20 septiembre, 2019

Revista feminista y popular

Cultura

12 septiembre, 2017

¿De qué sirve leer a Nietzsche?

Por Julián Molteni

a.

de qué sirve leer a Nietzsche?
¿para qué sumergirnos
en el origen de la tragedia? Si acá
en este pasillo, o atrás
en el otro vagón
o mirando tras este vidrio…
están los trágicos
está encarnada la fuerza dionisiaca
la que exalta y embriaga por un poco más de vida
por llegar al mañana
por consumir lo que alcance
o lo que el cuerpo resista.

Están en todos lados,
invisibles o gigantes
trata/el ser apolíneo
entender
pero todo lo separa
divide/lo vuelve objeto

siempre fuiste otro
y Platón lo remarca
sos esa aparición
humeante, que me desvela
esa realidad que no tiene que ser
pero esquivo
porque desconfío de sus dedos
asegurándome en otros/con pistolas certificadas

quiero hacer bailar
a la de idea/ de carenciado
hacer crujir/estallar de alcohol
a la nube que gira
en todo condenado
que gira en cualquier pibe
con visera
al costado
de las vías.

b.

Estás gimoteando, dando pequeños chillidos de dolor, angustia y quién sabe qué más. Retorciendote, moviendo las orejas intentás desprenderte de lo que te sigue y aqueja, ese fantasma de tu existencia. Estás ahí, tirada en el sillón de esta casa que por momentos suele ser tuya, cuando no hay nadie que te obligue a estar en el piso frío o en el patio, a veces movés el hocico como saboreando algo, quizás imaginando un pedazo de carne y no la sobras del guiso de antes de ayer. Cargamos de desdicha tu vida porque nos es imposible ponernos en tu lugar, quizás por exceso de racionalidad y por no darte nada de la misma, o porque descargamos nuestras miserias en algo que creemos inferior, objeto del humano, al que exigimos un sin fin de servicios a cambio de alimento “balanceado”. Te despertás y acomodás para volver a conciliar el sueño ¿habrá algo que pienses para dormir? ¿qué será lo que te aqueja, recordarás la lengua de tu madre peinándote o el calor de tus hermanos y hermanas en los primeros días de vida? Si sentís eso, no somos tan diferentes.

c.


Cojea este tren que se cae a pedazos
deja parte de sí en cada fricción
sin embargo, llega
aunque se arrastre/arroja en el destino su carga
todo está gris, mohoso, en este cubo de metal
que me escupe en cinco paradas
voy a salir y pisar madera
sobre una estructura de hierros oxidados
dicen que es temporal
pero en el Belgrano Sur lo temporal es eterno.

En el paisaje grita más el verde
las enredaderas secas aferradas a su hogar con lo último de savia
las finales flores de los palos borrachos
algunos niños jugando a la pelota…
pero, por momentos, se nubla el colorido otoñal
con algo de todos los días
con nuestros desperdicios/hecho patio trasero
de ese caldo de cultivo se desprende
el aroma de todos los días
el sudor de la frente.

II 
Una voz mecánica sobre-vuela nuestras cabezas
algunas ni la oyen, sumergidos
otras la repiten siguiendo el ritmo
inconscientemente
inunda el lugar, junto al vómito
de limón hecho spray
para darle un toque de aire fresco a esta oruga
hermética gigante, cubierta de azul y luces led.

Vamos paralelo al tumulto de autos
a esta arteria llamada Rivadavia
vamos al corazón de cemento,
de voluntad de poder, al centro de las ilusiones
vamos al ombligo de eso que aspiramos
ciegos, creyendo
entre dos líneas de concreto/ avanza
salta como disco rayado por momentos
y se dibuja un árbol
o entra un poco de aire/sin regurgitar
sin agregar frío o calor.
Viajamos en el Sarmiento/ renovado
porque la desatención se llevó tantas personas
pero por allá, a unos kilómetros
tan lejos socialmente
en el Belgrano se las siguen llevando.
III 
Se puede ver la diferencia de clase
viajando en tren.

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