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HOY SOY SEMILLA EN LA VOZ DE MILES

Por Agustina Garderes

Me usaron, me dañaron, me maltrataron, me torturaron, me violaron, como basura me dejaron. Lloré, grite, pedí por favor que no siguieran, y mis gritos fueron en vano. Y de repente, cuando sentía que ya nada podía hacer, cuando creí que era lo que merecía porque una sociedad me condenaba, en mi cuerpo encontré la paz. Y ese silencio que me hacía doler los oídos cesó y calmó mi miedo. Y esa opresión en el pecho se convirtió en un suspiro y largo. Y el cemento, la zanja, el descampado, dejaron de sentirse tan fríos. Y en algún momento, empecé a sentirme de nuevo los latidos, mi voz empezó a retumbar por cada calle de la ciudad. Los pasos de miles sonaban cada vez mas cerca de mí, como si los caminara. Y cuando quise darme cuenta, de mi brotaron millones de raíces, que rajaban el suelo y se hacian ver. Que destruían cualquier estructura por más fuerte que sea. A mi me arrebataron la voz, pero hoy soy semilla en la voz de miles. Creyeron que cuanto mas hondo cavaran, más rápido llegaría el olvido de mi nombre, de mi cara, de mi voz, de mi lucha, pero se equivocaron. Porque cuando la tierra tocó mi cuerpo, inevitable fue florecer en cada marcha, en cada ley aprobada y en todas las que faltan, en cada compañera, en cada rincón de cada calle. Inevitable es que una semilla no se convierta en un árbol fuerte, si en cada mateada mi imagen vive, para jamás abandonar nuestra bandera. La iglesia y el Estado quisieron adoctrinarme y permitieron a una bestia llevarse mi esencia, quisieron que sea flor marchita, que mi familia se conformara con la triste noticia con pocas explicaciones, muchos sospechosos, y poca justicia y condena. Quisieron enterrarme bajo el suelo del machismo, del patriarcado, de una justicia inoperante y de medios de comunicación que decidieron mirar para otro lado, pero no sabían que era semilla de miles, que no dejan descansar su lucha ni se duermen bajo mi sombra y la de tantas que apagaron.

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