18 enero, 2019

Revista feminista y popular

Notas

7 marzo, 2018

Vínculos

Por Yanina Garin

¿Y tu novix?
No, no somos novixs.
¿Y que son?
Personas.

A la sociedad le resulta difícil y molesto que unx ande por la vida sin etiquetas. Pero da igual lo que contestes, al fin y al cabo van a etiquetarte de cualquier modo.

<Ah ¿es gay? No parece. Que lástima.

>¿Que lastima para quien? Para vos. Para el seguro que no es una lástima hacer lo que quiere. Pero si le debe parecer triste que todavia exista gente como vos que cree que una persona homosexual hermosa es un desperdicio, de todos modos si fuese hetero no se acercaría ni para ser tu amigx.
No, no quise decir eso…

<Tal vez no quisiste. Pero lo dijiste. ¿Te parece que lxs homosexuales deben declarar sus elecciones públicamente?

>No, pero no creo que deban ocultarlo tampoco, no seas exagerada… Ya no se puede decir nada.

<¿Vos en tus reuniones familiares le decís a tus parientes si te gusta que te metan cosas en el culo o si chupas muchas pijas sin forro?

>No es lo mismo.

<Si que es lo mismo. No importa el género o elección sexual. A vos nunca nadie te obligó a decir de qué tamaño o color te gustan. Entonces ¿Por qué lxs heterosexuales le exigen a la comunidad algo que ellxs no hacen?

No solo nos resulta compleja la idea de un amor diferente por haber aprendido a amar dentro de una sociedad heteronormativa, sino que también nos cuesta huir de relaciones posesivas naturalizadas por la idea de un amor romántico que hemos ido absorbiendo a lo largo de nuestras vidas, a través de las instituciones que frecuentamos, de todo el material audiovisual que consumimos y de los vínculos que nos fueron construyendo como personas
sociables.

Todavía nos pega fuerte en el ego saber que no seremos el complemento perfecto de nadie. Pero así es, no lo somos, ni lo seremos nunca. Porque no existe tal cosa, porque somos seres en movimiento, en crecimiento constante. Desde el mundo de las ideas, donde flotamos libremente, afirmamos que la monogamia limita, estanca y destruye las diferentes formas posibles que podríamos adoptar si quisiéramos. Suena bastante hermoso y nos
ponemos fácilmente de acuerdo, pero… siempre hay un pero: Al bajar a la tierra nos damos cuenta que dentro de nuestro discurso efectivamente somos personas libres, pero en la práctica terminamos siempre en los mismos lugares cómodos. No se trata de incongruencias en el discurso, sino que de verdad es muy difícil romperse en pedacitos y empezar de nuevo. Duele deshacernos y entregarnos a la libertad.

En una época donde todo vale poco, y por un poco de nada te arrancaría la cabeza cualquier compañerx, donde hay que agradecer todos los días haber vuelto sanx a casa y no haber sido hoy otrx de lxs que perdieron su trabajo, es lógico que nos aferremos a los vínculos. Supongo, invento. Son lo único que nos sostiene, al fin y al cabo. Tenemos miedo de ser reemplazados, por alguien mejor, igual, o peor, da lo mismo.

Pero ¿qué tan irrompible es un contrato de ‘felices para siempre’? ¿Qué tanto sufrirías para serle fiel a una promesa? Parece que aún hay gente que confía en el modelo de pareja patriarcal y da todo por su familia. Que sufre mucho, pero igual se deja estar bajo el sol mientras la piel le va cambiando tanto de color que finalmente ya no es capaz de reconocerse en ningún reflejo. En esa soledad acompañada hay mucho más dolor que en tu propia soledad, que aunque al principio no lo parezca, siempre estará llena de amor.

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