos y mensajes felicitando a la mujer por su día. “Es un día de lucha, no de celebración”, era la respuesta automática proliferada por miles.

En la marcha estuvieron presentes los organismos feministas más reconocidos como el Colectivo #NiUnaMenos, la Campaña Nacional por el Derecho al Aborto Legal Seguro y Gratuito, y otras agrupaciones en representación de mujeres, lesbianas, travestis y trans.

Entre la heterogeneidad de gente caracterizada por una diversidad de todo tipo, fue muy notoria la ausencia de representantes del sexo masculino. En los días previos, hubo una difusión masiva acerca del rol recomendado que el hombre debía adoptar y se resumía en dos simples palabras: no intervengan. A los que querían contribuir con la causa, se les sugería aprovechar la ocasión para permitirle la asistencia a las mujeres, ya fuera cubriéndolas en el trabajo o cuidando a sus hijxs, etc.

Foto: Agustina Páez

Al reunir y comparar los testimonios de manifestantes (tanto de hombres como mujeres) cuyas edades varían entre los 18 y 60 años, se puede ver que en casi todos los casos son las generaciones más jóvenes de mujeres las que se sienten atacadas por la presencia del hombre en la marcha. Ellas justifican su desaprobación sobre este hecho apelando a que las manifestaciones feministas representan para la mujer un lugar seguro y que al ser “invadido” por integrantes del sexo masculino, aquel espacio pierde el status de santuario. Utilizan como ejemplo los repetidos casos en los que una mujer se encontró con su abusador en plena marcha y los efectos desestabilizadores que este tipo de situaciones genera. Por otro lado, también apelan a que la marcha no es espacio para el hombre. Ellos, con sus privilegios, cuentan con un espacio todos los días que deberían usar para hablar del tema, concientizar al resto de la población masculina, y de ese modo apoyar al feminismo.

Foto: Agustina Páez

Foto: Agustina Páez

Las docentes de la Escuela N° 12 del Distrito 9 de la Villa 1-11-14  marchaban por derribar la imagen sacra y maternal de la maestra. En cambio, apuestan por una visión más natural que la muestra como lo que es: una trabajadora de la educación que como toda mujer también “coge y aborta”. Una de ellas se paró a explicarnos por qué el hombre puede ser sólo aliado del feminismo y no feminista en sí. Su respuesta fue que aún queda mucho por deconstruir y que la manera que tienen los hombres de apoyar la causa es quedarse cubriendo los puestos de trabajo para que la mujer pueda asistir a la marcha (como lo hicieron sus colegas hombres), o quedándose en casa a ciudar a los hijxs. “Vi acá marchando a muchas familias compuestas por mamá, papá e hijx. Para mí, ese hijx no debería estar en la manifestación y es el padre quien debería llevarlx a su casa y cuidarlo para que su mujer pueda disfrutar de este espacio”.

Contrariamente a esta opinión, Antonio, estudiante de Ciencias Sociales, se autoproclama feminista y asistió a la marcha para apoyar a su novia y amiga. Según él, el feminismo debe incluir al hombre porque es justamente la porción de la sociedad que más necesita ser concientizada acerca de la problemática de la mujer. Si el fin de la lucha feminista es lograr la igualdad de género, entonces el hombre no puede ser excluido porque se quedaría afuera del tan deseado objetivo. También agrega que el rol que debe asumir el hombre es pura y únicamente secundario. Las protagonistas son indudablemente las mujeres.

Foto: Agustina Páez

El desconcierto del sexo masculino en torno a esta temática se debe al imprevisto empoderamiento feminista, que cambia completamente los roles preestablecidos. Al ser confrontado y ya no encontrarse en una posición incuestionable de privilegio, el hombre no sabe cómo actuar. Ante el peligro de quedarse alienado, prefiere actuar como aliado pero, ¿qué pasa si el feminismo no se lo permite? ¿Se comportará el hombre como un nene resentido al que no le dejan participar de las reuniones de adultos? ¿O respetará el deseo de la mujer de no intervenir?

¿Cuál será el nuevo rol que ocupará en el futuro el extinto hijo predilecto?

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