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Revista feminista y popular

Opinión

28 junio, 2017

Despatriarcar la pedagogía de Rousseau

Por Juliana Szerdi

Con el objetivo de aportar una mirada que devele las construcciones de género a través de los textos educativos, proponemos analizar el Libro I de Emilio o de la educación de Jean-Jacques Rousseau, quien sentó las bases de la pedagogía en el siglo XVIII.

Cuando hablamos de despatriarcalizar nos referimos a develar lo instituido desde la óptica patriarcal para construir otro orden social, guiado por la igualdad en la diversidad. Es fundamental analizar la construcción de las subjetividades sociales en torno al género a través de las obras pedagógica que edificaron nuestra educación.

La relación entre patriarcado y el modo capitalista de producción es parte del contexto de la obra de Rousseau, quien habla del hombre en sociedad, de la familia y la educación. En cada caso se pueden observar roles asignados, donde la mujer es la encargada del cuidado de la familia en el ámbito doméstico, el varón el sostén económico y el intelectual, y lxs niñxs que son objetos de los adultos.

El Emilio o de la Educación es una obra andocentrista, es decir, tiene al hombre como la medida de todas las cosas. El autor es varón y escribe desde esa óptica, y su proyecto pedagógico es funcional al patriarcado. Sus consejos reproducen estereotipos y mandatos sociales que sólo benefician a los varones, a los cuales no se les cuestiona su poder coercitivo y de poder sobre las mujeres.

Otra señalización tiene que ver con el lenguaje, ya que el libro está escrito desde una perspectiva masculina y con un lenguaje sexista. Se habla siempre de ‘hombre’ y de ‘niño’, salvo en algunos pasajes donde se nombra a la ‘niña’ para marcar alguna diferencia.

Esta apreciación es importante si consideramos que el lenguaje construye estructuras y simbologías sociales que sostienen al sistema patriarcal, y que se analiza la realidad sólo desde una perspectiva masculina, experimentando y observando siempre al varón.

Rousseau sostiene que en el orden social cada hombre tiene un puesto marcado y debe ser educado para ello. Esta es la base sobre la cual se edifica su propuesta pedagógica,  donde existen roles pautados para vivir en sociedad, como el rol materno y paterno. En el libro da ejemplos y consejos de cómo criar a un bebe, desde la utilización del pañal, qué hacer con el llanto, la mejor alimentación, cómo fomentar el habla, tratar los caprichos, etc.

Dado que Rousseau plantea una educación basada en lo natural, también plantea como natural que la mujer es la que debe cuidar y criar a lxs niñxs. “No es dudoso el deber de las mujeres, mas se discute si, en el desprecio que de él hacen, es igual para los niños ser alimentados con su leche o con la de otra” (Rosseau, 2005: 251), señala hablando de algunas madres ‘caprichosas’ que no quieren dar la teta a su hijo. Y cierra el párrafo diciendo: “otras mujeres, incluso animales, podrán darle la leche que ella le niega: la solicitud materna no se suple” (Rousseau, 2005: 52).

“Si no hay madre, no hay hijo. Entre ellos, los deberes son recíprocos; y si son mal cumplidos por un lado, serán descuidados por el otro. (…) si la voz de la sangre no se fortalece con el hábito y los cuidados, se apaga en los primeros años, y el corazón muere por así decir antes de nacer” (Rousseau, 2005: 54). Rousseau habla de la ternura y del amor como tarea de la madre exclusivamente. Por otra parte dice que “las preocupaciones domésticas constituyen la ocupación más preciada de la mujer y el entretenimiento más dulce del marido” (Rousseau, 2005: 53).

Cuando habla del rol del padre, dice que “la verdadera nodriza es la madre, el verdadero preceptor es el padre. Que se pongan de acuerdo en el orden de sus funciones así como en su sistema; que de las manos de la una pase el niño a las del otro” (Rousseau, 2005: 57). Se refiere también al padre como el sostén económico: “quien no puede cumplir los deberes de padre no tiene derecho a serlo. No hay pobreza, ni trabajos, ni respeto humano que lo dispensen de alimentar a sus hijos y educarlos por sí mismo” (Rousseau, 2005: 58).

Al referirse al rol de nodriza, detalla que tiene que ser “tan sana de corazón como de cuerpo: la intemperie de las pasiones puede, como la de los humores, alterar su leche” (Rousseau, 2005: 71), y luego relaciona las actitudes y comportamientos de una nodriza con la calidad de la leche que da. En otro de sus pasajes, aconseja que se debe “enseñad primero a los niños a hablar a los hombres; ya sabrán hablar a las mujeres cuando haga falta” (Rousseau, 2005: 95).

Rousseau fundamenta porqué la mujer debe criar y cuidar a sus hijxs. El contrato social de Rousseau es el pacto del patriarcado, donde el estado interviene en el contrato social y la familia en el contrato sexual. En esta obra encontramos el reflejo del pensamiento y la práctica concreta de la época que viene a reafirmar al patriarca y justifica su posición con supuestos argumentos dados por la naturaleza.

Fuente: ROUSSEAU, Jean Jacques. (2005): (1ra. Ed. 1762). Emilio o de la Educación. Filosofía Alianza.

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