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26 enero, 2018

25/01: VIRGINIA WOOLF

Por Revista Reviradas

Adeline Virginia Stephen -más conocida como Woolf-, nacida el 25 de enero de 1882 en Londres, es una de las voces más influyentes del  feminismo moderno gracias a sus textos. “Las mujeres han vivido todos estos siglos como esposas, con el poder mágico y delicioso de reflejar la figura del hombre, el doble de su tamaño natural“, escribe en el ensayo ‘Una habitación propia’.

Virginia Woolf, hija de un escritor y una modelo, creció en una casa con una gran biblioteca y entre frecuentes visitas de autores a su padre. No fue a ninguna escuela, pero recibió clases de profesores particulares. Empezó a escribir en un periódico en 1905 y no fue hasta 1915 cuando publicó su primera novela, ‘Fin de viaje’, a través de la editorial de su hermano. Los primeros años de su vida y sus vivencias impregnaron alguna de sus obras, como ‘Al faro’.

En su narrativa, Woolf sobresalió por la introspección de sus personajes y la descripción de las emociones que subyacen a eventos aparentemente mundanos. Las obras de no ficción como ‘Una habitación propia’ (1929) y ‘Tres Guineas’ (1938) muestran la decidida perspectiva feminista de Woolf al documentar la discriminación intelectual hacia las mujeres y la dinámica de poder dominada por los hombres de la época.

La complejidad de la vida de Virginia vino dada porque además de sus hermanos tenía tres hermanastros, hijos del primer matrimonio de su madre. Todo indica, y así lo reflejó de manera velada y autobiográfica en una de sus obras, que tuvo que soportar abusos sexuales de dos de ellos y que jamás pudo superar la desconfianza hacia los hombres, decantándose por una inclinación romántica por las mujeres.

Su vida estuvo marcada por ese vaivén emocional que influyó de manera decisiva en su obra y que la obligó a pasar algunas temporadas en lo que en aquellos años se conocía como casas de reposo, y que no eran más que psiquiátricos. Esta enfermedad se agravó con la muerte de su hermanastra Stella dos años después y por el fallecimiento posterior, en 1905, de su padre a causa de un cáncer.

A pesar de sus dudas sobre el matrimonio, en 1912 se casó con el economista e historiador Leonard Woolf.

Su primer trabajo en el campo de la literatura fue con una obra de teatro titulada Melymbrosia, en 1908. Este trabajo fue la base para su primera novela, publicada en 1915 (cuando ya tenía 37 años) bajo el título Fin de Viaje.

Cuatro años más tarde publicó ‘Noche y día’, una novela romántica de estilo realista y que se desarrolla a través de cuatro personajes que componen un cuarteto amoroso muy particular, con relaciones cruzadas. En ella Virginia Woolf aborda los cambios sociales experimentados en esos años en Inglaterra, especialmente los que tienen que ver con la situación de la mujer y con los conflictos entre la modernidad y la tradición. Como en todas sus obras, deja caer un velado autobiográfico en el que se cuestiona si es necesario que haya amor dentro de un matrimonio y si todavía puede hablarse de amor en una época en la que ya se ha dejado atrás el romanticismo.

Desde sus inicios en la literatura, Virginia Woolf siempre quiso ampliar sus perspectivas de estilo más allá de la narración al uso, con hilos conductores guiados por el proceso mental del ser humano: pensamientos, consciencia, visiones, deseos y hasta olores. Perspectivas narrativas, en definitiva, inusuales, que incluían estados de sueño y prosa de asociación libre.

En 1925 conoció a la escritora Vita Sackville-West, con quien mantuvo una relación amorosa a pesar de que también estaba casada. Aunque la relación terminó sin que se disolvieran sus matrimonios, la amistad continuó durante el resto de sus vidas.

Woolf encontró una musa literaria en su relación con Sackville-West, hasta el punto de que fue su inspiración para la novela Orlando (1928), que supuso un nuevo avance en su estilo y por la que recibió elogios de la crítica por su innovador trabajo, logrando ampliar aún más su popularidad.

En ‘Al faro’ (1927), Virginia aborda una discusión familiar sobre si realizar o no una excursión a un faro, lo que le sirve a la escritora para liberar todos sus fantasmas familiares y luchas de poder entre el hombre y la mujer al frente de la familia.

Woolf mantuvo su frenesí escribiendo al publicar ‘Una habitación propia’ en 1929, un ensayo feminista basado en las conferencias que había impartido en universidades de mujeres, y en el que examina el papel femenino en la literatura, planteando la idea de que “una mujer debe tener dinero y una habitación propia si quiere dedicarse a escribir ficción”. Más tarde publicó su siguiente trabajo: ‘Las olas’, (1931), considerada por muchos críticos la mejor y de las más difíciles creativamente hablando. Su última novela publicada en vida fue ‘Los años’, (1937), sobre la historia de una familia a lo largo de una generación. El año siguiente publicó ‘Tres Guineas’, un ensayo en el que continuó con los temas feministas de ‘Una habitación propia’ y donde también dirigió su mirada al fascismo y la guerra.

Mientras la Segunda Guerra Mundial se estaba desatando, la pareja decidió que si Inglaterra era invadida por Alemania se suicidarían juntos, temiendo que Leonard, que era judío, corría verdadero peligro. Por si fuera poco, en 1940 la casa londinense de la pareja fue destruida en un bombardeo alemán, lo que abatió más aún a Virginia. Estos últimos sucesos dejaron sin camino de retorno el descalabro emocional que sufría Woolf, quien, a sus 59 años e incapaz de hacer frente a su desesperación, el 28 de marzo de 1941 se puso el abrigo, llenó los bolsillos de piedras y se adentró en el río Ouse para acabar con su vida.

Antes de su trágica decisión dejó dos cartas, una para su hermana Vanessa Bell y otra para su marido Leonard Woolf, las dos personas más importantes de su vida, cumpliendo la premonición de su libro Fin de viaje al emplear unas cariñosas palabras a su marido, tal y como hizo la protagonista de su novela antes de morir.

Has sido en todos los sentidos todo lo que cualquiera podría ser. Creo que dos personas no pueden ser más felices hasta que vino esta terrible enfermedad. No puedo luchar más. Sé que estoy arruinando tu vida, que sin mí tú podrás trabajar. Lo harás, lo sé. Ya ves que no puedo ni siquiera escribir esto adecuadamente. No puedo leer. Lo que quiero decir es que debo toda la felicidad de mi vida a ti. Has sido totalmente paciente conmigo e increíblemente bueno. Quiero decirlo, todo el mundo lo sabe. Si alguien podía haberme salvado habrías sido tú. Todo lo he perdido excepto la certeza de tu bondad. No puedo seguir arruinando tu vida durante más tiempo. No creo que dos personas pudieran ser más felices de lo que hemos sido tú y yo“.

Fuentes

http://www.elperiodico.com/es/ocio-y-cultura/20180125/virginia-woolf-6575988

https://elpais.com/cultura/2018/01/25/actualidad/1516835051_025456.html

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