20 septiembre, 2019

Revista feminista y popular

Relatos

8 agosto, 2017

MURAL EN EL BARRIO DEL REVÉS

Por Tomas Falasca

La comunidad, y precisamente ese barrio, Ramos Mejía, parecía haberse transformado súbitamente en el reino del revés. Para mis compañeras y para mí, la indignación provenía de algo mucho más cruento, como la matanza indiscriminada de mujeres. Nos enojábamos por cuestiones mucho más difíciles de resolver, como la injusticia y la desigualdad, que son la inspiración necesaria que necesitamos para pintar una pared, para representar en ese ínfimo espacio del universo, una idea de una intensidad sideral, que traspasa los límites trazados por Araceli.
Pero en el barrio del revés —una ínfima parte, un simple complemento del reino disparatado en el que vivimos— habitan seres que se preocupan por banalidades disfrazadas de tragedias. Una pared con una frase bella para ser leída por todos, para no molestar a nadie, para promulgar un discurso carente de envergadura política, es para ellos lo que convenía conservar en la pared. La esquina se convertiría, gracias a la creatividad y exactitud de nuestro equipo, en una representación fehaciente de un problema actual y urgente, que nadie quiere admitir, porque eso conllevaría un compromiso que sólo los valientes se animan a tomar, mientras los tibios se quejan de todo lo que no pueden comprender.
El barrio del revés parece el epítome de la normalidad a simple vista, donde nada ni nadie realiza algo transgresor, en parte por la necesidad de conservar su dignidad hecha de papel y con la obligación que tienen por respetar un status quo medieval.
El barrio y sus habitantes a partir de hoy, sufrirán por la existencia de un símbolo que se opone a sus comodidades ideológicas y sensoriales —porque gracias a los colores tan bellos y llamativos que lo caracterizan, obliga al ojo humano, jesuítico por antonomasia, a sucumbir y observarlo por lo menos durante un microsegundo.
Y un microsegundo en el que se perciba por lo menos un poco de injusticia puede cambiar para siempre la cosmovisión de algún intelecto errante. O también puede aliviar a quienes no se sienten parte del reino del revés, recordandole que no es el único loco exiliado de semejante régimen disparatado.

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