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7 marzo, 2018

7/03: VISIBILIDAD LÉSBICA

Por Revista Reviradas

¿Quién era Pepa Gaitán? Una joven de 27, trabajadora social informal por pura persistencia de acompañar y contener a los niños y las niñas de su barrio, el Parque Liceo, un área humilde de la periferia de la ciudad de Córdoba. Y también una lesbiana orgullosa de encarnar una masculinidad diversa. Una masculinidad que expresaba cada vez que pedía que no la llamaran como Natalia porque ese nombre estaba sólo habilitado para su familia de origen. Ella era Pepa o Chori, sobrenombres que en Córdoba se usan tanto para varón como para mujer –en el club Belgrano de Córdoba, el club de los amores de Gaitán, juega La Pepa Reinaldi, por ejemplo– y les reclamaba a sus amigas que la trataran en masculino. El 7 de marzo de 2010, Natalia Pepa Gaitán fue asesinada de un escopetazo por el padrastro de su novia.

Pero ese orgullo de ser también se le volvía en contra. “Nosotros luchamos mucho con mi hermana en el barrio. Porque la discriminaban mucho. Ella se hacía querer muy mucho, era muy entradora la gorda –yo le digo la gorda de cariño, porque era una gorda hermosa–, pero tenía sus bajones. Su sueño era tener un trabajo en blanco y eso parecía imposible, porque la veían y listo, ya no la llamaban más. Uno quiere pensar que no es por eso. Pero yo trabajé en una empresa y empezaron a tomar mujeres para barrer el pasto después que lo cortaban en las veredas. Y le dije al jefe de mi hermana y me dijo que sí, que por supuesto. Y cuando la vio ya no la tomó. Me dolió tanto, porque fue en mi cara, que dejé de trabajar ahí”, dijo en su testimonio Mauricio, uno de los hermanos de la Pepa.

Si una de las violencias más comunes contra las lesbianas es la invisibilización, la negación de su existencia –que también las margina de las políticas públicas, de las campañas de acceso a la salud de las organizaciones de la sociedad civil, que las recluye a una oscuridad impuesta: no importa cuántas veces una lesbiana salga del closet, al negarle su existencia o ponerla en duda, es devuelta a la falta de luz del closet– la masculinidad de la Pepa hacía evidente lo innombrable. “Por eso yo quise dejar en evidencia ese rasgo de su persona –dice la abogada querellante, Natalia Millisenda–; en principio hasta me había cuestionado la fiscalía por esto, como si fuera algo vergonzante. Pero es fundamental. Porque ella se hacía visible contra todo, aun a pesar de la violencia que sufría, y esto es todavía más revulsivo.”

Fragmentos de la nota de Marta Dillon en Página12 el 31/07/2011

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