19 febrero, 2019

Revista feminista y popular

Relatos

15 enero, 2018

SER MUJER NO DEBERIA SER UN PELIGRO

Por Clara Maria Di Sorbo

La semana pasada me fui a hacer una radiografía al Hospital Italiano de La Plata. Entré a una habitación con una camilla y diversas máquinas, y el médico me dijo: “Bueno, entrá a ese cuarto, ponete la bata y sacate el corpiñito y la remerita“. Viste que el diminutivo siempre da asco. Salí y me pidió que me baje el pantalón. Desde mi ignorancia pregunté si también me sacaba la  bombacha y me respondió que no. Desde atrás de un vidrio escuché una voz masculina diciendo: “No gracias, no queremos un panorama completo“, y risas de otros hombres.

El médico se fue para atrás del vidrio y me pidió que me quedara quieta apoyada en una de las máquinas. Estando ahí, escuché más risas, más hombres. Volvió el médico a pedirme que me ponga de perfil, me agarró de la cintura con mi cuerpo semidesnudo cubierto por sólo una bata, y me corrió más atrás. Se me paralizó el cuerpo y la cabeza. Sentí asco, miedo y soledad. Sabía que mi novio estaba atrás de la puerta pero igual me sentí sola.

Terminó el estudio y me mandaron de nuevo al cuartito. Nunca me vestí tan rápido y con la camisa semi abrochada sólo quise salir de ese cuarto. Abracé a mi novio y encaramos para la sala de espera. No voy a olvidar nunca que después llamaron a una tal Lucía con algún apellido impronunciable y me dio angustia, porque Lucia no tenía a nadie que la abrace cuando salga, ella estaba sola.

La angustia se agranda porque esos machos no sabían nada de mi pasado, no tuvieron cuidado por mi cuerpo ni me respetaron. Les digo machos porque ejercieron su machismo. Y puedo identificar el machismo porque entiendo que si en mi lugar hubiera habido un cuerpo masculino, estos machos no hubieran hecho ningún comentario, ni lo hubieran agarrado de la cintura y, por sobre todas las cosas, un hombre no hubiera sentido angustia, ni miedo, ni soledad. El hombre no tiene miedo a ser violado. Al hombre no le angustia encontrarse sólo en una habitación de puros hombres.

Esa tarde a mí no me violaron, no me golpearon ni me insultaron pero sí me violentaron. Es menester entender que el femicidio que tanto nos conmueve y nos hace hervir la sangre al ver la foto de la piba muerta en la tele es el último eslabón de una cadena de violencias que nos oprime, nos ahorca, nos quita la libertad, nos ata de pies y manos. Pero la bronca, la angustia, el miedo y el dolor son convertidos en lucha cuando marchamos, cuando nos imponemos, cuando contamos lo que nos pasa, lo que sentimos, lo que vivimos cotidianamente. Romperemos esas cadenas y pondremos nuestros puños en alto. Les puedo asegurar que sobran aerosoles para pintar paredes y patrulleros. Sobran las fuerzas para encontrar las mil y un formas de visibilizar esta problemática.

Nos van a ver en tetas, nos van a ver libres y se van a asustar, les va a dar miedo y angustia a los machos saber que estamos organizadas y que no soportamos más.

Van a llorar y renegar al darse cuenta que América Latina es toda feminista. Que vivas, respetadas y libres nos queremos.

Comentarios