17 agosto, 2019

Revista feminista y popular

Opinión

9 febrero, 2018

Ataraxia una mierda!!!

Por Cyn Var

Mientras miro la laguna de reojo cada tanto, sigo con la lectura del verano. Terminé ‘Gordx el que lee’ (disfruté mucho su lectura, hay multiplicidad de miradas y pude “identificarme” con algunos textos en mi propia marginalidad como cuerpo disidente flaco, sin tetas, sin culo, narigona y esquelética. Quisiera saber sobre historias de este tipo, pero creo que nadie urgó demasiado por estos lados, si saben me gustaría que me lo hagan saber) y ahora estoy terminando de leer ‘Ética tortillera’ de Virginia Cano. Me detengo en el capítulo 3, segundo punto, que habla sobre ‘Esas raras teorías nuevas o la crítica de la razón heterosexual’ (Cano lo pone en plural y usa corchetes pero me da paja redactarlo tal cual).

En ese apartado hace una crítica a lo que entendió y entiende buena parte de la filosofía occidental (antigua, moderna y contemporánea) con respecto al concepto de crítica la cual la mayoría de las “filosofías occidentales” hacen  siempre desde los márgenes de lo que se entiende como correcto, bueno, aceptable, progreso, civilización, normal. Estas filosofías occidentales que nos enseñan en el sistema educativo argentino desde el nivel inicial hasta el  universitario (la llamada ‘Academia’, término que seguimos usando desde Platón hace más de dos mil quinientos dieciocho años más o menos) no es otra que una basada en una norma patriarcal. Todos los “progres” desde Descartes, Kant, Nietzsche, Sartre, Foucault, etc. (por nombrar algunos de los ejemplos de representantes de la filosofía occidental “hegemónica” que aparecen en el texto de Cano) hasta acá, no hacen más que criticar la “lógica imperante del ‘capitalismo salvaje’ individual, egocentrista, competitivo, patriarcal y esclavizante.

Me gusta cuando Cano dice “el sueño del filósofo tiene mucho que ver con el sueño religioso: ambos buscan la salvación” (pág. 102). Yo me pregunto qué fue primero si la filosofía o la religión… ¿el huevo o la gallina? Pero no importa. Ambos son un invento de las personas frente a la incertidumbre de la vida, ante el vacío de la existencia, el sinsetido cotidiano.

Otra frase que me gustó dice “la lucha es por la variabilidad de las posiciones y de la multiplicidad de los colores (¿del arcoíris? jaja), por la aceptación de su carácter endeble y transitorio” (pág. 103). Y ahí me vienen los textos de Blas Pascal, con lo de la caña pensante y bla bla blas… Entonces propone una crítica basada en la crítica de la teoría queer a lo que llama ella, nietzscheanamente, la razón hetero/mono/occidental (ya que tengo entendido que es doctorta en el tema), en el cual analiza el modo en la que la heterosexualidad ha funcionado como Norma, digo la norma, razón, lógica, con que se suele habitar el mundo (pág. 106). Entonces ella se pregunta no sobre la crítica a la heterosexualidad obligatoria sino sobre el carácter crítico de un pensamiento heterodisidente. “¿En qué medida podemos hablar de crítica? Y de ser así, ¿de qué lado nos ubica esta crítica, del lado de (la) Victoria[1]? ¿Del lado de los salvados, o de lxs derrotadxs, lxs vencidxs, lxs de abajo?”. Cito textual para marcar que ya ubica a la disidencia del lado de “lo oscuro”, de “la barbarie” para la Norma.

Entonces si la “crítica es pensamiento del límite”, siempre como propone en que acuerdan estas “raras teorías nuevas” y es porque suponen una relación resistente con los límites (y acá Cano va a situar a la escritura lesbiana), que pone en jaque aquello que “nos es dado (palabra que para mí sigue teniendo connotaciones religiosas, ya que hay que aclarar que nos es dado por la cultura, la sociedad, “la pesada herencia” familiar, entramado del devenir pero nunca para mí de un “dios demiurgo” sino otra vez caemos en la cuestión metafísica de la que Kant quería salvarse y todx filósofx occidental trata de obviar, sin tener mucho éxito. Entonces Cano va a decir que estamos “condenados a no hallar nunca la paz del cielo estrellado ni el refugio de la tierra de la verdad, podemos pensar y filosofar en el modo de la incerteza y de la ignorancia (…)” (pág. 109).

En el segundo titulito que versa ‘Cómo romper sin romperse: o sobre la crítica como experiencia del riesgo y la teoría desde abajo’. Dice y cito textual el párrafo porque no tiene desperdicio: “(…) Creo que hay algo (fatídico) en la filosofía que la liga peligrosamente a este destino topográfico que la quiere hacer “ascender” a lo alto de una teoría, de una meditación, que se ha alejado de la empiria, y que se siente –por ello mismo- salvada. Esta alta teoría, esta filosofía realizada desde la perspectiva lumínica del arriba, es efectivamente un modo de pensar y de escribir que cimienta su autoridad en la superioridad de lxs que –más allá de las nimiedades del abajo- están a resguardo y han encontrado su pequeño paraíso. Es decir, su verdad, su bien, su dios (…)” (pág. 110-111).

