23 marzo, 2019

Revista feminista y popular

Opinión

6 diciembre, 2017

La coherencia ante todo, ¿verdad?

Por Yamila Sofía Pita

Sentir pena por aquellos que ejercen violencia sobre otros. Caer en todas y cada una de las trampas de los manipuladores. Empatizar con los victimarios.

Sentir pena por aquellos que “no pueden manejar su impulsividad”. Considerar que todo tipo de violencia que no sea un golpe, es una “equivocación”.

“La gente se equivoca, no hay que tomar decisiones desde el enojo”. “Te quiere y tiene miedo de perderte”. “No conoce otra cosa, no es que el problema es con vos”. “Pero que boludo, la verdad que se confundió”.

De esas frases tengo como para hacer dulce. Esas frases que llegan como puñaladas. Esas frases que invisibilizan eternas jornadas de dolor y de sufrimiento. Esas frases que llegan para ponerse del lado equivocado.

Y luego escucho a la gente culpando a las víctimas. Aberraciones en cantidades, responsabilizando a quienes se encuentran presos de una relación enfermiza y violenta. Acusándolos de que podrían salir de ahí cuando quisieran, que si no lo hacen es porque son masoquistas. Los mismos que después te preguntan “¿y qué hiciste vos para que te diga eso?”.

Y me cuesta escribir con frases creativas como me gusta hacer, me cuesta tratar de deleitar a quienes leen esto cuando debo escribir desde la absoluta impotencia. Esa impotencia de escuchar que quien te violenta es un “pobre pibe”. Es recibir sal en las heridas que no cierran.

Heridas que no cierran porque duelen, porque dan bronca, porque dan vergüenza. Porque sentirse así de sola y así de frustrada, duele. Porque haber callado, duele. Porque hoy escribir y reflotar todo esto, duele.

Despiértense. Sean coherentes. Porque es tan frecuente como invisible. Es tan difícil como humillante. Dejen de empatizar con los victimarios y de culpar a las víctimas.

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