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2 noviembre, 2017

¿Por qué dejar las pastillas da tanto miedo?

Por Yanina Garin

Uno
Desde el día que las empecé a tomar sabía que entre sus efectos adversos existía la posibilidad de: disminución de la libido, depresión, irritabilidad y cefaleas. Bien, supongo que se lavan las manos estos tipos de los laboratorios, no puede ser que todo esto realmente suceda y tantas mujeres sigamos tomándolas. A mí no me va a pasar… Pero pará, seguí leyendo: Existe una mayor incidencia de enfermedad de Crohn y colitis ulcerosa. ¿Cómo? Y sigue, eh: mayor incidencia de enfermedad tromboembólica, sobre todo en pacientes fumadoras. Bueno no, paren. Esto no está nada bien. ¿Aumento del riesgo cardiovascular? Yo ya las empecé a tomar hace uno meses y la ginecóloga me dice que es peor tomar y dejar, que el cuerpo se acostumbra, y que si llegara a pasar algo fuera de lo normal la vaya a ver y cambiamos de pastilla. Todo esto con una solemnidad increíble y sin hacer contacto visual. Yo tengo miedo. No sé si quería meterme en esto. Las empecé a tomar porque era irregular, eso daba miedo y además tenía dolores muy intensos que me bajaban la presión y me hacían llorar. Quería pararlos, nada más. No quería toda esta mierda.

Dos
Los años pasaron bastante rápido, mientras tanto todos mis novios disfrutaban de la penetración sin preservativo sin preocuparse por un embarazo inesperado. Soy muy responsable, no me olvidaba de tomarlas jamás, era parte de mi vida, sentía esa responsabilidad en mi espalda cada día. ‘Uy, la pastilla’. La alarma que suena en las reuniones desde la adolescencia temprana donde las tomaba disimuladamente porque me daba vergüenza, hasta que de a poco se dio la naturalización: Tus amigas alrededor dicen ‘Uy, yo también la tengo que tomar ¿vos cuáles tomas?’. No te cuestionas lo que haces: la tragas, con agua, gaseosa, alcohol. Da igual ¿sabes? Se lo pregunte a la ginecóloga, porque tengo problemas con el alcohol. ‘No pasa nada, mientras no las vomites’.

Tres
Los hombres siempre te convencen. Porque se siente diferente, porque se olvidó de comprar, porque con preservativo no se le para, por amor y porque sí. Y yo siempre accedía. “¿Vos no pensaste que si yo te dije que si a vos, le dije que si a un montón de tipos antes?” Ahí le cambió la cara al machito. Perdió el poder. No le estaba mintiendo, solo estaba enojada porque siempre me dejaba. Este era un tipo más grande que yo, seguro habían pasado muchas cosas por sus genitales. Qué se yo. Ni si quiera confiaba en él. ¿Por qué accedí? Porque era pibita y tomaba pastillas. El mejor escenario para un señor con problemas de autoestima que te quiere llenar de leche sin problemas porque con el forro no puede acabar. Mientras te vas al baño con la mano en la vagina para que no caiga el semen por todos lados y te sentas en el bidet a esperar que caiga, pensas: ¿Qué carajo estoy haciendo? Ahora ya no le voy a poder decir que no quiero coger sin forro, porque ya está, ya lo hice, ya sabe que tomo pastillas. Ya no tiene sentido nada.

Cuatro
¿Por qué no las dejé antes? Me sentía tan poco acompañada por mis parejas que tuve que asumir toda la responsabilidad de no quedar embarazada. Y sin saberlo reproducía el discurso machista a través de una pastilla que me convertía en la única culpable de un posible embarazo no deseado. Además de ser víctima de múltiples efectos adversos en mi cuerpo, dejaba (como siempre) al macho en plena libertad de ir metiendo y sacando el pito sin asumir ningún tipo de compromiso mientras que el puede embarazar en cualquier momento y nosotras somos fértiles aproximadamente seis días al mes.
Admito haber replicado “con forro no es lo mismo’ un sin fin de veces para sentir que verdaderamente era yo quien decidía no usarlo. Pero no me culpo, fue la forma que adopté para sobrellevar las frustraciones del sexo que nos inculcó el patriarcado. Ahora, veo de lejos a esa pibita asustada (que supe ser) bajando los anticonceptivos con una botella de birra y la dejo tranquila, porque sé que ella sola se va a dar cuenta que dejar la pastilla es cortar uno de los tantos hilos de la opresión que no nos permiten ser libres.

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