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12 junio, 2017

MUJERES QUE COCINAN LUCHA Y ESPERANZA

Por Paula Montenegro

El miércoles 7 de junio la puerta del Congreso de la Nación se convirtió en un comedor popular. La organización social Barrios de Pie colocó ollas populares sobre Avenida Entre Ríos para visibilizar el problema de la malnutrición infantil en los barrios populares de todo el país.

Detrás de la larga fila de mesas donde una veintena de mujeres corta los vegetales para el guiso, Débora junto a varias compañeras le explica a la gente que transita por la zona de Congreso en qué consiste el Índice Barrial de Salud Nutricional. Ella es coordinadora del Área de Salud de Barrios de Pie en Almirante Brown, tiene 26 años y se sumó a la organización por una necesidad de trabajo. Vive en el barrio Sakura desde que nació, alquila con su marido y sus dos hijos a la vuelta de la casa en la que se crió. Hace un tiempo atrás su mamá le aviso que Barrios de Pie estaba anotando gente en una cooperativa y se acercó. Arrancó en una textil hasta que le comentaron la existencia del Área de Salud y no lo dudó.

-Siempre me gustó aprender cosas nuevas. Terminé el secundario y me anoté en un montón de cursos: computación, inglés, contador público, nada relacionado a la salud- dice riéndose- pero me gusta aprender.

Sonríe mientras habla, hace un año que está en el Área de Salud y aprovecha cada cosa nueva que aprende. Como coordinadora del área de Almirante Brown tiene que capacitar a sus compañeras en el trabajo. Dentro de unos días empiezan los cursos, todas tienen que aprender a percentilar y a pesar y medir bien a lxs chicxs, un error y todo el estudio se arruina.

Durante los meses de marzo, abril y mayo pesaron a casi mil trescientos niños, niñas y adolescentes. En Brown había en ese momento 13 copas de leche –Débora aclara que hoy hay varias más debido a la necesidad creciente en los barrios-, a cada copa asisten entre 80 a 100 chicxs, así que sólo realizan la talla y peso en una copa por día. En el último relevamiento que hicieron detectaron a un nene de 4 años que pesaba 40 kilos, en el otro extremo, a una nena de 13 años, que también pesaba 40 kilos midiendo 1.60.

-El país está yendo para atrás, por eso es importante el trabajo que hacemos, queremos que más chicas se enteren de lo que estamos haciendo y se sumen

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Ayudadas por gráficos y tablas, las mujeres que integran el Área de Salud de Barrios de Pie resaltan que un 40% de los niños, niñas y adolescentes de los barrios más humildes sufren algún grado de malnutrición. Enseñan los afiches que prepararon para visibilizar su trabajo, explican ante los diferentes medios cuáles son los resultados del índice, exponen cuál es la problemática y cómo se genera. Una de esas mujeres es Emilia.

Nacida en Salta se vino para Buenos Aires en el ’80, hoy vive cerca del barrio Santa María, en Bernal Oeste, pero dice que recorre todos los barrios de Quilmes en su rol de coordinadora distrital del Área de Salud. A Emilia le interesó por primera vez el tema de la salud cuando realizó un curso de salud comunitaria en la UNDAV, un tiempo después se sumó a Barrios de Pie y empezó a participar del área.

Todos los lunes asiste a las capacitaciones que la organización brinda en la mutual que tiene en Chacarita, le gustan porque todas las semanas ven algo nuevo. Lo que más disfruta de su trabajo es empoderar a las chicas que se suman al área, que sientan que tienen la capacidad para llevar adelante el trabajo, para transmitir la información y, que hasta algún día, puedan ocupar su lugar como coordinadora.

-Cada mujer de la organización tiene mucho potencial, algunas veces está empañado por el miedo pero ahí está.- asegura.

Para ella las organizaciones sociales tienen tantas mujeres organizadas porque la mayoría son jefas de hogar y tienen que salir a buscar un trabajo. Muchas de estas mujeres no tienen la posibilidad de acceder al mercado laboral por la falta de estudios o porque no tienen con quien dejar a sus hijxs, por eso se acercan a las cooperativas. Ella también se sumó a Barrios de Pie por una necesidad laboral, fue cajera de supermercado, empleada doméstica, vendedora de cosméticos, pero siempre por un período de tiempo, una vez que las empresas en las cuales trabajaba le realizaban el examen preocupacional, la echaban. No importaba que estuviese capacitada, como tiene Chagas siempre la despedían.

-Pero terminé acá, y estamos haciendo muchísimas cosas por nuestros barrios.

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María siempre vivió en La Matanza, se mudó a distintos barrios hasta que se instaló definitivamente en González Catán. Tiene 56 años y es peluquera, a diferencia de muchos de sus compañerxs ella no se suma a Barrios de Pie por una necesidad laboral.

-Yo tenía mi peluquería y veía que siempre había muchas mujeres en el local de la organización. Quería enseñarles a esas mujeres un oficio, en ese momento por hacer una trenza o la tintura te ganabas $50. Así que me acerqué para enseñarles un oficio y que puedan tener una salida laboral.

Hace seis años de eso. Nunca se imaginó que iba a terminar militando, mucho menos coordinando toda una zona de La Matanza. Se encarga de organizar varios micro emprendimientos, cooperativas y a la zona en general. Dice que el trabajo que hacen en la organización es importante porque refleja todas las necesidades de los barrios.

-Muchas veces no llegan los problemas que tenemos nosotros, siempre escuchamos lo que pasa en la Capital Federal o en los centros pero en nuestros barrios hay un montón de problemas que son ignorados por el Estado y que por lo tanto nadie resuelve. Nosotros somos los que tenemos que mostrar qué es lo que pasa.

Para María las organizaciones sociales tienen una gran composición femenina porque las mujeres son más combativas. Cuando ven que el trabajo del hombre escasea, que la plata ya no alcanza, salen a buscar alternativas, salen a buscar el manguito para pagar la luz, para comprarle zapatos a lxs nenxs. Igual advierte que las cosas están empezando a cambiar, el hombre que antes compraba un poquito de pintura, de cemento para salir a hacer changas ya no tiene esa posibilidad. Cada vez hay más varones pero sobre todo jóvenes que se anotan en las cooperativas porque el mercado laboral los rechaza, no importa que tengan los estudios secundarios completos: por portación de cara no los toman.

-Acá se sienten bien los chicos, mal que mal les damos contención, los entendemos.- una compañera la viene a buscar, algunos diputados y diputadas van a bajar del recinto para contar cómo fue la presentación del proyecto de la Ley de Emergencia Alimentaria. Me mira y se despide con algo de resignación.- No sé lo que piensa este gobierno, cada vez está peor.

El guiso se empieza a repartir y hay platos para todxs lxs cooperativistas, los diputados y diputadas prueban un poco mientras los graban cámaras y les hacen notas. Queda esperar y seguir ganando las calles, para que el proyecto que se gestó en las ollas de los comedores, en el trabajo de las mujeres que van de copa de leche en copa de leche midiendo y pesando a los pibitxs de los barrios, sea ley y el Estado empiece a poner los ojos donde estas mujeres ponen los pies todos los días.

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