Menos mal que soy “alta”, mido uno setenta… 😉

Entonces cuando leí el párrafo anterior se me vino a la mente Eugenio Cuttica y su muestra, me acordé de la señora del grupo de la “visita guiada” (ahora le dicen recorridos participativos para que sea más inclusivo y no haya tanta distancia entre el/la/le artista, la obra y lxs espectadorxs… igual avisan que es probable que le cambien el nombre nuevamente ya que estaría en una fase de transición, hasta encontrar el “nombre” adecuado para dicha experiencia) que lo justificaba a Cuttica con esa “luz de la razón universal”.

Me gusta cuando Cano dice: “Es este caos, esta oscuridad de lxs que no piensan desde la superioridad de lo alto (…) -la que- nos mantiene a distancia de esta ‘luz’ enceguecedora gracias a estas ‘raras teorías’”. Cuttica con su pensamiento machista, misógino, conservador, de falso altruismo (porque ni él puede lograr la famosa ATARAXIA en su trabajo, chisme de pasillo fue que él mismo dijo que prefería trabajar con mujeres porque eran más dóciles…) quiere representar por medio de su obra esa luz de la “alta teoría”…

¿Por qué les cuento todo esto? Por las muestras que vi el otro día en el Museo del Mar (Mar del Plata) de Cristian Segura (tipo con un gran EGO), Ernesto Ballesteros (el más copado pensé porque creía que tenía espíritu comunitario, pero descubrí al final que le gusta nada más ni nada menos que’mandar/dirigir/cual demiurgo’) y -la joyita- Ataraxia de Eugenio Cuttica.

Si es posible hablar de una “crítica desde lo alto” y una “crítica desde lo bajo” (muá) prefiero estar del lado de los caídos (para ellos), de los que no estamos salvados, ni queremos estarlos, dice Cano y coincido. Pero otra vez me viene el tema de la ‘grieta’, los binomios, las dicotomías, los opuestos, la concepción dual de la vida, y en porqué las personas nos empeñamos en comprender las cosas por oposición a otras.

¿Será porque necesitamos de un/a/e Otrx que exista para poder existir nosotres, que exista algo con qué “comparar” lo que nos hace bien de lo que no? ¿Cómo fluir entre las “cosas”, entre las “líneas de fuga”, entre las energías que nos atraviesan, entre las personas manteniendo nuestra autenticidad, sin ser “copias”, “productos”, “artesanías” de la sociedad, de la familia, del contexto? ¿Cómo saber qué es lo que se quiere autónomamente y no los deseos que nos quieren imponer desear? ¿Cómo romper, sin romperse? Imposible, hay que romperse y volver a re-construirse. Porque si afirmamos que podemos romper estructuras sin rompernos (es porque damos por sentado que tenemos un “eje”, una “esencia” que no cambia y solo cambia nuestra “apariencia”, dice Platón), no hay que tener miedo a quebrarse en mil pedazos, de nada sirve resguardarnos en “pliegues”. Hay que demoler el patriarcado, el machismo, el colonialismo, la lógica capitalista. Hay que destrozar las obras que atentan contra una mirada queer, una epistemología rumiante, feminista, matriarcal, nativa –barbarizante-, mística.

Concuerdo con lo que dice Cano sobre que “no estamos mejor que vos del otro lado, chabón, porque no hay un infierno al que temer, ni un cielo estrellado (de -paz-) al que aspirar. Sólo hay otros-lados” (pág. 113). Entonces para todas las personas que ven en la muestra de Eugenio Cuttica reflejado este “ideal filosófico de los antiguos” (tanto de occidente como oriente) les digo que este estado de ataraxia es lo peor que nos puede pasar a las personas que transitamos la marginalidad, que nos vemos excluidxs de la gran pirámide –social, económica, cultural, salubre, etc- de lxs salvadxs! (y acá sí utilizo la x porque lo “puto no te saca lo facho”, “lo torta no te saca lo machista” ni “lo trans te saca lo otrxfóbico”, ni dar charlas en las villas lo “academicista”).

La ataraxia -ese estado sin estado (anímico, emocional, sexual, de deseo, etc.)- es el reflejo culmine de una sociedad occidental que tiene puesta como zanahoria la idea de progreso, éxitismo, profética, del “buen vivir”, del “arte de vivir”, contemplando el equilibrio (inalcanzable para las personas y sólo alcanzándola creyéndonos dioses).

Otra frase que me gustó y coincido con Cano es: “No hemos encontrado todo el tiempo lo que buscamos (ya que para bien o para mal según el “analista” de turno, estoy en continua búsqueda) y se puede fingir para mí no saber que se busca (porque sino cómo te das cuenta que lo encontraste si no tenías una mínima idea, pero bueno eso da para otro texto). Muchas veces sólo sabemos de dónde estamos huyendo (más bien a dónde no queremos regresar, en mi caso a una relación heteronormativa-cis-“normal”) a qué estamos declinando” (pág. 114).

Y declino fervientemente a toda manifestación que promueva seguir reproduciendo estereotipos de lo que implica “la pureza”, “la inocencia”, “la mujer”, “la belleza” basado en un paradigma occidental, patriarcal, misógino, machista, cosificador de la mujer, aunque sea un producto final filosófico y de “alta teoría”.

San Miguel del Monte, 02 de febrero de 2018. Cynthia.

Referencias:
*https://www.gba.gob.ar/museomar/muestras/ataraxia_de_eugenio_cuttica
*https://ladiaria.com.uy/media/editi…
*Foto: mía. Centro de un témpano de glaciar.

[1] Le pone un título “humorístico” a esta parte que saca de las marchas del orgullo: “Norma es heterosexual. Victoria es lesbiana”: o sobre la teoría queer como crítica de la razón heterosexual. Pág 105.

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